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22/04/2019 09:16 CEST | Actualizado 22/04/2019 09:16 CEST

La larga víspera

Getty Images

A muchas personas en Venezuela les he preguntado: ¿Cómo crees que podemos salir de esta situación? Una de las respuestas es: “Que se vaya Maduro”. Su solución coincide con la principal demanda pública que hace el Gobierno de los Estados Unidos de América (EUA). Imaginemos por un momento que el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, renuncia al cargo para el que fue electo democráticamente en mayo del año pasado, y acto seguido se realizan elecciones. ¿Cuáles serían algunos rasgos de este escenario?

Preliminarmente estimo que sea el gobierno de los EUA quien designe a las personas que ejercerán el liderazgo de esta etapa, que no serán los que están ahora en la palestra pública dada la falta de condiciones de la oposición venezolana para llegar a acuerdos; una medida ya implementada en situaciones similares como en Iraq y Afganistán.

En este plano imaginario, la aceptación de los resultados de una contienda electoral por parte de los actores políticos estaría condicionada. En particular el Gobierno de los EUA solo reconocerá como válidos aquellos en cuales ganen sus postulados, mientras que un resultado contrario será calificado como fraude, a pesar que se acuerde la renovación del ente comicial con consenso de las partes involucradas.

Digamos que el postulado o postulada de oposición gana las “elecciones libres” y conforman un gobierno, cuya capacidad de operación estaría fuertemente afectada por la acción de los actores políticos del chavismo, que poseen recursos y capacidad de movilización. Un escenario similar al actual.

Estos actores políticos se verían afectados, ya que deben hacer gobierno en el marco de la Constitución de 1999 impulsada por Chávez, así como interactuar en un Estado donde hay cinco poderes (Ejecutivo, Judicial, Electoral, Legislativo y Moral), y los otros no estarían en la misma línea (excepto por la AN en desacato), además con gobernadores, diputados regionales, alcaldes y concejales del chavismo. Lidiarían con un tejido organizativo y participativo, donde están los consejos comunales, colectivos y comunas, que si bien distan mucho de los propósitos iniciales, son en su conjunto una fuerza social nada despreciable. Finalmente, deberán conducir una Fuerza Armada Nacional ahora bolivariana, que en su seno está profundamente influenciada por el pensamiento chavista.  

En contraposición, el liderazgo en el hipotético Gobierno contaría con los gremios empresariales, “organizaciones de la sociedad civil” con poco arraigo en la población, las empresas de comunicación y un sinnúmero de nuevos medios que operan en las redes sociales.

Alcance global

Este ejercicio permite deducir que el gobierno de los EUA en realidad asume una estrategia de largo plazo con el objeto de causar un efecto en todos los apoyos posibles no solo del gobierno bolivariano, sino de la revolución bolivariana, y de esta manera contar no solo con el poder, sino con una correlación de fuerzas que le permita mantenerlo y tener capacidades (entre ellas la fuerza) para implementar un proyecto que se dice alternativo al chavismo. Su táctica actual es la asfixia controlada a la población venezolana, por lo que la agresión se dosifica; es decir, el sabotaje al sistema eléctrico nacional es un capítulo de esta historia. En este sentido, conviene que los actores de oposición bajo su subordinación mantengan las posiciones actuales e ignoren todas las iniciativas de mediación, incluso aquellas que impulsan entidades que le muestran respaldo, como el grupo contacto de la Unión Europea.

Esta estrategia tiene un alcance global, pues sofocando a la revolución bolivariana busca no solo aplazar indefinidamente cualquier alternativa en Venezuela, sino también pretende aleccionar a quienes en la región o en el mundo tengan intenciones de promover procesos políticos alternativos al capital.

Esta dirección brindaría otros beneficios a lo interno y a lo externo. En relación al primero, mantener y ampliar la base de apoyo a los actores de oposición nacional, que han desencantado a sus seguidores recurrentemente al hacer promesas que no cumplen. En cuanto a lo segundo, el Gobierno de los EUA busca dar muestras de su superioridad geopolítica actuando con una retorica belicista en su zona de influencia natural, y como resultado calibra las respuestas de China y Rusia, así como de sus aliados.

En términos prácticos, es posible que la perspectiva sea llegar a la mitad del mandato de Nicolás Maduro y promover un referéndum revocatorio, pero con un pueblo en condiciones deplorables y con un rechazo inmenso al imaginario chavista. El principio de una serie de victorias electorales que permita avanzar en el control acelerado del Estado, que culmine con la modificación nuevamente del marco constitucional.

Nos ayuda a comprender este estado de cosas tener en cuenta dos referentes: el primero está relacionado a la llegada misma de Hugo Chávez al poder en 1998, el cual fue mediante un proceso democrático, pero en medio de un agotamiento de los actores y el sistema político dominante desde la década de los sesenta. El segundo es que quien está a la cabeza en del diseño de la política del Gobierno de los EUA hacia Venezuela es Elliot Abrams, que en la década de los ochenta configuró una estrategia de largo plazo para afectar a los apoyos del pueblo nicaragüense al Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuyo actor principal terminó siendo la  violenta “contra”.

Dentro de este marco podemos entender las realidades que se viven en el pueblo venezolano en este momento, como las privaciones actuales del servicio eléctrico público y el suministro de agua, a los que se le suman el acceso a los alimentos, transporte, energías, la hiperinflación, entre otras; que en definitiva podemos calificar como una acelerada disminución del nivel de bienestar alcanzado hasta ahora.

Bienestar comprometido a medio y largo plazo

La reacción mayoritaria del pueblo venezolano ante esta estrategia en su conjunto ha sido la resistencia, porque anhela la paz y actúan en consecuencia. En el discurso oficial del Gobierno bolivariano se ignoran sistemáticamente los gestos cotidianos, que terminan configurando redes de solidaridad mucho más efectivas y duraderas que los mecanismos de asistencia institucional, así como los procesos de desgaste que se vienen dando en importantes sectores de la población, sobre todo aquellos más vulnerables. Si se incorporan, se instrumentalizan.

Importantes sectores de la población rechazan la política injerencista y agresiva del Gobierno de los Estados Unidos de América, fundamentalmente a través de las medidas unilaterales, aunque por otro lado de manera preocupante crecen quienes están dispuestos a sacrificar aspectos fundamentales de nuestro legado republicano y democrático, tales como la autodeterminación como país o nuestra soberanía; con la esperanza volver recuperar la capacidad de consumo de la  “gran Venezuela” en su versión de la IV o la V República.

El Gobierno bolivariano en esta coyuntura trabaja en la construcción de una dirección coherente que permita maximizar los recursos estatales y optimizar la articulación, para lo cual encuentra algunas dificultades, tales como la pugna de grupos de interés a lo interno del chavismo y una creciente corrupción. Significativamente, mantiene una capacidad de movilización de sectores populares en la calle. A nivel internacional, China y Rusia dan un respaldo hasta ahora contundente, que afecta la conducción de la política injerencista del Gobierno de los EUA.

No se debe olvidar en la construcción del análisis que el chavismo cuenta con la Asamblea Nacional Constituyente, que hasta ahora ha actuado como un factor de disuasión por un lado y, por otro, que en esta tendencia hay sectores que no descartan el uso de la fuerza para mantener el poder y estos particularmente tienen capacidades para hacerlo.

Hoy el pueblo venezolano debe comenzar a dotarse de capacidades organizativas para vivir en un contexto donde el bienestar va a estar comprometido a mediano y largo plazo, y dentro de este el chavismo esta desafiado a superar sus contradicciones para revitalizarse. En cuanto al Gobierno bolivariano, responder a la contingencia es una tarea clave, pero no debe olvidar que cuando se abra una ventana de oportunidad debe pasar a la ofensiva, fundamentalmente en el plano económico, donde desde hace años no logra resultados sostenibles.

Cuando dicen “todas las opciones están sobre la mesa”, no hay que pensar solo en las rápidas o de corto plazo.

 

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