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03/01/2020 07:03 CET | Actualizado 03/01/2020 07:03 CET

La incertidumbre ha caracterizado la economía en 2019

La guerra comercial, el Brexit, la falta de Gobierno...

mthipsorn via Getty Images

Si observamos la evolución del 2019 veremos cómo al inicio de año las previsiones que hacían prácticamente la totalidad de economistas y organismos eran completamente distintas a loa que se han ido realizando a lo largo del año. Si uno observa esos pronósticos, se percibe que esas variaciones han ido dándose muy en consonancia con el deterioro de la balanza de riesgos.

Para entrar en materia, si seleccionamos aquellos focos de incertidumbre de mayor calado, pudiendo ser uno de ellos la guerra comercial y el comercio global, podemos observar como, pese a las previsiones de abril, el comercio global ha sufrido un ajuste en sus pronósticos durante el año que le ha llevado a situar la previsión de crecimiento en el 1,2%. Un pronóstico que se situaba en el 2,6%, pero que, ante el deterioro de las relaciones entre China y Estados Unidos, alentando la disputa comercial que ha sacudido a la economía mundial, ha sufrido reajustes a la baja que la sitúa en mínimos.

De esta forma podríamos hilar con los crecimientos previstos para Estados Unidos y China. La disputa que han mantenido las principales economías del mundo por el liderato del comercio global ha acabado lastrando sus resultados al cierre de año. En el caso de Estados Unidos, podemos observar cómo los pronósticos que fijaban el crecimiento para el país norteamericano en el 3,2%, al cierre de año han acabado situándose en niveles cercanos al 2%. Una desaceleración intensa de la economía, en la que la guerra comercial ha tenido una incidencia directa.

Pero más incidencia ha tenido en la economía china. China, por su estructura económica y su modelo productivo, es un país muy dependiente del comercio. Su fuerte apuesta por el comercio le ha llevado a exponer gran parte de su PIB al sector exterior, lo que, ante la guerra comercial y la anomalía que han sufrido los mercados debido a esta, ha acabado lastrando parte de su crecimiento. Pese a que para China la previsión pronosticada sí se ha cumplido, el dragón asiático ha obtenido su peor registro en materia de crecimiento desde los años 90. Un crecimiento del 6,3% que deja a China en una situación complicada, dado su afán de lograr sus objetivos para duplicar el PIB en el 2030.

La economía española ha presentado unos resultados con sabor agridulce.

Pero no solo ha ocurrido con el comercio global, pues, como sabemos, muchos focos de incertidumbre han sacudido a la economía este año. Entre otros, el Brexit ha representado otra de las causas a la fuerte sacudida que ha vivido la economía durante este 2019. Mientras que a finales de 2018 la economía británica preveía un pesimista 2019, con tasas de crecimiento cercanas al 1,6%, al cierre de año podemos observar cómo los principales organismos económicos en el país británico ya moderan estas previsiones hasta niveles del 1,2%. Una mayor ralentización de la economía, pero en la que el Brexit ha jugado un papel determinante.

Situación similar a la que ha vivido España, duramente sacudida por un tortuoso escenario político que no solo ha generado incertidumbre, sino que ha obligado al país a convivir durante un año con un Gobierno en funciones. Una situación que, como digo, también ha tenido sus efectos en la economía. Pese a los pronósticos que se hacían a principio de año, al cierre del ejercicio, la economía española ha presentado unos resultados con sabor agridulce.

Unos resultados que finalmente sitúan el crecimiento de la economía española en el 1,9%. Un crecimiento mucho más optimista que el que han registrado otras economías homólogas de la Unión Europea, pero que, ante los registros que dejan otras variables tan importantes como el empleo, la productividad o la actividad económica, dejan una sensación menos optimista que la experimentada al hacer una lectura superficial. Situación en la que no podríamos decir que no ha tenido ninguna influencia la situación que ha vivido la política, así como los posibles efectos de la inacción en una situación en la que la desaceleración ha obligado a España a crecer a su menor ritmo en cinco años.

Y es que, queramos o no, la incertidumbre política tiene sus efectos en la economía global. Pese a la insistencia de los ortodoxos en hacer de la economía una ciencia matemática y exacta, la incertidumbre, valga la redundancia, afecta, en mayor o menor proporción, a los agentes socioeconómicos. Una incertidumbre que ha obligado a la economía a moderarse durante este año, ajustando el cinturón de prácticamente la totalidad de las economías. Una incertidumbre que no acaba con el año, pero que espera una disipación a lo largo del 2020.

 

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