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28/04/2020 13:38 CEST | Actualizado 28/04/2020 13:38 CEST

La gran apuesta de la economía española en tiempos de coronavirus

Con tan solo cuatro semanas más de confinamiento, las previsiones del Banco de España ascienden a contracciones de hasta el 12,4%.

Tanaonte via Getty Images

El pasado domingo se comenzaba una desescalada con el levantamiento del confinamiento para los niños. Un confinamiento que, con la apertura para la salida de los más jóvenes -hasta los 13 años como confirmó el Gobierno-, se vio plenamente fragmentado, con la salida de miles de adultos a las calles. Y es que bastaba con asomarse a la ventana para apreciar esa avalancha, esa multitud, de personas que se echaron a las calles para dar un paseo con los más pequeños.

Estas medidas se impulsaron sin dotar de herramientas a nuestras cuerpos de seguridad para garantizar que se cumplía la normativa. Una normativa que, ante lo ocurrido, parece más que necesaria. Y es que, como mínimo, el Gobierno debe garantizar ese cumplimiento, en contraposición a los deseos de las personas, que paseaban por las calles de las ciudades como si del día de Nochebuena se tratase.

Debemos ser conscientes de varias cosas. El Gobierno, cuando declaró el estado de alarma, comenzó a aplicar una serie de políticas que han dejado dañada nuestra economía. Las medidas de distanciamiento social, el confinamiento total, así como la permisión de los locales indispensables para la continuidad de aquellos sectores vitales para el ejercicio de la vida diaria, han paralizado una economía que, ya sin el Covid, se mostraba muy delicada. Una paralización en la actividad económica que deja la economía, en el mejor de los casos, con una contracción de, como mínimo, el -8%, tal y como lo indicó el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como otros organismos.

Unas previsiones que llevan al paro a más de un millón de personas; elevan nuestra deuda por encima de niveles tan desorbitados como el 120% del PIB y que vaticinan un déficit que, al igual que la deuda, superará límites insospechados, rebasando el umbral del 10%.

No podemos dejar en manos de la sociedad una responsabilidad cuando las directrices no son claras y precisas.

Como dijo hasta el propio Martin Wolf, analista de Financial Times, en consonancia con miles de economistas entre los que me incluyo, las medidas de distanciamiento social son una dura apuesta para la economía, pero esperan compensarse con un levantamiento más temprano, así como una contención más temprana del brote vírico. Como las medidas de Sánchez, una propuesta que sobre el papel es más que viable, pues como dice el propio FMI, la disipación de la pandemia es clave, pero cuando la llevamos a la práctica, el deseo de una sociedad cansada del confinamiento pone en peligro esa gran apuesta.

Estamos hablando, como decía y valga la redundancia, de la gran apuesta de la economía española. Nuestra economía se enfrenta a una dura recesión, tal y como indicó el FMI, la peor desde el año 1929. Una recesión que se ceba con países como España o Italia, donde el virus ha hecho más daño que en otros países. Así es que, junto a Italia, tenemos las previsiones más pesimistas, donde para el FMI, Italia se lleva la palma con una contracción del -9,1%. Sin embargo, de seguir con esta serie de actividades y caer en recaídas inesperadas, este -8% no será más que el aperitivo de la contracción que se avecinaría para nuestra economía.

De acuerdo con el Banco de España, la contracción en el PIB podría oscilar entre el 7% y el 10% si la economía se somete a una paralización de 8 semanas. Sin embargo, de tener que postergar el confinamiento a 12 semanas, la contracción en el PIB podría alcanzar una contracción de casi el 12,5% del PIB. En este sentido, podemos ver con claridad de la apuesta que hablamos. Una apuesta que, como vemos, tiene costes irreparables con cada semana de confinamiento que pasa. Esto, sumado a un entorno en el que nuestras empresas poseen 57 días de caja media (tiempo en el que una empresa puede mantener sus costes fijos sin ingresos), así como una economía compuesta por un tejido productivo de pequeñas y medianas empresas, es el acabose para nuestra capacidad productiva.

Nos jugamos mucho en estos experimentos que trata de realizar el Gobierno. Tras una apuesta como la que ha hecho el país, es absurdo seguir confiando a la ciudadanía una situación en la que lo que está en juego es la economía del país. La responsabilidad de la sociedad debe exigirse, pero no podemos dejar en manos de la sociedad una responsabilidad cuando las directrices no son claras y precisas. Estamos hablando de una intervención, que como liberal que soy, no es que me agrade. Sin embargo, me estoy refiriendo a la intervención de la intervención, pues la previa intervención vuelve a poner en peligro toda la apuesta, hasta ahora realizada.

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