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12/10/2019 09:28 CEST | Actualizado 12/10/2019 09:28 CEST

'Joker', ¿una película que promueve la violencia?

El personaje principal parecería no tener otra opción que volverse un criminal.

Pocas películas en los años recientes han generado tanta controversia como Joker. Es más, en una época dominada por el streaming y el Internet, parecía que las películas habían perdido la capacidad de ser el centro de ser el tema de conversación, a menos que estuviéramos hablando de superhéroes. Y bueno, allí está el detalle, en teoría Joker es una película de superhéroes, pero la realidad es que Joker es una película de superhéroes que no es una película de superhéroes.

De hecho, Joker es un caballo de Troya en el género de superhéroes, una película oscura, subversiva, violenta, revolucionaria incluso, envuelta en el paquete de uno de los villanos más populares del género, si no es que el más popular. Joker es en realidad una especie de película de arte que reúne influencias de películas tan clásicas e icónicas como Taxi Driver y The king of comedy, ambas de Scorsese; Network, de Sidney Lumet y A face in the crowd, de Elia Kazan, en una ominosa mezcla de géneros que se convierte, entre otras cosas, en una denuncia del populismo en la era Trump-Brexit, del capitalismo salvaje y del reinado del 1%. Sí, Joker es todo eso y más.

¿Es una obra maestra? No sé. El tiempo lo dirá. Pero definitivamente es una de las películas más importantes del año. En algún lugar se mencionaba que Joker se convertía para los actores en algo así, como el nuevo Hamlet, y se espera que por lo menos Joaquin Phoenix compita en la categoría de mejor actor, e incluso que pueda llegar a ganar. En uno de los casos claros de que el cine es muchas veces igual “cine de actor” que “cine de autor”, Joker sería imposible sin la actuación delirante, compasiva, siniestra, empática, desesperada, lunática y conmovedora de Joaquin Phoenix. 

¿Y de qué va la película? Sin caer en spoilers, Joker es una historia de origen del clásico villano de Batman, en una película que casi no tiene nada que ver con Batman. De hecho Batman ni siquiera se menciona en la historia, y esta película puede verse como una historia separada del universo de los cómics. Así lo quisieron su director y su actor al contar la historia de un perdedor radical, de un marginado, como millones, que no ha tenido ninguna oportunidad y cuyo destino no le importa a nadie. Es la historia de cómo se crea un villano, un terrorista. Y es aquí donde la película es más subversiva: el personaje principal parecería no tener otra opción que volverse un criminal para no ser aplastado por una sociedad no sólo indiferente sino activamente hostil.

Arthur Fleck es un hombre fracasado con sueños de ser stand up comedian, que se tiene que dedicar a ser payaso en eventos, y la película comienza con una paliza que le propinan unos truhanes. Fleck apenas tiene dinero para vivir y mantener a su madre enferma y manipuladora (Frances Conroy, en una actuación muy cliché). Ecos de Psicosis. Fleck sueña con estar en el programa de Murray Franklin, un Robert De Niro muy en Robert De Niro, pero efectivo. 

Es interesante que una película producida en el corazón del sistema capitalista mundial sea una crítica tan feroz y condenatoria del sistema económico actual.

Aquí, al comienzo, la película es casi un remake de el clásico de Scorsese, The king of comedy. El planteamiento es idéntico, en esa película De Niro interpretaba a Rupert Pupkin, aspirante a  stand up comedian fracasado y obsesionado con salir en el programa de Jerry Langford (Jerry Lewis). La obsesión llega a tal grado que lo secuestra y el rescate es a cambio de que Pupkin pueda hacer su stand up en el programa de Langford.

Aunque en un comienzo la similitud podría ser irritante para la muy poca parte de la audiencia que conozca esa película de Scorsese, Todd Phillips la toma apenas como un punto de partida para sumergirnos en un un mundo mucho más brutal y despiadado que el de The king of comedy. La crítica de la película de Scorsese a la obsesión con los medios se dispara en la de Phillips a un retrato de un mundo infernal, en el que nada funciona. En la película de Scorsese, De Niro comienza loco, en la película de Phillips el mundo está loco y vuelve loco al protagonista.

En The king of comedy Scorsese no puede evitar a ver a su personaje principal con cierto desdén, mientras que Todd Phillips y Joaquin Phoenix buscan activamente la empatía con el protagonista. De aquí las acusaciones de que la película es irresponsable y que promueve la violencia al causar empatía con un criminal, asesino de masas. Es un argumento fascinante y allí radica la brillantez de la película. ¿O la perversidad? ¿El cinismo? ¿La apología? ¿La tragedia?. De hecho, y sin querer ahuyentar a nadie con pesadas alusiones literarias, por momentos la película nos recuerda al atormentado criminal de Dostoyevsky en Crimén y castigo, Rodión Raskólnikov, al sumergirnos tan de lleno en las motivaciones de una mente criminal. Dicho sea de paso, la mente criminal de una especie de revolucionario frustrado dispuesto a todo para tomarse la justicia por su propia mano. Cabe destacar que si bien el intento de Raskólnikov se frustra en la novela, unas décadas más tarde, Lenin, Trotsky y Stalin se convertirían en unos Raskólnikovs en la vida real que llevarían a cabo su utopía sangrienta, asesinando no a una desdichada usurera y a su hermana, sino a millones de personas.

He allí la carga explosiva de este Joker y que cualquiera que se sienta marginado, de derecha, de izquierda, de cualquier religión, de pronto pudiera tomar al personaje como a su héroe. ¿La violencia en la película provoca violencia? Sería un debate interminable.

Lo que sí es interesante es que una película producida en el corazón del sistema capitalista mundial, en el género comercial más popular que es el cine de superhéroes, sea una crítica tan feroz y condenatoria del sistema económico actual y de los personajes que mueven los hilos. Una de las escenas inolvidables de la película, aunque poco sutil pero no por eso menos efectiva, es la función de gala para los viejos millonarios del clásico de Chaplin sobre la pobreza, Tiempos modernos. La oligarquía ríe en el cine y se conmueve con las desgracias del legendario personaje de Chaplin, e ignoran la pobreza y el desastre afuera del cine. Y aunque la película ocurra en los ochentas, es claro que las referencias son actuales.

 

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