INTERNACIONAL
02/10/2019 18:57 CEST | Actualizado 02/10/2019 19:33 CEST

La Comisión Europea ve avances positivos pero sobre todo problemas en el nuevo plan de Johnson

El 'premier' suspenderá el Parlamento siete días para preparar su agenda legislativa, eliminando una sesión de control al Gobierno

Reuters
Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, durante una rueda de prensa en Berlín, en junio de 2017. 

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, consideró hoy que la propuesta británica para crear un área regulatoria provisional en la isla de Irlanda tiene “avances positivos”, aunque advirtió de “puntos problemáticos” sobre los que se deberá trabajar en los próximos días.

En un comunicado tras su conversación telefónica con el primer ministro británico, el conservador Boris Johnson, Juncker reconoció “avances positivos” en el texto presentado por el Gobierno del Reino Unido, pero apuntó a sus dudas sobre aspectos como “el delicado equilibrio” que protege el Acuerdo de paz del Viernes Santo y las normativas aduaneras.

“La Comisión evaluará ahora el texto legal de forma objetiva, bajo nuestros ya conocidos criterios”, dijo Juncker a Johnson.

Según la Comisión Europea, Juncker valoró la “determinación” mostrada por Johnson para que las conversaciones avancen antes de la próxima cumbre europea del 17 y 18 de octubre.

Además, señaló que el nuevo plan británico supone un avance respecto a las posiciones anteriores en asuntos como el “completo alineamiento regulatorio” para todos los tipos de bienes y el control de aquellos que entren en Irlanda del Norte desde el resto del Reino Unido.

No obstante, el principal punto que genera dudas a Bruselas sigue siendo que el nuevo plan no cumpla todos los objetivos de la polémica salvaguarda pactada entre Londres y Bruselas y que ahora rechaza Johnson.

“Debemos tener una solución legalmente operativa que cumpla con todos los objetivos de la salvaguarda: evitar una frontera dura, preservar la cooperación Norte-Sur y la economía de la isla, y proteger el mercado único europeo y el lugar de Irlanda en el mismo”, destacó Juncker en su conversación con Johnson, según un comunicado de la Comisión.

Debemos tener una solución legalmente operativa que cumpla con todos los objetivos de la salvaguarda: evitar una frontera dura, preservar la cooperación Norte-Sur y la economía de la isla, y proteger el mercado único europeo y el lugar de Irlanda en el mismoJean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea

Lo que ha propuesto Londres

Johnson ha anunciado esta mañana un plan que, defiende, protegerá los “actuales arreglos regulatorios para los agricultores y otras empresas a ambos lados de la frontera” irlandesa. “Al mismo tiempo, permitirá al Reino Unido al completo salir de la Unión Europea, con el control sobre nuestra propia política comercial desde el primer momento”, indicó.

Londres quiere que Irlanda del Norte cumpla con parte de las normas del mercado único comunitario tras el Brexit, pero que abandone la unión aduanera comunitaria, lo que a priori permitiría a la región participar en futuros acuerdos comerciales que firme el Reino Unido con terceros países. Ese arreglo, según el Ejecutivo británico, permite que no se levanten barreras en la frontera con la República de Irlanda, tal como exigen los acuerdos de paz firmados en la región en 1998.

Johnson aspira a lograr un acuerdo de cara al Consejo Europeo del 17 y 18 de octubre, y ya ha señalado que, si no lo consigue, está dispuesto a dejar el bloque sin tratado bilateral. 

Boris trata de ganar tiempo

Mientras tanto, también hoy se ha sabido que el primer ministro británico suspenderá el Parlamento el próximo martes, para reabrirlo el 14 de octubre, cuando Isabel II pronunciará el llamado Discurso de la Reina, que inaugurará el nuevo curso parlamentario, ha informado la BBC.

Esta suspensión da tiempo al Gobierno a preparar su agenda legislativa, que será leída por la soberana en la Cámara de los Comunes en una tradicional ceremonia a la que la monarca acude en carruaje desde el palacio de Buckingham. Normalmente, hay un Discurso de la Reina cada año, pero actualmente no se produce ninguno desde el 21 de junio de 2017, porque la anterior primera ministra, May, quiso un curso parlamentario más largo a fin de negociar la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

El pasado agosto, Boris Johnson decretó una suspensión del Parlamento entre el 10 de septiembre y el 14 de octubre, pero, tras recibir varias demandas, el Tribunal Supremo la declaró ilegal, al considerar que era excesivamente larga y perseguía obtener una ventaja política.

La suspensión provisional decretada ahora, que tiene una duración más habitual, significa que el próximo miércoles no habrá la sesión semanal de preguntas al primer ministro, con la que los diputados controlan la actividad del Gobierno. Tampoco dará tiempo a que la oposición realice a corto plazo más maniobras legislativas a fin de impedir una salida de la UE no negociada en la fecha prevista del 31 de octubre.

En Dublín no son optimistas

El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, también ha informado de que hablará esta noche con su colega británico para analizar su propuesta, aunque de antemano se mostró pesimista sobre la validez de esta solución. Indicó que no ha tenido aún la oportunidad de estudiar con detalle el contenido del documento remitido a Bruselas, si bien adelantó que, por lo que ha visto, “no es prometedor”.

El líder democristiano irlandés señaló que valorará toda la propuesta una vez que la haya leído y haya hablado con Jonhson, con la Comisión Europea y “nuestros socios” comunitarios.

“Lo que puedo decir, por las filtraciones, es que no es prometedor y parece que no sienta las bases para lograr un acuerdo, pero seguiremos hablando”, dijo Varadkar en referencia a la oferta de su colega británico, con la que prevé suprimir la controvertida salvaguarda fronteriza.

Hasta la fecha, el Gobierno irlandés se ha mostrado inflexible respecto a la posibilidad de renegociar la salvaguarda, incluida en el acuerdo que la predecesora de Johnson, Theresa May, firmó con Bruselas el pasado diciembre, pero que fue rechazado por Westminster. Dublín sostiene que esa cláusula (backstop, en inglés) es una garantía legal para evitar el restablecimiento de una frontera dura entre las dos Irlandas tras el Brexit, clave para sus economías y el proceso de paz.

 

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