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19/08/2019 21:28 CEST | Actualizado 20/08/2019 16:22 CEST

La llama que no cesa: diez días seguidos de incendios en Gran Canaria

El foco activo más grave ha consumido ya más de 6.000 hectáreas y ha obligado a desalojar a alrededor de 9.000 personas. "Y aún está lejos la extinción".

BORJA SUÁREZ-REUTERS

Entre el rojo del fuego y el gris del humo, una gran llama que no cesa desde hace diez días. Así se ve Gran Canaria. La isla se ahoga en una sucesión de incendios que ya se han llevado por delante alrededor de 8.000 hectáreas, más de un 5% de todo su territorio. De ellas, 6.000 se asocian al foco más reciente y peligroso, originado el pasado sábado y que ha obligado a desalojar a más de 9.000 personas.

La tragedia amenaza con ser mayor. No se espera que este fuego principal quede controlado hasta “dentro de 24-48 horas. Está fuera de la capacidad de extinción”, admiten los expertos, con resignación. Y el viento del lunes por la noche ha añadido un peligro más, el viraje hacia las poblaciones del sur, que están en prealerta de desalojo.

El gran foco, originado el sábado en Valleseco, es la continuación de otros dos incendios que han llegado a solaparse en fechas con el que asola centro y oeste de la isla y mira ahora al sur. “El perímetro es de 60 kilómetros”, ha reconocido el presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, que está siguiendo la evolución junto al ministro de Agricultura Luis Planas. En su camino, el fuego ha llegado al Parque Nacional del Pinar de Tamadaba, Reserva de la Biosfera, y sus alrededores. En ella se han visto afectada más de 150 especies vegetales, muchas de ellas autóctonas. “Una catástrofe ambiental sin precedentes”.

“El fuego ha sido contenido en las zonas habitadas gracias a los trabajos en la zona y casi no ha avanzado en ellas. Pero hay unas 9.000 personas que han tenido que dejar su casa por prevención. Hay 546 personas en los albergues y la previsión es que al menos durante el lunes no podrán volver a casa. Hay que preservar la seguridad”, ha reconocido Torres en una rueda de prensa.

En la misma, el ministro Planas ha señalado que “el despliegue de medios es el más importante en Canarias y uno de los más importantes en España en los últimos años”. Posteriormente, en declaraciones a la Cadena SER ha añadido que “este martes se incorporan nuevos medios, dos helicópteros desde la Península, un avión de carga y otro de coordinación. Y esta noche de lunes ha llegado un módulo con varios drones para poder visualizar las zonas y poder saber dónde y cómo atacar”.

En total, son más de mil los efectivos humanos y una veintena de medios aéreos -contando los refuerzos que comenzarán a trabajar este martes- implicados en la tarea de controlar y posteriormente sofocar el fuego. Se han unido todas las administraciones: local, autonómica y nacional, con el refuerzo de la Unidad Militar de Emergencia o varios medios aéreos -dos ‘air-tractor’- enviados por Castilla-La Mancha, como ha detallado el propio presidente.

Aún no son bastantes para vencer al enemigo, se lamenta la comunidad canaria en una queja que se ha hecho viral. La plataforma de acción ciudadana Change.org recoge varias peticiones para que se instale una sede permanente de hidroaviones en las islas que agilice el traslado de estos equipos pesados.

Ahora mismo, estornudas y se prende el campo


Todo, para hacer frente no solo a las llamas, sino a las condiciones ambientales, que hasta la caída del sol no pueden ser peores: temperaturas extremas con picos superiores a los 40 grados, vientos de 45 kilómetros por hora y una humedad que apenas supera el 10%. La llegada de la noche, con la bajada de la temperatura, puede suponer un respiro para los equipos de operarios, aunque el nuevo rumbo sur del viento amenaza con convertirse en otro problema en un terreno que, ahora mismo, es puro “combustible”.

“Es que ahora mismo estornudas y se prende el campo”, reconoce Javier Blanco, ingeniero técnico forestal y funcionario del Cabildo de Gran Canaria a EFE. Porque el calor y la falta de humedad no son los únicos riesgos que afronta el campo. Su estado de abandono y descuido ha servido de avivador de las llamas. “Lo que el campo no quema en invierno, arde en verano”, se dice entre quienes conocen este hábitat rural.

Un millón de hectáreas abandonadas

El incendio que lleva ya más de 6.000 hectáreas de recorrido “responde a la nueva tipología de fuegos muy vinculados al cambio climático y a condiciones atmosféricas extremas, con ola de calor, poca humedad y viento fuerte” añade la portavoz de WWF Lourdes Hernández.

“Se han empezado a ver relativamente desde hace poco”, continúa. “El primer gran incendio vinculado a la emergencia climática” se dio en 2017 en Portugal y España, que afectó a Galicia, tras la entrada de un huracán que llegó por primera vez al Atlántico oriental. Por ello pone el foco en la “conservación” del medio natural, una advertencia que comparten los expertos en la prevención antiincendios.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación pone cifras a esta preocupación en su Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE). Más de un millón de hectáreas antes cultivadas ahora son terreno abandonado. Si se plasma sobre el mapa, es lo mismo que decir todo el Principado de Asturias o toda la provincia de Valencia. En esas condiciones, cualquier riesgo se multiplica. Ha ocurrido en Canarias e igualmente en otros territorios como Valencia, Tarragona, Madrid, Segovia, Ávila o el Principado de Asturias. La suma de poblaciones afectadas, año tras año, es interminable. 

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En esa lista son mayoría las localidades con un bajo índice poblacional. Allí, donde el sector primario -ganadería y agricultura- ha sido el motor económico tradicional. Pero, también allí, donde en no pocos casos los ganaderos taurinos, de caprino, de ovino... se han visto obligados a tirar la toalla. Las condiciones de vida no son rentables y hay que huir en busca de nuevas oportunidades lejos de la llamada ‘España vaciada’, esa parte del mapa cuyos lamentos solo se oyen en campaña electoral. 

Abandono por ‘cese de negocio’ y una situación límite para miles de hectáreas de las que nadie, ni personas ni administraciones, se ocupan. Hasta que llegan las llamas a sus malezas y pastos mal conservados. 

En uno de esos terrenos de campo abierto cercanos a Artenara se fraguó otro de los incendios recientes, el segundo por gravedad, con más de 1.500 hectáreas destruidas. Un hombre de 55 años hizo prender la zona al saltarle chispas de un soldador que utilizaba en su domicilio. Nada más tocar el monte seco, prendió con fuerza. El responsable ha tenido que afrontar el pago de 25.000 euros de fianza para evitar la prisión provisional.  

Se echa la noche sobre la isla de Gran Canaria y la llama sigue enfrente, poderosa. Mil operarios luchan a turnos contra el fuego que ya ha quemado uno de los pulmones verdes de la geografía insular. También luchan contra el tiempo. No hay un segundo que perder antes de que vuelva el sol y se recuperen las temperaturas extremas.

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