POLÍTICA
12/09/2020 09:55 CEST

Máster en Celaá

Así es la ministra de Educación, en el ojo del huracán político por la vuelta al cole.

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Celaá

Se apagan las luces. Sesión doble. La lleva su madre al cine. Y le fascinan las películas en las que sale una radiante actriz llamada... Katherine Hepburn. Su intérprete favorita para siempre. Esa mezcla de mujer moderna, independiente, poderosa, estilosa, con personalidad y voz propia. Un espejo en el que mirarse. 

La joven Isabel no ha perdido esa pasión por el cine. Pero hoy toda España la conoce por su apellido Celaá. Es la ministra de Educación y Formación Profesional en la vuelta al cole más complicada en décadas con la amenaza del coronavirus y en plena segunda ola de esa pandemia que ha transformado al mundo en escenario de una dramática y cuasi distópica película.

Celaá (Bilbao, 1949) se ha convertido en objeto de duras críticas por parte de algunas comunidades, de sectores educativos, de la oposición y hasta de sus socios de Gobierno de Unidas Podemos, que la han acusado de falta de liderazgo. Ella no ha alzado la voz de su comedido y correcto tono, pero en su entorno encuentran muy injustas esas afirmaciones y entienden que se trata de una operación de la derecha para cargarle con las culpas de algunas comunidades que no han hecho los deberes.

Desde su departamento recuerdan que las competencias están transferidas y que la ministra desde el primer momento ha trabajado con planes y propuestas, que al final han terminado asumiendo las autonomías. En el círculo de Celaá tampoco han entendido bien por qué UP filtró aquellas declaraciones contra la ministra.

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Celaá, en el Senado

Pero, ¿cómo es Celaá? ¿Cómo ha pasado la pandemia? ¿Qué dicen de ella? La ministra de Educación llegó al Gobierno de Pedro Sánchez después de la moción de censura y tras haberse bregado durante años en la política autonómica vasca. Además, fue un importante apoyo para el actual presidente durante la cruenta batalla interna del Comité Federal del 1 de octubre de 2016.

Todo el mundo se acuerda de aquella “única autoridad” que proclamó la sevillana Verónica Pérez en las puertas de la calle Ferraz ante toda España en directo y su intento fracasado de asaltar la sede. Estuvo dos horas sentada en el hall del partido. Perdió aquella batalla… con Celaá en frente. La actual ministra era la presidenta de la Comisión de Garantías y placó al ejército del sur desde esa posición no admitiendo esa supuesta legitimidad de la sevillana. Dura como una roca, profunda en sus convicciones.

En su equipo consideran injustas las críticas de falta de coordinación y lo ven como una operación de la derecha

Para muchos, Celáa tiene esa imagen de mujer distante, casi fría, de carácter vasco. Pero según confiesan en su equipo “tiene un sentido del humor extraordinario” en la intimidad. “Es muy cercana en la distancia corta, muy divertida”, desvela una persona de su máxima confianza en el Ministerio. Eso sí, en público no expresa mucho sus sentimientos personales, se los guarda.

Todo esto tiene que ver también con cómo llegó a la política, a la que desembarcó a finales de los ochenta como jefa de gabinete del entonces consejero vasco de Educación, Universidades e Investigación, José Ramón Recalde, que fue víctima de un atentado de ETA. Duras historias que ha sufrido en persona, un dolor enorme sintió con el asesinato por parte de la banda terrorista de Fernando Buesa, de quien fue viceconsejera.

Tiene fama de fría y distante, pero en las distancias cortas es divertida y con sentido del humor

Ella se tuvo que acostumbrar durante estos durísimos años en Euskadi a cambiar de itinerario para desplazarse en coche a su puesto de trabajo. Y con la llegada de Patxi López a la Lehendakaritza se materializaba su primer gran puesto en política: consejera de Educación. El propio López, en conversación con El HuffPost, habla así de ella: “Solvente en la gestión, muy sólida en política y muy arraigada políticamente en la izquierda”. “Es muy peleona para defender lo que cree que es justo y conseguir arrimar el ascua a su sardina. Absolutamente leal a las ideas y las personas”, resume.

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Celaá, en una imagen de archivo

Todos los que han trabajado con ella repiten una y otra vez que es una “apasionada” de la Educación. Ella la entiende, confiesan desde su entorno, como un “motor de transformación de la sociedad” y también “del progreso económico”. Y, además, le obsesiona la igualdad. Es “tremendamente sensible con las personas con más dificultades y con los alumnos con más problemas para el acceso a la educación”.

Cuando se cortaron las clases y luego se decretó el confinamiento, tenía una especial preocupación por los niños con problemas para una educación online y para conectarse. “Movió cielo y tierra”, dicen desde su equipo, para que hubiera programas educativos a través de TVE y se repartieran ordenadores.

Su madre falleció durante el confinamiento y no pudo ir a Bilbao al funeral

“Siempre está dándole vueltas a la cabeza”, confiesan desde su equipo: “Se adelanta, tiene mucha experiencia política”. Por eso en Educación les duelen las quejas por esa supuesta falta de coordinación y dicen que sólo hay que ir a la hemeroteca para ver cómo Celaá ya hablaba desde hace meses de los escenarios de la vuelta al cole.

Unos meses muy duros políticamente y también personalmente. Aunque no le gusta hablar de su vida privada y familiar, en una entrevista en RNE la ministra ha confesado que su madre murió durante el confinamiento y ni siquiera pudo ir a Bilbao a despedirla. Eran días de encierro, de quince horas de trabajo diario y en los que andaba por casa para mantenerse físicamente, ya que no podía ir a caminar a la calle o al monte, una de las cosas que más le gusta.

En Celaá se respira también un aire anglosajón. Es Licenciada en Derecho y en Filosofía y Letras por la Especialidad en Filología inglesa y es catedrática numeraria de Bachillerato en Inglés. En sus momentos más íntimos le encanta zambullirse en obras poéticas de autores en este idioma, una política que disfruta con las palabras.

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Celaá y los Javis

Ese perfil docente y de profesora no se lo quita ni en el trabajo. No es de dar gritos, pero, como confiesan en su equipo, si tiene que regañar, es como el maestro que no levanta la voz pero te deja hecho polvo y te pone las pilas al instante. Siempre con formas exquisitas y con un “buenos días” en la boca. Algo que debería parecer normal, pero que no lo es tanto entre los altos políticos en los ministerios y centros de poder. Unas formas que se notan hasta cuando tiene que llamar fuera del horario laboral y lo primero que hace es pedir disculpas desde el otro lado del teléfono. Eso sí, “es muy autoexigente y exige mucho a los demás”.

Es de fuertes convicciones progresistas y de partido y le obsesiona la educación como vehículo para progresar

Desde la derecha se ha intentado también dibujar un personaje altivo y de prototipo de gauche divine, pero los suyos hablan de “un compromiso muy grande con su partido y de servicio público”. Una persona que la conoce mucho indica: “Es muy progresista, de firmes convicciones socialistas, tiene mucha sensibilidad por la igualdad y cree que la educación es lo único que puede sacar a las personas desfavorecidas de la situación y permite el progreso”. Ella también cree que debe estar enfocada al empleo y tiene muy buena relación con algunos grandes empresarios como José Ignacio Goirigolzarri y Antonio Garamendi.

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Celaá, Carmen Calvo, Magdalena Valerio, Arancha González Laya, Begoña Gómez y Carolina Darias, en el 8-M

En el Gobierno que salió tras la moción ella ocupó también el puesto de portavoz del Gobierno, aunque recibió críticas internas al entender que se necesitaba más colmillo para la mesa de la rueda de prensa en La Moncloa. Con el nuevo Ejecutivo de coalición, ese puesto pasó a María Jesús Montero, de formas más directas y con muy buena relación con Unidas Podemos.

Eso no significa que se erosionase la relación con Pedro Sánchez, que es, según fuentes gubernamentales, buena, directa y cercana. Ella ha confesado en la intimidad que aquellos meses del Gobierno en funciones fueron muy duros, en los que había que informar de Consejos de Ministros en los que apenas se podían hacer cosas. La Junta Electoral Central la multó con 2.200 euros al entender que lanzó mensajes electoralistas en aquellas ruedas de prensa antes de las elecciones del 10-N. Dentro del gabinete, Celáa hace mucha piña con Fernando Grande-Marlaska (Interior), además de llevarse muy bien con la vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera. No se le conoce ningún rival dentro. Se desfoga más en el Congreso contra la otra bancada.

Esta es la primera clase del Máster en Celaá (vía online).

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