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25/08/2020 09:00 CEST | Actualizado 25/08/2020 09:00 CEST

La homofobia de un (ex) juez que prevaricó

No pudieron parar el matrimonio igualitario ni la adopción para parejas del mismo sexo, ni pararán todas las leyes que quedan por conquistar a favor de la igualdad.

Pattanaphong Khuankaew via Getty Images

La justicia, a veces, alberga recovecos de oscuridad que generan sufrimiento a seres humanos. Hay algunos jueces y juezas que no alcanzan a entender que el noble y difícil ejercicio de impartir justicia no puede ser llevado a cabo por todo el mundo que consigue vencer en la difícil oposición a la judicatura. Tal es el caso del exjuez murciano Fernando Ferrín Calamita, apartado más de una década de su puesto de trabajo.

En 2005 Vanesa y Susana se casaron. Y en 2006 fueron a una clínica de fertilidad y nació su hija Candela. Cuando fueron a registrarla, el juez del registro de Murcia no les quiso hacer la filiación directa aunque tuvieran su libro de familia. En aquel momento, otros juzgados empezaron a aplicar la reforma para poder establecer la filiación directa con carácter retroactivo, pero este juez no quiso. Así que procedieron a la adopción de la niña por parte de Vanesa. En circunstancias normales esto sería un mero trámite pero dieron con el juez Fernando Ferrín Calamita, que retrasaba maliciosamente la filiación de la menor, contraviniendo así, entre otros, el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Por esto el juez Calamita fue inhabilitado 10 años por prevaricación dolosa. Pasado este tiempo volvió a pedir el ingreso en la carrera judicial, pero fue denegado por “tener una verdadera compulsión homófoba”, en palabras del fiscal. Ha pedido varias veces el indulto y ha sido denegado. 

El exjuez actualmente colabora con una empresa como “asesor”, pero miente en su currículum, en el que dice ser un “juez en excedencia”. Pero el señor Calamita no es un juez en excedencia, es un juez inhabilitado. El pasado mes de julio el exjuez decidió seguir hostigando, años después, a Vanesa y Susana. Esta vez eligió su red social de Facebook para difundir una mentira: afirmaba que al divorciarse Susana y Vanesa habían abandonado a Candela y que los servicios sociales se habían hecho cargo de la menor. 

¿Acaso ha pensado por un momento en el daño que pueden hacer sus mentiras en esa menor?

Medios de ultraderecha de uno y otro lado de España decidieron difundir tal mentira alimentados por un odio hacia las personas LGTBI digno de ser tratado en unidades de salud mental. Todos conocemos en carne propia el daño y el hostigamiento que el sector ultra católico español manifiesta por las personas LGTBI, pero el señalamiento a una familia y a una menor excede cualquier límite de la decencia.

El exjuez Calamita parece olvidarse de la dignidad que reviste inherentemente a todo ser humano, y decide así señalar a una familia y a una menor desde una red social, con el pertinente altavoz de los medios de ultraderecha españoles. Señor Calamita, abandone ya su marcada obsesión por las personas homosexuales y deje en paz a las familias diversas a las que niega la filiación, a las que señala y a las que hostiga, incluso años después. 

Su cruzada contra la diversidad llega tan lejos que necesita perseguir y señalar a una menor de edad y a sus madres. ¿Acaso ha pensado por un momento en el daño que pueden hacer sus mentiras en esa menor? ¿Acaso no fue suficiente con aquella prevaricación que necesita insistir ahora de nuevo? ¿Tanto le cuesta respetar la vida privada de los seres humanos, como nos señala el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos?

No pudieron parar el matrimonio igualitario ni la adopción para parejas del mismo sexo. Y no van a poder parar todas las leyes que quedan por conquistar a favor de la igualdad.

No deja de sorprenderme que un ser humano decida poner su tiempo y sus energías en hostigar a otros seres humanos, en hacer cruzadas contra la felicidad de otras personas, en mentir y en difamar, sobre todo cuando reivindicar tan fervientemente el cristianismo como modus vivendi. Ni Susana ni Vanesa, ni por supuesto Candela, merecen seguir soportando esa repugnante obsesión suya contra su familia ni pueden seguir tolerando esta ilegítima intromisión en sus vidas privadas. 

No pudieron parar el matrimonio igualitario ni la adopción para parejas del mismo sexo. Y no van a poder parar todas las leyes que quedan por conquistar a favor de la igualdad. Señor Calamita, deje ya de insistir en esa batalla absurda contra la pluralidad; y, sobre todo, deje en paz a las familias y a los menores. Céntrese en intentar salir de esa espiral de homofobia en la que se encuentra inmerso: pida ayuda y sane esa homofobia. 

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