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19/09/2019 09:30 CEST | Actualizado 19/09/2019 09:30 CEST

La ‘ilusión de invulnerabilidad’ de Pedro Sánchez

"Pedro Sánchez está jugando a la ruleta rusa" es una de las conclusiones más repetidas estos días entre dirigentes y diputados socialistas.

AFP
Pedro Sánchez el pasado miércoles en el Congreso.

“Pedro Sánchez está jugando a la ruleta rusa”. Esta es una de las conclusiones más repetidas estos días entre dirigentes y diputados socialistas, que no acaban de entender por qué hay que arriesgarse tanto. Establezcamos un paralelismo. 

Cuando John F. Kennedy llegó a la Casa Blanca había un optimismo contagioso entre su equipo, la sensación de que todos los planes estaban destinados a ser un éxito. Lo que los psiquiatras denominan “ilusión de invulnerabilidad”. Esa es la razón porque la que el presidente y su cerrado grupo de asesores cometieron el mayor fracaso de su mandato: la invasión de Bahía de Cochinos pensando que derrocarían al régimen de Fidel Castro, a pesar de que toda la información disponible lo desaconsejaba.

¿A que suena actual? Las decisiones y los pasos que se dieron siguen parámetros similares a que lo que ha estado sucediendo en Moncloa estos meses.

Lo explica Daniel Goleman en El Punto Ciego: Psicología del autoengaño, que debería ser de obligada lectura para cualquier político. En el capítulo “la fórmula del fracaso” se pregunta: ¿Cómo un grupo de personas tan brillantes pudo llevar a cabo un plan tan descabellado?

El presidente lleva aislado desde el primer momento en Moncloa. Rodeado básicamente de Iván Redondo, Paco Salazar y Felix Bolaños

“El presidente del Gobierno lleva aislado desde el primer momento en Moncloa. Rodeado básicamente de Iván Redondo, Paco Salazar y Felix Bolaños. Escuchando solo lo que desea oír”, apunta un colaborador cercano, que como tantos otros se lleva estos días las manos a la cabeza.

Y si tantos dirigentes y colaboradores a su alrededor consideran que la obcecación por hacer volver de nuevo a las urnas a los ciudadanos, es como “jugar a la ruleta rusa”, ¿por qué no le han insistido?

“Eso no es cierto, algunos hemos tratado de hacerle volver a reflexionar. Hasta Félix Tezanos ha intentado neutralizar las tesis electoralistas de Redondo. Se ha esforzado porque en Moncloa tuvieran en cuenta que los datos de la última encuesta del CIS son anteriores a la sesión de investidura fallida, cuando el relato estaba de su parte y en contra de Podemos. Ha explicado al presidente que en estos momentos la volatilidad es altísima y la opinión pública le mira con otros ojos”, aclara un diputado que pide ayuda para evitar un gobierno de derechas.

EFE
Sánchez y Casado

El reducido círculo de Sánchez, en el que el presidente tiene una notable confianza, se ha cerrado en la trampa del “pensamiento colectivo” creyendo que su decisión provocará que “los liderazgos personales de Pablo Iglesias y Albert Rivera se resquebrajen y sean superados por otros. En los territorios están muy preocupados”, aducen fuentes del partido. Cuesta sostener el cálculo de Moncloa, donde presuponen que menos votos sería sinónimo de docilidad. Ahí está el fenómeno de Vox, que con una pequeña representación en las instituciones está provocando modificaciones profundas, radicalización las políticas reales. Sus socios dependen de ellos para garantizar la estabilidad.

El principal error del equipo de Moncloa se produjo cuando Sánchez anunció que Pablo Iglesias era el único obstáculo para llegar a un acuerdo, opinan las fuentes consultadas. Minimizaron la inteligencia política del líder de Podemos, que tardó dos días en echarse a un lado y chafar el plan de Moncloa rompiendo el relato. Aún así, el autoengaño en los despachos aledaños al del presidente siguió su curso y decidieron entrar en el juego de la coalición. Si alguien tuvo dudas, se autocensuraron para evitar dejar de formar parte del reducido grupo que susurra al presidente.

“A pesar de que en la Ejecutiva siempre habíamos apostado por el modelo portugués, nos dimos cuenta de que iba a ser difícil sostener esa postura a partir de entonces”, cuenta uno de sus miembros.

“Zapatero empezó a perder el contacto con la realidad al final de la primera legislatura. Pedro no ha llegado ni al año”, aseguran quienes conocen a ambos. Les diferencia también que mientras ZP cuidaba personalmente a sus ministros—les llamaba para interesarse por cómo estaban— y en los consejos de ministros había encendidos debates, Sánchez mantiene una aséptica distancia con su Ejecutivo y en las reuniones de los viernes “no se debate. Los consejos no pueden ser más presidencialistas”, explica alguien que lo sabe por experiencia. Theodore Sorensen, uno de los hombres más cercanos a Kennedy, relató que en todas las reuniones que les acabaron conduciendo al desastre reinaba un clima de consenso sin ninguna oposición, algo extraño dada la magnitud de la operación.

En descargo de Sánchez, quienes le aprecian y creyeron en él cuando nadie lo hacía, le justifican por los precedentes de su llegada al poder. Superar tantos obstáculos le ha hecho creer ese relato épico de que tiene la “baraka” encima. Ganar unas primarias con todo el aparato y los medios en contra y ser el primer presidente en democracia que gana una investidura, ha podido trastocar su visión, aducen.

Ni el presidente ni su entorno han querido valorar en serio nombres del planeta Podemos como Alberto Garzón, Nacho Álvarez, Yolanda Díaz, Victoria Rosell o López de Uralde. Pero claro, la ceguera moral es otra de las características del autoengaño colectivo. El grupo se ha forjado una imagen de sÍ mismo de que es justo y bueno, por lo tanto todo lo que haga también lo será, tal y como argumenta Goleman. Eso elimina la autocrítica porque su sentido de la justicia y la moral trasciende a sus acciones. De ahí la famosa frase del presidente cuando alguien se atrevía a cuestionar al líder de su grupo de confianza, Iván Redondo: “Dadle una oportunidad porque es muy valioso”.

Habrá que ver si los votantes se la dan ahora.