La historia de la humanidad contada por los océanos

Entrevista con el historiador David Abulafia.
El historiador David Abulafia.
El historiador David Abulafia.

Sabemos parte de la historia de la humanidad gracias a los pecios que se encuentran hundidos bajo el mar. Los océanos nos soplan las historias del pasado: el Atlántico es una crónica sobre la esclavitud, el Índico un recordatorio de nuestros errores geográficos (Ptolomeo creía que era un mar cerrado como el Mediterráneo) y el Pacífico una desconocida épica de la navegación. El historiador David Abulafia lo cuenta en Un mar sin límites: una historia humana de los océanos (Crítica, 2021), un libro de más de mil doscientas páginas donde el autor logra lo imposible: unificar las biografías de esas tres inmensas masas de agua.

Empezó a escribir Un mar sin límite después de El gran mar, que es de 2011. ¿De veras le llevó menos de diez años?

En realidad me llevó menos de ocho, si tienes en cuenta algunas de mis obligaciones en Cambridge, como fue la de crear una nueva asignatura anual. He estado leyendo y comprando libros sobre otros mares y océanos desde hace años. Había escrito algunas páginas sobre Malasia e Indonesia en un estudio sobre los vínculos de la Europa medieval con Asia y África. También había publicado un libro en 2008 sobre las reacciones europeas a los primeros encuentros con personas del Atlántico, como los isleños canarios, los taínos del Caribe y los tupíes de Brasil, quienes me llevaron a profundizar en el Atlántico.

En cuanto a la bibliografía, soy afortunado al tener una universidad con una biblioteca magnífica. Me parece una de las mejores del mundo y puedes encontrar casi cualquier cosa que necesites. Además, he dado con libros desconocidos muy útiles durante mis viajes, en sitios como República Dominicana o Cabo Verde. No he contado con ningún ayudante de investigación. No me da confianza esa manera de trabajar. Creo firmemente en que el autor ha de hacer todo el trabajo.

Su libro alcanza una escala global y abarca larguísimos periodos. ¿Cuál es su enfoque de la historia? A mí, que no soy historiador, me parece un digno sucesor de Fernand Braudel. ¿Su manera de escribir sería más un romance, una tragedia, una comedia o una sátira?

Me gusta mucho la manera de entender la historia de Sebastian Conrad en Historia Global y en su momento escribí una crítica muy favorable de su libro. Él plantea varias formas de escribir una historia global. Yo destaco las conexiones, lo que acerca mi explicación de los océanos a la historia a largo plazo, en este caso una historia sobre los mercaderes y el modo en que su comercio produjo influencias culturales (lo que incluye la expansión de religiones como el budismo y el Islam). La principal alternativa es la historia comparativa, que es más apropiada para grandes masas de tierra desconectadas. Por tanto, en una historia global del siglo XV, puedes comparar a los aztecas y los incas con el imperio otomano y la China de la dinastía Ming. Creo que esto es principalmente útil a la hora de desarrollar diferentes perspectivas; en este ejemplo, se verían las diferentes formas de gobernar un imperio.

En cuanto al gran Braudel, soy crítico con su descuidada historia política y el papel que otorga a los individuos, pero su comprensión sobre las redes económicas de los comerciantes fue espectacular. Respecto al género literario en el que se podría inscribir mi escritura historiográfica, creo que hay algún elemento de tragedia en mis explicaciones. Estoy pensando en el espantoso comercio de esclavos a través del Atlántico. En todo caso, si hay que ponerse una etiqueta, supongo que la mía sería la “elegía”, no porque yo quiera que el mundo vuelva a otra época, sino porque entiendo las antiguas interacciones entre personas y culturas de las ciudades portuarias como un testimonio valioso de la habilidad de las personas para respetarse, en vista de que ahora vivimos en un mundo donde la tolerancia parece escasear.

¿Su libro confirma todo lo que sospechaba? Dígame que no, anda.

La habilidad de los polinesios para dominar el mar abierto del Pacífico, que es con lo que empiezo el libro, resultó ser más impresionante de lo que esperaba… y ya pensaba que era algo formidable. El conocimiento oral que ha pasado a través de las generaciones y su capacidad para llegar a la costa sudamericana, como ahora sabemos por las evidencias del ADN, me parecen increíbles.

Perdone mi arrogancia, pero podría escribir un libro semejante sobre la historia de la humanidad a partir del aire. Le voy dando ideas para sus capítulos: los zepelines, El espíritu de San Luis, el ataque a Pearl Harbor, los aviones supersónicos…

He pensado en ello, no creas. Tuve que tomar muchos vuelos mientras escribía este libro, así que conozco los aviones bastante bien, al menos por dentro. Ahora mismo no está entre mis planes, y el siglo XX no es mi especialidad, pero quizás lo tenga en cuenta.

Aquí su grumete se despide…

El mundo oceánico ha cambiado mucho tras la desaparición de los viajes de larga distancia para pasajeros (cruceros aparte) y con la llegada de los barcos de mercancías, que han transformado los puertos del mundo en máquinas de carga y descarga. Ya no son espacios sociales donde se mezclaban personas de distintos orígenes. Queda por ver si la pandemia cambiará todo esto pues, al menos de momento, viajar se ha vuelto mucho más difícil.

La belleza de los océanos