La felicidad es una conquista diaria

"Después de cuatro meses de coronavirus entregado a la causa y animando a la gente, me di cuenta que mi conexión peligraba. Fue cuando me visité a mis padres en la playa".
  • La felicidad es una conquista diaria.
  • El momento presente es lo más importante.
  • Todos tenemos el poder de reconstruirnos.
  • El pasado ya quedó atrás, ya aprendiste de él, y ahora es el momento de que te enfoques en lo que hay ahora y en lo que quieres crear a partir de este momento.
  • El éxito es ser feliz mientras avanzas hacia lo que deseas.

Estas frases son algunos mensajes de mi nuevo libro, Ahora te toca ser feliz, y las escribo desde el aeropuerto de Londres, ciudad en la que he pasado un mes y una semana este verano. En unas horas estaré en Madrid cargado de fuerza, foco e ilusión, dispuesto a responder preguntas de los periodistas. Mi principal objetivo en la vida es que todo el mundo tenga herramientas para solucionar sus problemas, para tener más confianza y para poder ser más felices. Quiero que lo que a mí me ha salvado lo conozca cada vez más gente.

Necesitamos trabajar en nuestra felicidad todos los días. El principal trabajo que tenemos en esta vida es estar conscientes. Porque cuando estás consciente, estás presente, y cuando estás presente, el miedo desaparece. Vine a Londres para tomar distancia y recuperar la conexión conmigo mismo, mi centro y mi felicidad. No sé en qué momento lo perdí.

Cuando coronavirus apareció mi nivel de felicidad era muy grande. Mi anterior libro, El poder de confiar en ti, llevaba en la lista de superventas muchos meses seguidos y me habían contratado conferencias por todo el país para la primavera. Era uno de los autores más reclamado por las ferias de libros y un montón de lectores me esperaban en todas las ciudades. Todo eso era muy bello, un sueño hecho realidad, pero yo sabía que mi felicidad no venía de todas esas circunstancias externas, pues conozco a muchos artistas exitosos que son infelices. Yo ya era feliz antes de que ese libro se publicara. Mi felicidad venía de la conexión conmigo mismo, por eso pude escribirlo.

Al llegar el confinamiento me vi encerrado en mi apartamento de Malasaña, en Madrid, durante 100 días seguidos yo solo. Vivo en pleno centro y en mi barrio preferido, pero por la ventana sólo veía cemento, y no me dio el sol ni un solo día. La mañana que intenté ir a un supermercado cincuenta metros más allá, un poquito más grande que el express que está abajo de mi casa, me paró la Policía, me regañó mucho y me dio un buen susto, así que decidí no volver a aventurarme en todo el confinamiento.

“Vivo en pleno centro y en mi barrio preferido, pero por la ventana sólo veía cemento, y no me dio el sol ni un solo día”

Me cancelaron todos los trabajos que tenía contratados. Y cada día me pedían una media de 30 vídeos diarios (colegios, institutos, lectores, librerías, periodistas, entidades culturales...). Me pasaba el día entero haciendo vídeos y respondiendo a mensajes de gente desesperada, que me escribía una y otra vez contándome sus muchos miedos y problemas. Mi madre estaba bastante asustada. Y por supuesto, veía las noticias todos los días, a todas horas, para estar muy informado en los directos que hacía. Eran terroríficas.

Uno de mis sueños que ya había empezado a construir es hablar muy bien inglés y entenderlo todo (es un sueño que tengo de aquí a verano de 2023), pero abandoné el máster que había empezado porque no podía concentrarme con los homework y el vocabulario que los profesores me exigían que hiciera por las tardes.

Después de cuatro meses de coronavirus entregado a la causa y animando a la gente, me di cuenta que mi conexión peligraba. Me di cuenta cuando me visité r a mis padres al apartamento de la playa. Fui porque me insistieron muchísimo. Antes de ir me hice las pruebas, pero aún así, ¿acaso no podía contagiarme en cualquier momento? Mi padre tiene 80 años y ha sido operado varias veces. Iba con mascarilla todo el tiempo, pero me pidió muy seriamente que comiera con ellos.

Me puse en la otra punta de la mesa, a más de dos metros, con el plato sobre las rodillas. ¿Y si le contagiaba? ¿Cómo podría superar algo así? Tuve alguna pesadilla que prefiero no relatar aquí. ¿Era posible que yo, el autor que habla sobre la felicidad, estuviera otra vez cerca del Caos Tenebroso? Lo que yo llamo el Caos Tenebroso es ese lugar del que todos tenemos que escapar alguna vez, y del que conviene estar, cuanto más lejos, mejor.

“¿Y si le contagiaba? ¿Cómo podría superar algo así? Tuve alguna pesadilla que prefiero no relatar aquí”

Sé perfectamente que si pierdo mi conexión, estoy perdido, pues no puedo ayudar a nadie ni puedo hacer mi propósito de vida. El mayor regalo que podemos hacer a los demás y a nosotros mismos es ser felices, pues cuando tú eres feliz, toda persona que entra en contacto contigo se ve beneficiada.

Los pensamientos negativos me asaltaban y supe que tenía que hacer algo con urgencia. Calmé mi mente y escuché mi sabiduría interior. Me saqué un billete a Londres. Elaboré un plan muy ambicioso para recuperar mi conexión y mi felicidad. Y se me encendió una lucecita: tenía una oportunidad muy grande para entender aún más a la gente que lo pasa mal y también para demostrarme a mí mismo, de nuevo, que lo que cuento en mis libros funciona. Decidí dedicar mis vacaciones al trabajo conmigo mismo. Y metí en la maleta El poder de confiar en ti y Ahora te toca ser feliz. Cogí un avión. Llegué a Londres. Los apartamentos estaban a mitad de precio y una mujer filipina me alquiló uno pequeñito, pero precioso: tenía todo lo que yo necesitaba. Los primeros diez días estuve haciendo todos los ejercicios de Ahora te toca ser feliz una y otra vez. Hice cientos de afirmaciones positivas, tal y como las explico en el libro, reescribí una y otra vez mi mapa de los sueños y mi visión personal... Leía muchas horas, solo mis libros. En cuanto empecé a enfocarme de nuevo, empezaron a suceder cosas mágicas. Volví a poner historias en Instagram.

Las ayudas fueron apareciendo, una tras otra. Recuperé mi visión de hablar inglés y empecé a dar clases particulares con los profesores adecuados para mí. Estudiaba inglés cada día unas cinco horas. Después de dos semanas allí, ¡empecé a entender un poco a la gente de la calle! y ¡empecé a entender películas en inglés con subtítulos en inglés!

Me dijeron que era imposible conocer a gente de allí pero yo conocí a un chico de Londres, peluquero, muy divertido y con paciencia infinita conmigo. Tenía dos peluquerías y que me animó a ponerme rubio. Pensé: ¿acaso no sería bueno divertiros un poco, jugar, en estos tiempos?

También conocí a un artista que hacía tatuajes. Fui a su estudio y me hizo el tatuaje más bonito del mundo. Cuidé de mí mucho, comí bien, me apunté a crossfit en mi barrio y trabajé a fondo con todo lo que enseño. El resultado fue espectacular. Recuperé mi foco. Mi fuerza. Y mi conexión. Objetivo cumplido.

Ahora voy a coger un avión a Madrid y me siento preparado para hacer mi trabajo y contagiar con energía positiva a toda la gente que pueda. En estos tiempos, necesitamos más entusiasmo que nunca. Mi mensaje es que podemos ser felices incluso en circunstancias adversas como las que estamos viviendo. Lo más importante es tu foco. Estoy feliz de que la primera persona a la que ha ayudado mi nuevo libro sea yo mismo. Mi compromiso con mi paz interior es aún más grande que antes de que llegara coronavirus. Te recomiendo, querido lector o lectora, que hagas lo mismo: “Tu paz interior no debe ser negociable”. Y ahora soy aún más consciente de que nadie puede descuidarse.

Nosotros somos más fuertes que las circunstancias. Todos tenemos el poder de reconstruirnos. Todos podemos sanar nuestras heridas. Todos tenemos la capacidad de levantarnos cuando nos caigamos. La vida es una aprendizaje continuo e infinito. Nos esperan cosas maravillosas. Vamos a seguir ayudándonos los unos a los otros para vivir con más paz y ser más felices. Y, sobre todo, vamos a seguir aumentando el amor por nosotros mismos. Porque, como dijo Oscar Wilde, amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.