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17/04/2019 21:14 CEST | Actualizado 17/04/2019 21:43 CEST

La derecha sin apellidos

Agencia EFE

Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos tiene tres nacionalidades (argentina, francesa y española) como tres derechas en las que podría haber elegido militancia. Se decidió por el partido de Pablo Casado porque Ángel Acebes -el ministro del “Ha sido ETA”- le nombró jefa de gabinete cuando era secretario general del PP para que le escribiera discursos y gestionara su agenda. Pero podría haber elegido Ciudadanos, e incluso VOX.

En la formación de Albert Rivera tiene grandes amigos y conocidos con los que compartió firma en el manifiesto Libres e Iguales contra el independentismo catalán. Y entre su voz y la de Abascal no hay una falla cuando se trata de Cataluña. Su discurso y el de Rocío Monasterio en “estas cosas del feminismo” entendido como “una lucha desquiciada” entre hombres y mujeres son perfectamente homologables. Y sus invectivas sobre los “chiringuitos” andaluces y las de Ortega Smith no pueden ser más iguales.

Santiago Abascal ha perdido un gran fichaje. Nadie como ella representó mejor a VOX sin estar formalmente representado en el debate a seis de TVE en el que participaron PSOE, PP, UP, Cs, PNV y ERC. Nadie echó de menos a la ultraderecha en el plató porque Cayetana ocupó su espacio hasta hacerlo incluso propio.

No hay tres derechas, por tanto, sino una. No hay fragmentación, sino siglas distintas que comparten discurso, estrategia y unidad de acción. En Europa, conservadores y liberales huyen como de la peste de la extrema derecha. Aquí, PP y Ciudadanos, no. Lo han demostrado en Andalucía. Volvieron a hacerlo en la foto de Colón. Y repetirán si el 28-A suman mayoría absoluta. Les une mucho más de lo que les separa.

Álvarez de Toledo no dejó títere con cabeza en el debate ni hueco por el que pudiera colarse siquiera Inés Arrimadas. A la número uno por Barcelona de Ciudadanos se le hizo de noche a la espera de poder meter baza entre tanto insulto, desprecio y arrogancia de Cayetana. Y mientras la ministra Montero resultó apabullada y se quedó sin palabras, Arrimadas perdía la sonrisa que ensaya a diario ante las cámaras y se olvidaba de la compostura obligada al llamar despectivamente “chaval” a Gabriel Rufián.

Las formas, en política, hablan tanto como las palabras, y esta vez no fueron las del independentista las que dejaron que desear. En eso Aitor Esteban (PNV) siempre fue el campeón. En el Parlamento y en la televisión. Y al lado de Álvarez de Toledo, el diputado Rufián que tantas tardes de gloria y tinta ha dado al periodismo parlamentario parecía un escolar al que acaban de robar el bocadillo en el patio.

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Pero para hurto, a lo que íbamos, el que la del PP cometió con el acostumbrado protagonismo de Arrimadas, que quedó para apostillar sin más lo que decía su compañera de bloque. 

Resulta que Rivera decidió traerse a Madrid a su jefa de la oposición en Cataluña por su tirón político y mediático, y no sólo no le ha sumado un voto sino que ahora va y le sale una competidora en el mismo bando con más desparpajo y menos complejos.

Algo parecido le ocurrió a la ministra Montero, pues su tocaya de apellido y de nombre Irene (Unidos Podemos) defendió con más soltura y menos enfado el relato y el proyecto de una izquierda que se ha propuesto no responder al exabrupto ni entrar en el cuerpo a cuerpo de la política del insulto y la mentira. Le dio más y mejor Irene Montero a Álvarez de Toledo que la número uno del PSOE por Sevilla. Ambas han sido protagonistas de los mejores debates parlamentarios de la Legislatura y, sin embargo, la de Unidas Podemos parece haber aprendido a bregarse sin perder la calma ni la sonrisa.

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Si las elecciones se ganasen en la televisión y en los debates y hubiera segunda vuelta, la final la jugarían, sin duda, Álvarez de Toledo e Irene Montero. La primera fue la constatación de que la derecha, cuando llega el momento de la liza, no tiene apellidos. La segunda, un claro ejemplo de crecimiento político.

Ya puede Sánchez tomar nota de lo que viene. Casado y Rivera son uno e Iglesias no tiene intención de salir en su auxilio en el gran debate, el único, el decisivo, el que tendrá lugar a tres días del cierre de campaña… y en TVE.

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