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27/02/2021 09:32 CET | Actualizado 27/02/2021 09:32 CET

Joe Biden y Mitt Romney proponen una renta básica universal para los niños

La pandemia ha convertido esta idea, que muchos consideraban interesante pero poco realista, en una necesidad.

MediaNews Group/Reading Eagle via Getty Images
Una profesora de preescolar da alimentos a unos niños.

Mientras los republicanos siguen enzarzados en una guerra civil que enfrenta a los seguidores de Trump con los que desean romper con él, uno de los políticos que pertenecen a este segundo grupo, Mitt Romney, senador por Utah, antiguo gobernador de Massachusetts y candidato a la presidencia, intenta hacer algo positivo por el país proponiendo una renta básica universal para los niños. 

Curiosamente, Joe Biden ha incluido una propuesta parecida en su paquete de medidas de combate contra la crisis causada por la enfermedad de la covid.  Que dos políticos de signo opuesto tengan planes semejantes y que estos consistan en implantar una renta básica universal, aunque sea limitada a un sector de la población, es una noticia de interés.

Hasta ahora, la idea de implantar una renta básica universal, o unos ingresos garantizados por el Estado para todos los ciudadanos, independientemente de su situación laboral, se había considerado polémica. Mientras que unos la veían como una manera de evitar un cierto malestar social en un mundo en el que, debido a la digitalización, cada vez hay menos puestos de trabajo, otros la contemplaban como un desincentivo al trabajo. En general, la izquierda era más favorable a la renta básica universal que la derecha, aunque esta idea tenía seguidores en ambos lados del espectro político. 

La pandemia ha convertido lo que muchos consideraban una idea interesante pero poco realista en una necesidad

La pandemia ha convertido lo que muchos consideraban una idea interesante pero poco realista en una necesidad. En estos momentos, se han pronunciado a favor de esta idea desde el Foro Económico Mundial hasta el Papa Francisco, pasando por Bill Gates, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y Elon Musk, empresarios que son muy conscientes de que la precariedad laboral va a seguir aumentando. 

Los beneficios no pueden estar basados en el empleo cuando cada vez va a haber menos personas que tengan un trabajo estable a tiempo completo con derecho a prestación por desempleo. Estos empresarios creen que es importante desarrollar una prosperidad sostenible. Al fin y al cabo, cuanta menos pobreza haya, mejor se venderán los productos de sus compañías. 

Los dos paquetes de medidas contra la crisis que se han aprobado en Estados Unidos incluyen desembolsos directos e incondicionales a los ciudadanos, lo que constituye una especie de renta básica universal transitoria. Esto se ha hecho sin grandes desacuerdos entre demócratas y republicanos, que solamente debatieron las cantidades a repartir, no el hecho de proporcionar dinero sin exigir justificaciones.

Biden propone dar entre 250 y 300 dólares al mes por cada niño a las familias con ingresos anuales inferiores 150.000 dólares

El tercer paquete, que está preparando Biden ahora, incluye, además de otro desembolso general de este tipo, dinero dedicado a combatir la pobreza infantil, que es bastante más alta en EEUU que en otros países avanzados. En concreto, Biden propone dar entre 250 y 300 dólares al mes por cada niño a las familias con unos ingresos anuales inferiores a los 150.000 dólares. Este programa de momento tendría una duración de un año y se financiaría con el dinero del paquete de medidas, aunque no se descarta intentar hacerlo permanente.

El plan propuesto por Romney es más ambicioso, ya que proporcionaría entre 250 y 350 dólares al mes por niño a las familias con ingresos anuales inferiores a los 400.000 dólares. A diferencia de la propuesta de Biden, este programa sí sería permanente.

Este programa se financiaría con la cancelación de otros programas existentes que dan ayuda a las familias necesitadas y con la eliminación de ciertas desgravaciones en la declaración de la renta que afectan a familias más acomodadas. En general, los que han estudiado esta propuesta a fondo creen que sería un mejor uso del dinero que ya se está gastando y significaría un avance importante para los niños. 

La escritora Leah Libresco Sargeant, autora de diversos libros y artículos sobre religión, alabó los planes de Romney y de Biden, en un artículo publicado en The New York Times. En su opinión, estos programas ayudarían a los niños, dignificarían a las familias y fortalecerían a la comunidad, creando una sociedad más sana y más productiva. Por eso, cree que no deben considerarse como una concesión o un regalo, sino como una inversión de capital.

Como indican los periodistas especializados en economía y desarrollo personal Claire Cain Miller y Neil Irwin en otro artículo del The New York Times, los beneficios de sacar a los niños de la pobreza son numerosos e incluyen niveles más altos de salud, educación, empleo y contribuciones a la sociedad al llegar a la edad adulta.  

Parece que la renta básica universal para los niños atrae al sector religioso. No es coincidencia que Romney sea un mormón muy devoto y bien considerado por la jerarquía de su iglesia. Romney, que fue el único republicano que votó a favor del impeachment de Trump en los dos juicios, declaró entonces haberlo hecho por razones de conciencia relacionadas con su fe: la culpabilidad de Trump estaba clara y no podía mentir al respecto.

Por su parte, Biden, católico practicante, tiene muy buenas relaciones con el Papa Francisco. Las propuestas de Romney y Biden, cuentan, pues, con el apoyo implícito de estas importantes instituciones religiosas, lo que ayuda a la hora de venderlas al público americano, que es bastante conservador.

No se sabe lo que va a pasar con estas dos propuestas, si se van a aprobar en su estado actual, modificadas o combinadas. Lo que está claro es que la pandemia ha dejado al descubierto las profundas deficiencias del sistema económico y dado lugar a un marcado interés por la renta básica universal, que ha dejado de verse como una utopía y empezado a contemplarse como un imperativo práctico y moral.

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