POLÍTICA
05/07/2019 10:51 CEST

La niña que denunció una violación múltiple en Manresa tiene un trastorno ansioso-depresivo y miedo a que no la crean

Siete jóvenes han sido acusados de agredirla por turnos mientras celebraban un 'botellón' en un fábrica abandonada

La chica de 14 años que denunció ser víctima de una violación múltiple en Manresa (Barcelona) sufre un trastorno ansioso-depresivo por sentirse rechazada en su entorno y por el temor a que no la crean, una situación que se agravó ante la inminencia del juicio, según las psicólogas que la han tratado.

En la sección 22ª de la Audiencia de Barcelona se ha reanudado este jueves el juicio contra siete jóvenes acusados de violar, por turnos, a una menor de 14 años en un botellón en una fábrica abandonada de Manresa, en una sesión en la que se han expuesto las pruebas periciales fruto de las exploraciones médicas y psicológicas a la víctima.

Las especialistas en salud mental que trataron a la víctima -tanto las que la atendieron cuando denunció la violación como las que le han tratado por las secuelas- han descartado que la chica sufra estrés postraumático a raíz de lo sucedido, aunque sí un trastorno adaptativo “absolutamente” compatible con las secuelas de una violación múltiple, por las “dificultades” para asimilar lo que vivió.

En ese sentido, una psicoterapeuta de la Fundación Vicki Bernadet que trató a la chica ha explicado que la menor “mejoró mucho” tras las más de 20 sesiones de terapia a las que asistió, pero seguía sintiendo miedo “a que no la creyeran y a que no hubiera castigo para sus agresores”. 

“Desbordada”

Según la psicóloga, cuando empezó a atender a la menor, tutelada por la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA), la chica se sentía “desbordada”, con crisis de ansiedad por el “temor a posibles coacciones y amenazas por parte de su entorno” y especialmente en el instituto en el que estudia, donde tenía la sensación de que tras los hechos sus compañeros “le hacían el vacío”.

Después de la terapia, la menor mejoró, pero la DGAIA volvió a pedir tratamiento psicológico para ella porque, tras saber las fechas en que se celebraría el juicio, tuvo una recaída de “ansiedad, tristeza y miedo a salir a la calle”.

Las peritos han descrito la “vulnerabilidad” de la víctima, por un entorno familiar “complejo” que la llevó a vivir con su abuela durante la infancia y la adolescencia, bajo tutela de la DGAIA, a lo que se suma una personalidad impulsiva, con trastornos alimentarios y tendencia al consumo de tóxicos.

Según las especialistas, la menor les relató que había sufrido una violación múltiple en una fiesta, pero que lo supo cuando se lo contaron sus amigos, porque ella no recordaba nada de esa noche después de haberse bebido varios cubatas. 

Posteriormente, ha precisado una de las psicoterapeutas, la menor fue recordando escenas “puntuales” de la violación ocurrida, unos detalles por los que las partes tienen previsto interrogarla cuando declare el próximo lunes, en un interrogatorio que con toda probabilidad se llevará a cabo a puerta cerrada y con la protección de una mampara para evitar la confrontación visual con los acusados.

Lo que dicen los informes

Los informes sobre la exploración ginecológica de la chica -que acudió a urgencias tres días después de la violación que denunció- no han resultado concluyentes para aclarar lo sucedido la noche del 29 de octubre de 2016: no presentaba ninguna lesión vaginal, pero, según las médicas, seis penetraciones pueden no dejar rastro alguno.

La exploración de urgencias constató que la chica presentaba una hematoma en el codo y equimosis en un pecho y en la pierna, pero según las peritos se trata de “lesiones leves muy inespecíficas” que tanto pueden ser compatibles con una violación como no serlo. 

Pese a que la menor dijo que pensaba que había caído inconsciente porque le habían añadido en la bebida alguna sustancia tóxica, los análisis de orina no detectaron la presencia de ninguna otra droga, con la excepción de cannabis, que la víctima admitió haber consumido.

La Fiscalía acusa de un delito de abusos sexuales continuados a seis de los procesados -un séptimo está acusado de masturbarse mientras presenciaba la violación, sin impedirla-, por el que les pide penas de entre diez y doce años de cárcel, aunque no descarta elevarlo a agresión sexual si de la declaración de la joven se desprende que fue sometida mediante violencia o intimidación. 

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