BLOGS
31/07/2019 07:20 CEST | Actualizado 31/07/2019 07:20 CEST

La ansiedad no es un invento del demonio

Tero Vesalainen via Getty Images

La ansiedad no es un invento del demonio. Es la forma en la que mente y cuerpo reaccionan para salir vivos de un peligro. 

Lleva siendo así millones de años y viendo que seguimos en la Tierra como especie humana, seguirá siendo así muchos años más. 

Lo malo de la ansiedad es experimentarla ante un peligro que no es real, que no existe. 

Cuando esto sucede, tenemos claro que el peligro está en nuestra mente. Vivimos en una película mental de miedo reproduciéndose en bucle y no salimos de ella. No nos damos cuenta de que se puede parar el rodaje de esa película y posicionarnos en una película más divertida. 

Es fundamental que buceemos por nuestro Netflix particular. 

En el momento en el que nuestro cuerpo empieza a manifestar los síntomas de la ansiedad tenemos que poner atención en qué está pasando por nuestra mente. 

Vale, es cierto que en nuestra mente hay muchas cosas dando vueltas y es complicado enumerar todo lo que hay en nuestra cabecita, pero a ciencia cierta, en el momento en el que se manifiesta la ansiedad, hay un pensamiento dando vueltas con mucha intensidad. 

Y no sólo un pensamiento, hay una película entera que está siendo rodada con mucha intensidad. 

Por ejemplo, el pensamiento podría ser: “tengo miedo a ir a la reunión porque se reirán de mí cuando me toque hablar.”

Ahí tenemos un pensamiento negativo que se acompaña de una emoción negativa, el miedo, y que está provocando una sensación física, como puede ser náuseas, taquicardias, mareos… 

La película puede empezar a rodarse con todo lujo de detalles y añadir la burla de los compañeros después, la bronca del jefe por haberlo hecho mal, los clientes que salen despavoridos porque no quieren  trabajar contigo… y así, hasta la décima temporada de Juego de Miedos

Es necesaria una gran dosis de amor propio para reducir la ansiedad.

Una de las peores cosas de sentir miedo, o rabia, o tristeza, es no expresarla. 

En el momento en el que hablas de lo que estás sintiendo te liberas de parte de sus efectos negativos. 

Pero si sientes además vergüenza de tus propios pensamientos, te sientes culpable por no dominar la situación o te juzgas por no ser una persona perfecta que hace frente con soltura a cualquier situación, te estás haciendo más daño. 

Es necesaria una gran dosis de amor propio para reducir la ansiedad. 

La mayoría de las veces no hablamos de lo que sentimos porque no queremos ser criticados y juzgados por los demás. 

Quizás nos dijeron en la infancia que no estaba bien mostrar la debilidad, o que la gente supiera cuáles eran tus fantasmas. Quizás nos exigieron un nivel de perfección que todavía no hemos alcanzado (y no alcanzaremos), y nos mantenemos en silencio con todo ese cóctel de miedos luchando en nuestro interior por salir. 

Es nuestro cuerpo el que nos pide a gritos que terminemos con esa película mental de miedo. 

Creer que el cuerpo se ha vuelto loco y por eso sufrimos los síntomas de la ansiedad es poner el problema donde no está. 

El cuerpo es nuestro aliado. No puede hablar de otra forma, y nos avisa a través del dolor y el malestar de que hay demasiado estrés en nuestra mente. 

Nos dice que cuando bajemos la guardia y aceptemos que la vida es impredeciblemente interesante, todo será más fácil. 

La gran solución es buscar lo idéntico en lo diferente. 

Si de verdad quieres hacer algo por ti, en este momento tienes que buscar lo idéntico en lo diferente. 

Es decir, tienes que ser capaz de encontrar los elementos en común que hay entre lo que piensas y sientes en el momento del ataque de ansiedad y una situación previa, en el que de verdad viviste un peligro real. 

Tu mente ha identificado que hay elementos en común y tu cuerpo reacciona ante esos pensamientos. 

Es como si hoy me encontrase en la sala de reuniones con un hombre de traje gris, corbata y puro en la boca, muy semejante al hombre de traje gris, corbata y puro en la boca que abusó de mí en el colegio. 

Si mi reacción física ante el hombre que me encuentro hoy es exagerada e incontrolable quizás sea porque se han activado unas alarmas del pasado. 

Si en ese momento en el que empiezo a sentir mareos o se acelera mi respiración, me diese cuenta de que el peligro no es real porque ese hombre no va a abusar de mí (incluso puedo darle una patada donde más le duele) todo cambiaría. 

Lo malo de la ansiedad es experimentarla ante un peligro que no es real, que no existe.

El miedo que siento hoy dejará de tener fuerza porque hoy tengo herramientas para salvar mi vida que quizás no tuve en mi infancia. 

Sé que es un proceso que requiere de mucha atención pero cuanto más lo practicas, más poder te devuelve. 

Todos hemos vivido experiencias terroríficas en nuestra infancia, todos nos hemos sentido inseguros en algún momento y sin saber qué hacer, pero vivir en esa película de miedo por los siglos de los siglos no tiene ningún beneficio. 

Cesar la visualización de películas pasadas aceptando lo vivido y liberando las emociones reprimidas que surgieron, nos pondrá en una mayor predisposición a vivir confiados y sin miedo. 

Y no es que tengas que pensar que la vida va a ser maravillosa cada día de tu vida, pero tampoco te sirve de nada vivir con miedo en estado de alerta permanente. 

Si has llegado hasta este punto de tu vida, tienes muchos más recursos de lo que te crees para salvarte el culo en el caso de que algo malo pase.

Confía en ti y respira.

 

Síguenos también en el Facebook de El HuffPost Blogs

ESPECIAL PUBLICIDAD