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04/03/2021 07:13 CET | Actualizado 04/03/2021 10:47 CET

La cuadratura del círculo ante la cuarta ola

No acabamos de salir de la tercera ola de la pandemia y un sector de los llamados expertos nos previene ya de la inminente cuarta ola de la pandemia.

Sergio R Moreno / GTres
Fernando Simón en una rueda de prensa en el Ministerio de Sanidad.

No acabamos de salir de la tercera ola de la pandemia y un sector de los llamados expertos nos previene ya de la inminente cuarta ola de la pandemia, si no logramos mantener las actuales restricciones para lograr una incidencia mínima que nos permita cara al verano aumentar el actual ritmo de vacunación para acercarnos a algo parecido a la inmunidad de rebaño.

En principio, no parece conveniente ni pedagógico que cuando todavía estamos doblegando la tercera ola con mucho esfuerzo, en vez de valorar lo conseguido y dar ánimos para seguir adelante, se pueda concluir que no ha servido de mucho y que inevitablemente hay que prepararse para una cuarta ola igual o peor que la tercera, por causa de las nuevas variantes del virus, sin tener en cuenta la influencia positiva de las vacunas como protección de los sectores más vulnerables. Olvidando con ello que ni el pesimismo es sinónimo de inteligencia, ni el optimismo de ingenuidad.

Para lograr una incidencia mínima de la pandemia, según sus mentores, es preciso consolidar la estrategia de contención y mitigación, manteniendo las restricciones actuales de las comunidades a la movilidad, los horarios y los aforos, en particular, en locales públicos cerrados.

Algo de lo que ellos desconfiaban al inicio de la tercera ola, cuando los calificaban de meros parches destinados al fracaso, frente a su alternativa, casi dogmática, que llamaban de “confinamiento domiciliario drástico y corto en el tiempo, con el objetivo horizonte del covid cero”. Sin embargo, a estas alturas aún no se ha oído, por parte de ninguno de estos expertos, autocrítica alguna a raíz del resultado positivo de las medidas de protección y las restricciones adoptadas desde principios de año, que ellos descalificaron.

Por otra parte, esa estrategia alternativa de confinamiento domiciliario, que nosotros ya habíamos experimentado en la primera ola de marzo de 2020, consiguió lograr al cabo de más tres meses una incidencia mínima, pero a costa de lo que hoy se considera por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), a la luz de la experiencia, que tuvo efectos colaterales indeseables. No solo en la economía, sino en la equidad social, educativa o sanitaria, en el ánimo y la salud mental de la población. La aportación por ejemplo tanto del enclaustramiento domiciliario, como del cierre de las escuelas, tuvo una importancia inapreciable para doblegar aquella ola pandémica.

A continuación, se produjo la desescalada precipitada y desordenada, provocada como consecuencia de la presión del sector turístico, los partidos de la oposición y algunas comunidades autónomas, pero también a causa de la desafortunada proclama propagandística del Gobierno de la inexistente nueva normalidad, todo por salvar unas vacaciones de verano que tampoco existieron.

Una desescalada y un periodo de control, que, a pesar de las medidas coordinación de respuesta temprana, no pudo evitar el efecto rebote a finales de agosto. Es decir, al cabo de apenas dos meses, sobre todo debido a la fragilidad de la atención primaria y de la salud pública en una parte de las comunidades, tanto en el rastreo de los contactos como en los apoyos a las medidas de cuarentena y aislamiento.

Por otro lado, tampoco conviene continuar con el clima pesimista con la vacunación y la inmunidad de rebaño. No se trata de incapacidad del sistema sanitario autonómico y por tanto de la gran mayoría de las comunidades para agilizar su aplicación. Esto lo han demostrado recientemente con la vacunación de la gripe a 14 millones de personas mayores y pacientes de riesgo.

La administración de las vacunas de la covid va a la velocidad de su llegada a España

Hasta ahora, la administración de las vacunas de la covid va a la velocidad de su llegada a España y se completa semanalmente. Se trata, por contra, de la incapacidad de las compañías farmacéuticas para cumplir con sus compromisos de producción y distribución de las vacunas en Europa. Por eso, la Unión Europea exige el cumplimiento de los contratos y los países empobrecidos continúan insistiendo en la suspensión de las patentes para el acceso universal a la vacuna.

La amenaza de la cuarta ola parece vincularse por parte de estos expertos a las comunidades autónomas que, de forma progresiva a la incidencia y a la evolución de su situación sanitaria, han flexibilizado progresivamente sus restricciones en la medida en que han salido de la zona de riesgo extremo, aunque se mantengan aún en situación de emergencia.

Unas comunidades a las que, al igual que al Ministerio de Sanidad se las trata en general con desconfianza, achacándoles injustamente la vara de medir del negacionismo y los incumplimientos del Gobierno de la Comunidad de Madrid, la excepción de la regla. Ni antes ni después de la cresta de la ola ha adoptado medidas restrictivas de la economía, como tampoco antes de fortalecimiento de la salud pública y la atención primaria, salvo algún equipamiento más efectista que efectivo, más allá de las restricciones obligatorias contempladas con carácter general en el decreto del estado de alarma.

Es por eso, que estos expertos argumentan de nuevo que se trata de no volver a cometer los errores que en Navidad nos llevaron a una flexibilización precipitada, cuando todavía no habíamos logrado doblegar por completo la segunda ola con datos de incidencia y saturación hospitalaria similares a los actuales. Vuelven con ello a achacar la misma causa de la precipitación en la desescalada, en este caso para salvar la Navidad, en el surgimiento de la tercera ola.

Lo cierto es que, al igual que hoy, entonces la situación no era homogénea entre los territorios, ni existió una desescalada navideña generalizada como tal. Tan solo se produjo una mínima flexibilización, acotada a unas pocas fechas señaladas, manteniendo las principales medidas del estado de alarma consistentes en la restricción a la movilidad de los cierres perimetrales de las comunidades y las provincias, junto al toque de queda nocturno, así como la restricción en locales y aforos. Lo que sí continuó fue el hecho diferencial de Madrid en época navideña sumado a las habituales compras y reuniones familiares en los domicilios.

Hemos sufrido un mes de febrero con el peor saldo de muertos desde el mes de abril en la primera ola de la pandemia

Sin embargo, hemos sufrido un mes de febrero con el peor saldo de muertos desde el mes de abril en la primera ola de la pandemia. Algo que ha ocurrido además prácticamente en todo el hemisferio occidental, y en particular en Europa y en Estados Unidos, donde las medidas fueron más que menos estrictas. Algunos países aún se encuentran con una alta incidencia y presión hospitalaria, superior incluso a la española. Todo ello remite a algo más que a la relativa flexibilización de las medidas, que quizá tenga que ver también con algunos factores más como la meteorología invernal, con las consiguientes relaciones sociales y familiares.

El coordinador de alertas y emergencias sanitarias, doctor Fernando Simón, ha dicho recientemente que la comisión de salud pública está elaborando un documento sobre medidas coordinadas para la Semana Santa sobre el que se pueda llegar a acuerdos entre las comunidades. Las acciones coordinadas son lo único realista y operativo en un sistema descentralizado.

Algunos responden que solo les vale prolongar el estado de alarma y publicar las medidas en el BOE para hacerlas de obligado cumplimiento, independientemente de si existen mayorías sociales y parlamentarias para ello. Y es que ya se están preparando para disparar sobre el pianista.

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