INTERNACIONAL
21/04/2020 07:09 CEST | Actualizado 23/04/2020 14:53 CEST

Islandia: un caso único en el mundo que permitirá desvelar las incógnitas del coronavirus

Los test masivos son un punto fuerte, pero tal vez la clave esté en la genética. Tener una población tremendamente homogénea y bien estudiada juega a su favor.

GETTY IMAGES
Unos turistas pasean por Reikiavik, capital de Islandia, el 3 de abril. Las autoridades han prohibido reuniones de más de 20 personas y han cerrado algunos establecimientos, pero no han decretado un confinamiento total.

Con una población similar a la de Albacete, Islandia se ha convertido estos días en laboratorio de investigación del coronavirus. Pero la reducida población del país (unos 360.000 habitantes) no es el principal factor a tener en cuenta. 

Con datos del 17 de abril, Islandia ha registrado 1.739 casos de coronavirus y 8 muertes, unas cifras muy bajas que contrastan con (y se deben a) la elevada cantidad de test que están realizando. Se calcula que han testado a aproximadamente el 10% de la población, una cantidad que quintuplica la tasa de test realizados en España, pero también en Alemania, uno de los países europeos que mejor ha gestionado esta crisis.

De nuevo, el factor poblacional es importante, pero hay más. Islandia es sede de la empresa biofarmacéutica DeCODE Genetics, que desde hace más de dos décadas lidera el ámbito de los estudios genéticos de población y que ahora ofrece a todos los islandeses hacerse pruebas de coronavirus de forma voluntaria y gratuita sin necesidad de presentar síntomas.  

Para Kári Stefánsson, fundador de la empresa, la estrategia islandesa frente al coronavirus no tiene mayor misterio. “Hemos hecho más test que nadie, hemos seguido un rastreo agresivo de los contactos de los infectados y los hemos puesto en cuarentena”, explica Stefánsson en una entrevista con TRT World. Además de atajar de raíz la epidemia en su país, estas pruebas preliminares les han permitido saber que aproximadamente el 50% de los positivos no mostraban síntomas, al menos cuando se les realizó el test. Pero estos son sólo los datos más superficiales.

Saben de dónde procede cada infección en el país

La empresa islandesa ha sido capaz de rastrear de dónde procede cada contagio en la isla y ha identificado cuarenta cepas diferentes del virus. Es lo que se llama “un estudio genotipado del coronavirus”, explica el genetista español Juan José Tellería, profesor en la Universidad de Valladolid y buen conocedor del proyecto nórdico.

“Desde que nació en Wuhan hasta hoy se han ido produciendo pequeñas mutaciones en el virus que dan lugar a distintas familias”, señala Tellería, y lo que está haciendo DeCODE es “estudiar primero las variantes de esos virus en Islandia, ver a qué cepa pertenecen y de esa manera identificar de qué zona del mundo proviene ese virus”, afirma. Eso por un lado. 

Qué papel juegan los genes en el COVID-19

Por otro, “su intención es cruzar esos datos de las cepas con los de los pacientes y su evolución, por ver si el diferente desarrollo de la enfermedad entre pacientes tiene un origen genético, ya sea por la genética del paciente, del coronavirus o por una relación entre ambas”, añade. En otras palabras: el proyecto pretende averiguar qué mecanismos emplea el virus para actuar, y si los genes tienen un papel específico en el hecho de que en unos pacientes el COVID-19 sea sumamente letal y, en otros, apenas se manifieste.  

Lo que hace tan prometedora a esta iniciativa son las condiciones de base con las que cuentan Islandia —una población reducida y muy estable genéticamente— y la empresa DeCODE, que tiene estudiado el genoma de casi un tercio de los habitantes. “Que yo sepa, es un caso absolutamente único en el mundo; no hay ninguna experiencia similar”, apunta Tellería.

Casi todos los habitantes son hijos, nietos y bisnietos de la gente que ya vivía en la isla hace cientos de años

“Genéticamente, es una población muy homogénea, porque casi todos son hijos, nietos y bisnietos de la gente que ya vivía en la isla hace cientos de años, así que se pueden establecer las redes familiares entre casi todos los ciudadanos del país”, señala. Además, “es una población prácticamente cerrada, porque ha habido muy poca inmigración”, añade.

Estudios genéticos para combatir enfermedades

Lo que ha hecho DeCODE a lo largo de los años es aprovechar esa “baja variabilidad genética” para “identificar factores de riesgo en enfermedades comunes como la hipercolesterolemia, enfermedades cardíacas, asma o alergias”, enumera Juan José Tellería. El hecho de tener una población tan homogénea no les da todo el trabajo hecho, ni mucho menos, pero sí les facilita algo la tarea. “Ten en cuenta que si se compara el genoma de dos individuos cualquiera hay tres millones de diferencias, así que es muy complejo determinar qué genes son responsables de determinados rasgos”, asevera el experto.

Esta ventaja genética, sumada a una buena financiación, ha permitido a DeCODE “estudiar y controlar una cantidad ingente de información” procedente de estudios genéticos para los que se han ofrecido miles de ciudadanos islandeses, cuya historia clínica también posee la empresa. Con esto, “pueden cruzar millones de datos que les permiten identificar variantes genéticas relacionadas con patologías comunes”, aclara Tellería.

Si algo caracteriza a los mediterráneos, es la heterogeneidad genética

El genetista no disimula su fascinación por las investigaciones islandesas —“el caso de DeCODE se estudia en la Universidad”—, pero por otro lado reconoce que un experimento similar sería imposible en España. “La población mediterránea es tremendamente heterogénea, porque el Mediterráneo ha sido durante más de mil años la autopista de la Antigüedad”, ilustra. “Si algo nos caracteriza, es la heterogeneidad genética”. 

Asimismo, en España hay muy pocos estudios del genoma realizados. “Se hacen sólo con utilidad clínica”, señala Tellería, es decir, sólo a pacientes en los que se busca una mutación concreta con una finalidad médica. 

En cualquier caso, si la iniciativa islandesa obtiene resultados en el futuro, los mediterráneos (y el resto del mundo) también saldremos beneficiados. “Sin duda”, corrobora Tellería: “Cruzar los datos del genoma del virus con el de los pacientes supone poder averiguar cómo interactúan el virus y el huésped, y eso es universal”.

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