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22/06/2021 07:11 CEST | Actualizado 22/06/2021 11:27 CEST

La libertad, la mascarilla y allá usted

Las leyes se inventaron precisamente para ordenar la convivencia, restringiendo algunas ‘libertades’ que la hacían imposible.

Ángel Tristán.
Tabaco.

La libertad sirve para muchas cosas. La principal, como le respondió el socialista Fernando de los Ríos a Lenin, cuando el líder soviético le preguntó que libertad para qué, “para ser libres”. Incluso para hacer el gilipollas. Casualidades de la vida: EL PAÍS del domingo publicaba en la última una entrevista de Luz Sánchez-Mellado  con la cantante y escritora Concha Buika, española, hija de exiliados guineanos, que lo tiene claro: “Libertad es elegir tus cadenas”. 

Por ejemplo, en las voces de Colón que clamaban contra los indultos, algo que me parece muy respetable, yo mismo creo en la vigencia atemporal de ‘dura lex, sed lex’, la ley es dura, pero es ley, también sonaba lo que ya es una tendencia preocupante de la derecha: que se vayan los presidentes socialistas. Al ahora tan reivindicado hasta por la derecha moderada, Felipe González, el entonces líder de la oposición, José María Aznar le espetó un impertinente ’¡váyase, señor González!. Creó escuela. 

Cuando no se gana el debate siempre queda el ‘váyase usted’. El sucesor de Fraga “sin tutelas ni tutías”, como le ‘delfinó’  el ex ministro franquista, tenía experiencia. Repetía una fórmula que le había funcionado para ser presidente de Castilla y León. Dio credibilidad a unas acusaciones contra el presidente socialista de la Junta Demetrio Madrid, a quien reclamó su renuncia, sin presunción de inocencia ni dilaciones. Luego, los tribunales lo absolvieron… pero el caballeroso y honesto político fue apartado mediante un procedimiento suburbial convertido en método de entonces acá. 

También se le gritó a José Luis Rodríguez Zapatero, como ahora se le hace a Pedro Sánchez. Sea por Juana o por su hermana, siempre hay un motivo. Nunca, por supuesto, un argumento democrático. Diríase que hay implícito un ‘¡es mi finca, coño! Si no gano yo, márchese usted’. Imaginen que Adolfo Suárez o el general Gutiérrez Mellado hubieran atendido las exigencias de los carcas, civiles, militares y obispos reaccionarios, que les llamaban traidores y exigían envueltos en la bandera su dimisión. 

Nunca se sabrá, pero es muy posible que el rey no hubiera podido timonear ni el cambio ni el Bribón. Un viejo cacique canario, hombre del Movimiento, Matías Vega Guerra, muy amigo del embajador Aznar, por cierto, y con fuertes agarraderas en Madrid,  explicaba a principios de los 70 del siglo XX a un asombrado abogado local que “en un corral sólo puede haber un gallo, y aquí yo soy ese gallo”. 

Hay un memorable discurso cabreado de la canciller federal alemana Angela Merkel en el Bundestag, furiosa y harta de las sandeces y las mentiras de la extrema derecha pro nazi, que condensa perfectamente las reglas y los riesgos de la dialéctica política: el resumen es que siempre hay que tener en cuenta que el otro puede tener razón. La pérdida de esta noción tan elemental puede sacar al genio de la botella. Como a la pasta de dientes, una vez fuera es casi imposible meterlo de nuevo. 

La libertad de votar también tiene un precio. Todas las leyes, las que gustan y las que no, se han hecho por diputados y senadores elegidos por el pueblo, no han intervenido los extraterrestres, aunque alguno lo pareciera. 

Los precios de la luz, ahora disparados, vuelven a demostrar que la privatización total de Endesa, la joya de la corona industrial de España, fue un mal negocio para el interés general. Aznar lo justificó diciendo que la liberalización del sector traería más competencia y la competencia, a su vez, traería un abaratamiento de la tarifa. Ya se sabe, una versión mediopensionista de las leyes del mercado, pues el mismísimo Adam Smith previno que en cuanto dos empresarios se encierran en una habitación se ponen a conspirar precisamente… contra el mercado. 

Un motivo que daba muy seguro de sí mismo el flamante presidente es que siempre una empresa privada funciona mejor que una pública. Pues bien, o sea, mal: Endesa se vendió a ENEL… de la que el Estado italiano es accionista mayoritario. ENEL ha hecho un negocio extraordinario gracias a una insoportable petulancia, una estupidez disfrazada de logaritmo neperiano de difícil discusión. Un conocido catedrático de Derecho de La Laguna solía insistir en la necesidad de adentrarse “en la causa de la causa del mal causado”. Hoy día esto es difícil pues enseguida quien lo intenta es acusado e insultado por intentar transferir al pasado los problemas de hoy. 

Pero todo este disparate que estamos viviendo con esa subida estratosférica del precio de la energía lo que demuestra es que desprenderse totalmente del control de aquella empresa estratégica fue un error, un inmenso error. Que es imposible dejar al albur de un mercado trucado e ingobernable, por la oscuridad con que campean los intereses creados y por crearse, y por el lobby que han ido engendrando las puertas giratorias. 

La libertad que con tan poco seso pregona el ayusismo da cobijo también a la libertad de joder al prójimo consumidor. 

Hay libertades que matan, no conviene olvidarlo. Las tabacaleras se resistieron durante años a admitirlo. Primaba la libertad de la cuenta de resultados. Pero acabaron derrotadas por las leyes que les obligaron a poner en las cajetilla la advertencia de que ‘el tabaco mata’ o ‘el tabaco es perjudicial para la salud’. Incluso, lo comprobé el domingo por la tarde en un hipermercado de guardia, con pegatinas que añurgan a uno: decía un mazo de puritos isleños: ‘Fumar aumenta el riesgo de ceguera’, ‘Fumar daña los pulmones’… Así y todo millones de personas, cientos de millones, siguen fumando. Ellas son dueñas de su destino. Propietarias de su cáncer o de su asfixia. 

Libre para decidir, en enero de 1990 decidí no fumar ni beber alcohol. Además, sigo a rajatabla las medidas preventivas ante el covid, incluso las no obligatorias en las desescaladas. Me guío mucho por la ciencia y el sentido común, y no pienso tirar las mascarillas lo diga quien lo diga. Superviviente del ‘bicho’ con una corta hospitalización, no quiero tentar la suerte.   

Ahora, aunque el Gobierno de pasos hacia la ‘normalidad’ anterior a la pandemia vuelva y se permita prescindir de la mascarilla en el exterior la gente volverá a tener que elegir: además de proteger contra el coronavirus, en el tiempo de mascarillas se han reducido notablemente otras enfermedades: las respiratorias – es más difícil fumar-, las gripes estacionales, los catarros, la alergias… También el efecto de la contaminación disminuye, vaya usted en coche o andando. Hagan una prueba: el techo del asiento del conductor está tiznado de hollín; si se compara con el situado sobre los asientos traseros – los menos utilizados en los vehículos particulares- la diferencia es visible. 

La libertad está en la Constitución, no hay autonomías más libres que otras, la diferencia en todo caso radica en el uso que se haga de las libertades. Las leyes se inventaron precisamente para ordenar la convivencia, restringiendo algunas ‘libertades’ que la hacían imposible. No se concibe una ciudad donde no haya direcciones prohibidas, ni carretera que no tenga un límite de velocidad, ni, a estas alturas, espacio cerrado, en tierra, mar o aire, donde se pueda fumar.... Tampoco se concibe que se pueda robar impunemente ni traficar con las influencias del poder. 

El ayusismo no ha inventado la democracia. No es más demócrata la presidenta madrileña que el presidente gallego, el andaluz o el castellano-leonés… Encima, todo de lo que presume con su enfurruñamiento de diseño es humo de pajas. Sus dos años al frente de la Comunidad han sido de ‘cero patatero’. Solo ha habido bla, bla, bla. Mucho pico pero poca pala. 

El último enfrentamiento imaginario con Sánchez ha sido de traca de verbena de pueblo. Los medios adictos enseguida dieron cuenta de que La Moncloa le había  hecho un feo no asistiendo a su toma de posesión. Luego se aclaró que en realidad no se había invitado al ministro competente para esa función, el catalán Iceta. Pero al PP madrileño le ha dado igual: “podía haber ido”. Ya me imagino los titulares: el Gobierno se cuela en la fiesta de Ayuso.

Vamos a ver qué hará la competidora revelación de Casado para ganar titulares en la Conferencia de Presidentes convocada por Sánchez para ponerse de acuerdo en las prioridades, gestión y reparto de los miles de millones europeos del plan de recuperación. Ya me la imagino preparando sus mohines fotográficos, sus afectaciones de mimosa oficial y sus quejas de manual en su mundo mágico. 

Pero como se sabe, toda lo mágico es un puro timo.

NUEVOS TIEMPOS