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24/06/2020 21:02 CEST | Actualizado 24/06/2020 21:02 CEST

La manipulación del patriota ¡antipatriota!

PP y Vox tratan de apropiarse del concepto de patriotismo confundiéndolo con su españolismo, un nacionalismo más.

SOPA Images via Getty Images
Un hombre envuelto en una bandera de española y con una máscara con la enseña nacional. 

Se les llena la boca, especialmente a la derecha. Patriota yo, antipatriota tú. En un país en el que hasta que no ganó la Roja el Mundial de fútbol de 2010, no  existía un sentimiento transversal de patria, capaz de unir a su ciudadanía, el PP y Vox tratan de apropiarse de un concepto que confunden con su españolismo, un nacionalismo más. Les explota cada vez que la patria se les escapa por lo labios. Pasamos del ¡España, España! de los 90 contra los gobiernos de la izquierda a la patria es nuestra, sin detenernos ni un segundo a reflexionar sobre la manipulación de la jugada, común a todos los populismos, empezando por Trump. 

“Antipatriotas son sus socios de Gobierno”, lanza un día sí y otro también Pablo Casado a Pedro Sánchez cada miércoles en el Congreso. “Antipatriotas son ustedes que nos minan en Bruselas”, responden desde el Gobierno al PP, que se ha empeñado en poner zancadillas a España en la negociación para obtener los fondos de la UE y afrontar la  brutal crisis postcoronavirus. El PP se aproxima más los llamados cuatro “frugales” -Holanda, Dinamarca, Finlandia y Austria- que quieren reducir la cuantía y dar créditos, en vez de ayudas a fondo perdido con indicaciones de dónde invertir -nuevas tecnologías, digitalización, economía verde-. Los “frugales” exigen reformas a los del sur, eufemismo que  significa medidas como las austericidas de la última década. 

Pero todos esos gritos dan igual a la mayoría de la ciudadanía. A la segunda vez que sus señorías se escupen en el Congreso, lanzando como perdigones cada letra de patria y antipatriota, el escaso personal que aún les escucha, se desconecta. La patria y el patriotismo del que hablan esta gente tiene poco que ver con lo que siente el común de los mortales. Por ahora, porque la manipulación del concepto, como los bulos, van calando. Hartas de tanto patriota de hojalata, hemos hecho una incursión en el asunto. ¿Qué es es un patriota? Y ¿qué es ser antipatriota? 

Anadolu Agency via Getty Images
El líder de Vox, Santiago Abascal (en el centro), junto a la cúpula de su partido durante una protesta contra el Gobierno. 

Hace siglos que se maneja el concepto patria, desde la Grecia antigua. Pero vayamos a algo mucho más reciente. Maurizio Viroli, un destacado profesor italiano de Princeton y otras universidades de renombre, escribió hace dos o tres años el ensayo Por amor a la patria, donde establecía las enormes diferencias entre patriotismo y nacionalismo y trataba de demostrar que es posible “amar a tu país racionalmente sin caer en el nacionalismo”. Un patriota pone lo público por encima de lo privado, defiende a sus conciudadanos y las mejoras para estos en sanidad, educación, mejores residencias para dependientes y ancianos. Patriotismo es comprometerse con la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. El gobernante patriota persigue el fraude fiscal... Se entiende ¿no? 

Un nacionalista -los españolistas son nacionalistas- se centra en potenciar el idioma, homogeneizar en la enseñanza de ese idioma, primar una cultura sobre las otras. “Y poner muchas banderas en todas las ventanas de su casa, llevar al perro con collar de su bandera y, en los últimos tiempos, alardear con la mascarilla del color de ‘su’ bandera, al tiempo que golpean cacerolas por la tarde, mientras por la mañana estudian como defraudar a Hacienda en su declaración de patrimonio o en a de la renta”, puntualiza un ideológo histórico de los socialistas, quien recuerda que “durante la Transición, no se hablaba de la patria, se hablaba de España y de anti-español, que es de lo que nos acusaban desde la derecha, la de UCD y la ultramontana del PP. ‘¡España!’, se les llenaba la boca”.

Es en la etapa de Zapatero cuando el término antipatriota se recupera por el PP, entra en sus argumentarios con su significado de mal español. “Además de acusarlos de ser cómplices de los asesinos de ETA y de corrupción, la derecha redescubrió el término patria y ya no se apeó de él. Pero ha sido ahora, con Trump, Putin, Bolsonaro -quien pueda que este verano se lea Cómo mueren las democracias, el ensayo de Stanley Levitsky y Daniel Ziblatt que ya arrasaba antes de la pandemia- cuando ha regresado al barro político en España también. Lo que nos está pasando en la era de los políticos populistas, mediocres y de las redes es lo de “America first” que alardea Trump. “España first es de Vox, y le sigue el PP. Y con la ciudadanía detrás”, comenta un politólogo, quien no tarda en remarcar que en el caso español, además, a falta de grandes ideólogos en las filas de la derecha, o se tira de los Steve Bannon o se tira de los periodistas del ramo, que desde la era Aznar han sido los implantadores de “alguna idea” que luego vestía FAES. 

Europa Press News via Getty Images
Imagen de archivo de Pablo Casado y José María Aznar, en un acto de la FAES. 

¿Y a los ciudadanos qué nos importa toda esta historia, patria, nacionalismo, España? ¿Nos duele o no? Lo que nos duele es que nadie se ocupe de nuestros problemas: ¿qué va a pasar si hay una segunda oleada de contagios o si se acaban los ERTE porque no hay acuerdo? Solo cuando tras el 15M nació Podemos, aquella fuerza que se definía como “transversal” -¡qué lejos en tan poco tiempo!-, se decidió utilizar el término patria como sinónimo también de las izquierdas. 

“Estábamos con la resaca del 15M y decidimos hacer una batería de preguntas -era febrero del 2013- sobre conceptos clave, cómo se percibía la crisis económica, la Monarquía o el concepto de patria. Sabíamos que en los años 90, los países con menos orgullo nacional eran Alemania, Japón y España”, recuerda uno de los fundadores de Podemos, que Pablo Iglesias se ha dejado en la cuneta.

“Se trataba de encontrar una idea que atravesara el imaginario nacional, de la que se sintieran más orgullosos los españoles”, recuerda el mismo sociólogo. Y preguntaron a los encuestados por el hecho que más orgulloso les hacía sentirse de nuestro país. Ganó, por goleada, el triunfo de la Roja en el Mundial. Ni el descubrimiento de América, ni la Guerra de la Independencia. Después, se fijaron en otros resultados. En España con la bandera solo se identificaba el 55% de la población -pese a La Roja- frente a porcentajes de por encima del 70% en los países europeos de nuestro entorno. “Lo habían hecho mucho mejor en las comunidades autónomas, donde durante la Transición habían logrado que la gente se identificara con su bandera en un 70%. Y el aspecto del que más nos avergonzamos entonces -es verdad que era un momento caliente con los escándalos en los medios- era el de la corrupción, no de una guerra que había sido incivil”, añade la misma fuente.

Un ciudadano sensato, que ama a su patria, no vota a fuerzas políticas que cuelgan banderas en los balcones mientras ponen zancadillas a su país en Europa.

Fue en ese contexto donde Podemos decidió que sus líderes reivindicarían la patria, porque en el concepto de Vizoli -y de tantos otros desde la Grecia antigua- de ciudadanos que ponen el bien público por encima de lo privado, ni siquiera en el concepto chusco de la banderola en los balcones, alardeando mientras pisas la cabeza al que disidente  y defraudas. “El franquismo se llevó por delante la patria, incluida la patria que dolía como la del 98. La mitad de los españoles no se reconocían en ella y ahora, cuando gritan antipatriotas, es otra falacia. Este país no ha recuperado el sentido honesto de esa palabra. Se la están volviendo a apropiar los herederos del franquismo”, afirma el politólogo. 

“Amar a tu país racionalmente, sin caer en el nacionalismo, es posible”, dice Viroli. Un ciudadano sensato, que ama a su patria, no vota a fuerzas políticas que cuelgan banderas en los balcones mientras ponen zancadillas a su país en Europa durante la negociación de unas ayudas imprescindibles, que benefician a los más pobres, a los desdichados que no van a defraudar en la declaración de la renta porque no tienen qué declarar.

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