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20/05/2019 07:26 CEST | Actualizado 20/05/2019 07:26 CEST

La mujer y la ciencia, ¿misión imposible?

gorodenkoff via Getty Images

La ciencia es bella y es por esa belleza que debemos trabajar en ella, y quizás, algún día, un descubrimiento científico como el radio pueda llegar a beneficiar a toda la humanidad (Marie Curie).

Con esta frase, la gran Marie Curie revelaba un anhelo convertido en realidad. Esta científica, pionera en el estudio de la radioactividad, fue la primera mujer en recibir un Premio Nobel y, hasta la fecha, la única persona que ha recibido dos Premios Nobel en distintos sectores científicos: Física (1903) y Química (1910). Descubrió los elementos Radio y Polonio y sus investigaciones han sido fundamentales en el estudio de la estructura atómica de la materia con múltiples aplicaciones en medicina y otras disciplinas. Curie llegó a equipar 20 unidades móviles con servicios fijos de radiología que la científica distribuyó por los hospitales de campaña durante la Primera Guerra Mundial que permitieron tratar a más de un millón de soldados heridos.

La mujer y su relación con el mundo de la ciencia y la innovación en España no es fácil ya que como en muchos otros ámbitos, la investigación continúa siendo un entorno dominado por los hombres. La situación ha mejorado a nivel nacional y se han estrenado novedosas iniciativas como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia que se celebra el 11 de febrero. Se trata de un acontecimiento recientemente establecido, en diciembre de 2015, por la ONU, el cual ha causado un positivo impacto en nuestro país.

Actualmente, según la UNESCO, sólo el 28% de los investigadores del mundo son mujeres, al igual que en la enseñanza superior, en la cual el porcentaje de estudiantes femeninas corresponde al 35% del total de los alumnos matriculados en carreras STEM (acrónimo en inglés que designa las disciplinas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). Según Eurostat, la proporción de doctoras en ámbitos STEM en la Unión Europea es del 37,1%. Ciertas ramas del saber se resisten aún a la participación femenina. Lo más grave es que el desequilibrio se acentúa a medida que se va progresando y ascendiendo en la carrera investigadora. De hecho, en algunas de esas carreras en las que hay un bajo porcentaje de presencia femenina, en los últimos años, en vez de incrementarse se ha reducido aún más, como el contradictorio caso de la informática. Si en los años 80 se rondaba el 40%, el descenso ha sido significativo y casi ha reducido la tasa a la mitad.

Esto es sólo un ejemplo de muchos de los sacrificios profesionales que debemos afrontar las investigadoras españolas si deseamos conciliar el trabajo con la vida personal.

Como mujer dedicada a la ciencia creo que estamos intentando evolucionar y convertirnos en un sistema productivo y ambicioso, que aspira a ser competitivo en todo el mundo pero en el que todavía existen muchos obstáculos que solventar y por los que queda mucho por hacer. En mi caso particular, las dificultades que me encuentro son pequeños reflejos de lo que todavía es el mundo científico hoy en día. Actualmente soy beneficiaria de una ayuda competitiva de la Xunta de Galicia para la formación postdoctoral. Por el hecho de haber tenido una baja maternal durante la etapa en la que estaba disfrutando del contrato no se me permite solicitar este año (2019) la prórroga del mismo (también en régimen de convocatoria altamente competitiva) ya que, según las cláusulas establecidas, no cumplo el requisito de haber finalizado el programa antes de pedir la segunda parte de este. Esta circunstancia me podría llevar a una situación en la que estaría en inferioridad de condiciones, ya que sólo podría acceder a la convocatoria del año 2020 en la cual, después de un período de casi un año en desempleo, mi currículum, probablemente, no sería tan competitivo como el de mis compañeros. Esto es sólo un ejemplo de muchos de los sacrificios profesionales que debemos afrontar las investigadoras españolas si deseamos conciliar el trabajo con la vida personal.

Por ello, desde nuestras posibilidades, debemos trabajar para lograr la igualdad en la investigación y el reconocimiento justo de los méritos y capacidades de todos, para solo así poder alcanzar la verdadera excelencia científica. Tenemos un largo camino por recorrer: eliminar los estereotipos de género en el ámbito de la ciencia; fomentar las vocaciones científicas en niñas y adolescentes; visibilizar el trabajo de las científicas; conocer las causas de la brecha de género en este campo de conocimiento y promover prácticas que ayuden a eliminarla.

Como decía Eleanor Roosevelt “Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento”. Ánimo que nosotras podemos.

 

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