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01/06/2021 21:34 CEST | Actualizado 18/06/2021 15:12 CEST

La mascarilla en exterior y con distancia, “la medida más prescindible” actualmente

Dos epidemiólogos analizan los beneficios y los riesgos de relajar el uso de mascarilla en espacios abiertos.

Cezaro De Luca/Europa Press via Getty Images
Madrid, Calle Fuencarral, el 10 de mayo de 2021.

Este artículo se publicó el pasado 1 de junio. Este viernes, 18 de junio, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que a partir del sábado, 26 de junio, las mascarillas dejarán de ser obligatorias en exteriores.

Ya sabíamos que junio era un mes clave para la vacunación masiva entre adultos; ahora sabemos que (probablemente) también lo es para la relajación en el uso de mascarillas. En las últimas semanas, el director del CCAES, Fernando Simón, ha ido dando pistas sobre esta cuestión, pero fue este lunes cuando la posibilidad empezó a materializarse, al menos en la cabeza de muchos. 

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, fue el primero en lanzar el órdago, anunciando en el día de la comunidad que su Gobierno en “coherencia nacional” tiene “la firme determinación de suprimir la mascarilla en espacios abiertos” a lo largo de este mes. 

El anuncio, como es habitual, creó una especie de efecto dominó por el que el resto de comunidades tuvo que posicionarse, y del que Fernando Simón recogió el testigo a última hora de la tarde. “Iremos progresivamente no diría retirando las mascarillas, pero sí modificando la obligación de su uso”, concedió. El epidemiólogo prefirió no hablar de fechas, pero sí reconoció la posibilidad de que, antes de llegar al objetivo del 70% de la población vacunada fijado para agosto—, la mascarilla deje de ser obligatoria en “lugares al aire libre en los que se puedan mantener distancias”. 

A punto de cumplirse un año de la ‘mascarilla universal’

Es probable que mucha gente no lo recuerde ya, pero hace justo un año, la mascarilla sólo era obligatoria en espacios abiertos en caso de no poderse garantizar la distancia de seguridad. El 9 de julio de 2020, Cataluña decidió endurecer esta medida ante la aparición de rebrotes, y el resto de las comunidades fueron sumándose una a una a la nueva norma de ‘siempre mascarilla’, con el fin de evitar la confusión y los descuidos entre la población, y para facilitar el control de que se estaba cumpliendo esta medida. En marzo de 2021, esta norma quedó reflejada en la Ley de Nueva Normalidad—que sólo introduce como excepciones casos de enfermedad o durante la práctica de deporte—, y ahora Sanidad estudia cómo rebajarla mediante un acuerdo con las comunidades.

Los epidemiólogos consultados por El HuffPost lo ven “de forma favorable” al estar el principal riesgo de contagio en interiores. “Se puede plantear como una de las medidas de desescalada que estamos viendo, siempre teniendo en cuenta los indicadores epidemiológicos y sobre todo los niveles de vacunación”, sostiene José Jonay Ojeda, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y portavoz de SESPAS.

La mascarilla en exterior es la primera medida que se podría relajar si la situación lo recomienda

“Estoy de acuerdo en que la mascarilla en exterior es la primera medida que se podría relajar, la más prescindible de todas las que se están tomando, y por tanto la que realmente podría decaer si la situación lo recomienda”, opina también Salvador Macip, doctor en Medicina e investigador de la Universidad de Leicester.  

Pros (a nivel mental) y contras (por el riesgo de olvidarlo todo) 

A falta de saber la fecha y los detalles, el principal riesgo que encuentran a priori los epidemiólogos es que la gente se olvide de las demás restricciones. “Sería contraproducente trasladar a la población el mensaje de que el riesgo ya no existe”, advierte Ojeda. Desde SESPAS recalcan que ven “muy positivo” el dejar de usar la mascarilla “de forma universal”, pero siempre “insistiendo en que el riesgo sigue vigente, sobre todo en interiores o en exteriores cuando no es posible mantener la distancia”, apunta Ojeda. En esos casos “seguirá siendo necesaria, y tenemos que ser muy prudentes en trasladar esto”. 

Salvador Macip coincide con él: “El peligro es que en la mente de la gente se traslade la relajación de la mascarilla también a espacios cerrados, y ahí sí tenemos un problema”. Pero Macip añade otro factor más, el psicológico, que inclina la balanza a favor de la relajación. “Necesitamos la sensación de que las cosas van mejorando poco a poco, y recuperar la libertad de ir sin mascarilla por la calle es útil psicológicamente, mientras que epidemiológicamente no tiene tanto impacto cuando hay pocos casos circulando y hay más gente vacunada”, afirma. “Llevar la mascarilla en exterior cuando no hay aglomeraciones es una precaución con un efecto bajo, y también hay que tener en cuenta el beneficio psicológico que puede aportar su relajación”, señala.

Necesitamos la sensación de que las cosas van mejorando, y recuperar la libertad de ir sin mascarilla por la calle es útil psicológicamente, mientras que epidemiológicamente no tiene tanto impacto

La Asociación Madrileña de Salud Pública va más allá, y el 6 de abril pidió en un comunicado que se retirase la obligatoriedad de las mascarillas al aire libre, al considerarlo una medida “absurda” y “arbitraria”, pues obliga a llevarlas “en entornos de bajo o nulo riesgo, como el campo o las calles de nuestros pueblos y ciudades, mientras mantiene excepciones a su uso en entornos de riesgo probado, como interiores de centros de trabajo”. 

Tanto Ojeda como Macip son conscientes de la necesidad de “un equilibrio” en las medidas de desescalada, entre el abrir la mano poco a poco, los mensajes de las autoridades y el comportamiento final de la población. Ojeda lamenta, por ejemplo, que el uso de la mascarilla en interiores de bares y restaurantes sea una de las medidas menos interiorizadas entre la gente, pese al riesgo existente y pese a las recomendaciones constantes de retirarse el cubrebocas sólo en el momento de comer o beber. Por eso también pide ir con cuidado a la hora de dar los siguientes pasos aperturistas. 

El tema legal, otro obstáculo a corto plazo

El otro escollo para la relajación de esta norma es legislativo, como recordó Fernando Simón este lunes. “Consiste en modificar una ley, y eso no se hace en 24 horas. Lo tenemos que pensar y proponer en las próximas semanas, pero el momento adecuado depende de la evolución de la pandemia y la vacunación”, apuntó. 

Actualmente España tiene una tasa de incidencia media de 120 casos por 100.000 habitantes en 14 días, y el 38,3% de la población ha recibido al menos una dosis de vacuna (el 19,8% tiene la pauta completa). Sin embargo, el primer indicador varía mucho entre comunidades, desde los 35 casos por 100.000 de la Comunidad Valenciana hasta los 199 del País Vasco. 

Ante esta disparidad, también podría aplicarse el ‘semáforo’ epidemiológico para el uso de la mascarilla, pero Sanidad quiere consenso entre las autonomías, y de momento esto no se da. Mientras que Castilla-La Mancha, Madrid y Galicia ya se plantean en mayor o menor medida una relajación, Baleares y Andalucía creen que es pronto para que se discuta, y Extremadura califica de “disparate” la posibilidad de que cada comunidad aplique una norma distinta. Simón mencionó este lunes al Consejo Interterritorial —donde están presentes Sanidad y las comunidades— como el lugar y el momento en los que se dirimirá la cuestión, pero lo más probable es que en la reunión de este miércoles no se resuelva todavía la duda y haya que esperar unas semanas más. 

Qué se ha hecho en otros países con las mascarillas

Probablemente el caso más reciente es el de Israel, cuyos habitantes no están obligados a llevar mascarilla en exteriores desde el 18 de abril, por entonces con algo más de la mitad de su población vacunada. No obstante, el investigador Salvador Macip recuerda que en Reino Unido, donde vive, nunca ha sido obligatoria la mascarilla en el exterior, sólo en caso de no poder mantener la distancia de seguridad, y en general la gente la ha usado con sentido común. “Si estoy paseando por un pueblo, no tengo ningún reparo en ir sin mascarilla, pero si voy al centro de Londres, me la pongo aunque no me obliguen, por una cuestión de conciencia del riesgo”, explica. 

 

Según datos de Statista, España es el país europeo donde hay más gente que sale a la calle con mascarilla por norma (en enero, el 96,4% de la población lo hacía “siempre”, frente al 74% de los alemanes o al 34% de los noruegos). El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) recomienda utilizar mascarilla en interiores, pero para exteriores sólo habla de que “se puede plantear su uso en entornos al aire libre con mucha gente”. En abril, el ECDC aconsejó, además, relajar el uso de cubrebocas entre vacunados, como ya se hace en Estados Unidos, que incluso permite a la población vacunada prescindir de mascarilla en interiores. 

 

Esta fue otra de las posibilidades que mencionó Simón este lunes, que comentó que “podría empezar a plantearse que colectivos completamente vacunados como los de residencias de ancianos no estén obligados a usar mascarillas en julio”. Aunque luego añadió: “Podría ser julio o diciembre”. 

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