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25/07/2019 15:34 CEST | Actualizado 25/07/2019 15:43 CEST

La conjura de los necios

Lo esencial, cumplir el mandato de los electores de que las diferentes fuerzas políticas se pusiesen de acuerdo para gobernar, no ha sido la prioridad de ninguna de ellas.

AFP

En la calle, irritación y asombro por la estulticia política. En el hemiciclo, una pasmosa normalidad antes de que comenzara la sesión en la que se votaba ya en serio la posibilidad de formar Gobierno. Como si fuese lo más habitual después de que la ciudadanía haya votado dos veces en los últimos tres meses, que se le obligue a volver a las urnas en octubre.

Hasta este mediodía, en las casas, en el trabajo o en los bares, había dudas sobre si lo que España estaba viendo en vivo y en directo era una representación o la cruda realidad. Cuando Pedro Sánchez se ha subido a las 13:33 horas a la tribuna del hemiciclo para constatar que el bloqueo político se consumaba, se evaporaba la incertidumbre. La inteligencia parece un bien escaso en esta cámara. Sobran dedos para contar neuronas, podría pensar cualquiera ante la tele o el ordenador, boquiabierto ante lo que ha estado viendo y oyendo. Esa es la imagen que se transmite, terriblemente nociva para la buena salud de la democracia.

Lo esencial, cumplir el mandato de los electores de que las diferentes fuerzas políticas se pusiesen de acuerdo para gobernar, no ha sido la prioridad de ninguna de ellas. Evidenciando que la palabra estadista suena grandilocuente para asignarla alegremente. Al margen de la necesaria meritocracia para aspirar a puestos de notable responsabilidad, se han estado echando a suertes ministerios, imponiendo nombres al margen del currículum y la capacitación.

Se han denigrado públicamente carteras tan esenciales para la gente como Sanidad, Igualdad, Vivienda… “¿Es humillante una Vicepresidencia Social?”, ha preguntado Pedro Sánchez a Pablo Iglesias. “Hace falta un Gobierno coherente y cohesionado, no dos Gobiernos de un Gobierno”.

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Los aplausos ensordecedores de la bancada socialista, entraban por un oído y salían por el otro al líder de Podemos. Ya lo hizo una vez, permitiendo que el PP siguiera gobernando a pesar de estar sumido en tremendos casos de corrupción, con los que los medios abrían todos los días. Y lo ha vuelto a hacer. La posibilidad de que Vox tenga esa cartera de Igualdad, tan denostada por el mismo partido que se hace llamar Unidas Podemos, al comenzar el 2020 e imponga retrógradas políticas de género no es ciencia ficción. Alguien tendría que responder por no haberlo evitado, en lugar de protestar cuando ya no haya vuelta atrás.

Muchos de los purgados de Podemos ya señalaban que Iglesias tenía miedo a gobernar y por eso evitó apoyar a Sánchez facilitando un gobierno popular que profundizó en la desigualdad social, provocando un daño irreparable a las clases medias. El argumento se confirma ahora, cuando los vientos ultra que soplan en el mundo occidental amenazan aun más a las clases trabajadoras. “Se han peleado por los sillones”, decía Albert Rivera durante su intervención para a continuación afirmar que “en Andalucía hay Gobierno”. Remarcando la facilidad con que la derecha y la extrema derecha son capaces de cerrar acuerdos.

“Es muy difícil negociar un gobierno de coalición a contrarreloj”, ha justificado Iglesias. Como si se necesitasen años para frenar el avance de fuerzas políticas que amenazan la convivencia y contribuyen a reproducir el ambiente del periodo entreguerras. Mucho tiempo para negociar un gobierno de coalición, para instantes después pedir que se les cedan las competencias en políticas activas en el acto. El espectáculo debe continuar, ahora que las cámaras apuntan. Mientras a los españoles, cuyo futuro está en juego, se les atraganta la comida ante las pantallas. Con Santiago Abascal, a las 14:22h, anticipando lo que sería tenerle de ministro en unos meses.

Se han denigrado públicamente carteras tan esenciales para la gente como Sanidad, Igualdad, Vivienda

 

Y en estas llegó Aitor Esteban (PNV), la excepción a la regla, para dar una clase de negociación a PSOE-Podemos. “Las cosas se han hecho como no se debían hacer. Sánchez tenía que haber buscado más complicidades. Y señor Iglesias, el cielo se conquista de nube en nube. Es una fuerza que no ha estado nunca en un gobierno y ha planteado políticas de rompe y rasga”, decía el diputado vasco.  “Muchas personas están deseando que haya Gobierno. O eso, o la foto de Colón”, añadía Joan Baldoví de Compromís.  

“¿Cuántos meses, cuantos años, la izquierda nos vamos a arrepentir? La gente solo nos verá a la izquierda perder una vez más”. Rufián ha hecho la pregunta que tanta gente se ha hecho en la calle. La conjura de los necios es la respuesta.

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