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13/06/2019 13:28 CEST | Actualizado 13/06/2019 13:28 CEST

La cabeza de Pablo Casado o Vox

El líder del PP no ha dudado ni un segundo en agarrase al partido de ultraderecha de Abascal para salvar el pellejo.

Agencia EFE
El líder del PP, Pablo Casado. 

Para sobrevivir como líder del PP, Pablo Casado necesita un golpe de efecto de puertas adentro. Entre las bambalinas del partido, los movimientos para sustituirle -que no han cejado desde que se hizo con la Presidencia en unas primarias marcadas por la rivalidad a muerte entre Sáenz de Santamaría y Cospedal- alcanzaron magnitudes sísmicas tras el batacazo de las generales, y solo los frenaría si logra exhibir un poder territorial que opaque la sangría en las urnas.

Más allá de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, del Gobierno de Castilla y León, de Murcia, de Canarias o de Zaragoza, estos días está en juego la cabeza del líder del PP, aunque Pablo Casado está a punto de poder “respirar tranquilo”, tal y como señalan fuentes de su entorno, si se confirman los pactos a dos y tres bandas que se están acabando de concretar. “No es que nos guste Vox, pero no se puede ser líder de la oposición solo con 66 diputados, necesitamos hacer oposición desde gobiernos autonómicos y alcaldías relevantes. Marcar nuestro programa y combatir al Gobierno de Sánchez. Nos jugamos todo”, explica un diputado del equipo más próximo a Pablo Casado.

Ese ‘todo’ significa frenar la rebelión interna que se comenzó a fraguar la noche de las elecciones generales al perder 71 diputados, lo que depende del poder territorial que logre atribuirse el equipo de Casado para sofocarla. Algunos de sus rivales intra muros ocupan ahora despachos en los que se toman más decisiones estratégicas que en el PP y participan en lobbys con notable influencia, capaces de hundir o encumbrar a más de un político. La venganza, ese plato que se sirve frío, está aún por llegar. Algo que los más avezados miembros del equipo de Casado no pierden de vista. Pero al menos, ganar la batalla municipal y autonómica que se traen entre manos, les procuraría oxígeno para una temporada.

‘Todo’ implica también conseguir que Albert Rivera, el archienemigo que pretender ejercer de jefe de la oposición durante esta legislatura, se retrate. “Nuestros negociadores están siendo listos al obligar a Ciudadanos a someterse a su propia contradicción. No les queda otra, se han tenido que conformar con la Presidencia de la Asamblea de Madrid, ya ves tú, y venderlo como una proeza. Lo que demuestra que ni se han comido al PP ni tienen a qué agarrarse”, reflexiona un diputado popular. 

La rentabilidad del acuerdo para Vox en el medio plazo es algo que no entra en los cálculos del actual PP.

Pablo Casado, en cambio, no ha dudado ni un segundo en agarrase al partido de ultraderecha de Santiago Abascal para salvar el pellejo. “Establecimos como un criterio de resistencia la victoria en Madrid”, dicen en el entorno del presidente e insisten en que la diatriba es “Vox o Pablo, así que si tenemos que pactar con Vox para que salgan los números, pues se pacta. La alternativa es PSOE con Podemos, y para eso no nos han votado ni a nosotros ni a Ciudadanos”.

La teoría que manejan en el círculo de Casado es que los votantes de derechas no les perdonarían dejar en manos de la izquierda plazas tan destacadas solo por tener remilgos a ‘blanquear’ al partido de extrema derecha, al que con tanta desconfianza se observa en Europa. Su política es normalizar a la gente de Abascal y Espinosa de los Monteros, contraponiéndolos a la izquierda, como si sus posturas anticonstitucionales estuvieran justificadas con tal de evitar un mal mayor.

El pasado miércoles, el ejemplo del bipartito andaluz que se apoya en Vox para gobernar evidenció la influencia de los ultras en el Gobierno que sostiene. Para aprobar los presupuestos ha arrancado condiciones sobre la violencia intrafamiliar -en lugar de la de género- en el sentido más amplio o para poner en valor el descubrimiento de América, entre otras gestas históricas que buscan alimentar la falacia del imperio que hace tantos siglos fue este país. En línea con esa épica fascista tan reconocible.

“No podemos dejar escapar la posibilidad de gobernar en la comunidad más rica de España ni de arrancar de manos de la izquierda la alcaldía de Madrid”, dice un diputado del equipo de Pablo Casado. “La noche del 26M salimos resistiendo y diciendo: este es el próximo alcalde y esta señora la próxima presidenta de Madrid, y si eso tiene un precio, habrá que pagarlo”, añade la misma fuente.

Casado no ha dudado ni un segundo en agarrase al partido de ultraderecha de Abascal para salvar el pellejo.

La rentabilidad del acuerdo para Vox en el medio plazo es algo que no entra en los cálculos del actual PP, que considera que una vez obtenido el estatus que persiguen, ya verán la manera de capear las exigencias de su socio ultra.  

“Se va a gobernar en más sitios de los que se espera. No nos lo podíamos ni imaginar después del resultado de las generales. Pero ahora están Castilla y León, Murcia, Zaragoza, Málaga, Canarias…”. Lo de menos es el coste para mantener la cabeza de Pablo Casado y su joven equipo en su sitio, que a una parte esencial de la dirección popular les resulta incluso barato. 

 

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