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14/05/2020 10:23 CEST | Actualizado 14/05/2020 10:23 CEST

La nueva normalidad de la hostelería no aparca el humo del tabaco

Algunos países han comenzado a aplicar restricciones al tabaco ante una pandemia que puede durar años.

Europa Press News via Getty Images
Una terraza abierta durante la fase 1 de la desescalada, en Sevilla. 

Mi prima Silvia ha dejado de fumar por el coronavirus. No lo hace por salud. La covid-19 mandó al paro a Óscar, su marido. Lo intentó otras veces y no pudo, pero en esta ocasión era seguir fumando o comida en la mesa para los dos y para su hija Eva, gimnasta en ciernes. “Comida porque era para mi familia. Si hubiera sido para mí habría elegido tabaco”, me cuenta. Se ha quitado a palo seco, sin parches, sufriendo el mono. Sueña con tabaco. 

En medio de esta pandemia que penaliza a aquellos sin un sistema inmunitario fuerte y unos pulmones en forma -además del sobrepeso, ser pobre, sanitario, la edad o todo lo anterior- es más que posible que algunos de los más de ocho millones de fumadores que tiene España hayan pensado en dejar de fumar por salud y no por motivos económicos. ¿Por qué el Gobierno durante el estado de alarma ha mantenido abiertos los estancos, calificando el tabaco, de facto como un bien de primera necesidad? Habría que analizar qué coste en infecciones, y en vidas, ha tenido mantener intacta la cadena de suministros.

¿Es prioritario proporcionar una sustancia que agrava el SARS-CoV-19 a ocho millones de españoles? Es debatible, pero conforme avanzamos en una pandemia que durará años, no tomar medidas drásticas contra el tabaquismo tiene un coste económico para el sistema sanitario y queda mucho trabajo por hacer incluso a la hora de recoger datos de los pacientes que fuman. La cardióloga Regina Dalmau, expresidenta del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, confirma que en el ingreso de muchos enfermos de Covid-19 “no se recogen siempre los antecedentes de tabaquismo, aunque sí que se recogen las cardiopatías isquémicas o EPOC. Luego, de cara al alta no se se hace de forma sistemática el consejo sobre abstención tabáquica”. Quizás el Gobierno deba diseñar una estrategia que vaya más allá de advertencias genéricas sobre los peligros del tabaco en tiempos de pandemia. ¿Cuál será el coste a corto, medio y largo plazo de no reducir drásticamente el número de fumadores en España? En los últimos 10 años, 550.000 personas murieron por efectos del cigarrillo.  

Las tabaqueras son un lobby poderosísimo que, como explica exposetobaco.org, presiona a gobiernos de todo el mundo, incluido el español, para conseguir pasar de puntillas por una pandemia pulmonar e inflamatoria. Solemos olvidar que grandes compañías privadas han auspiciado guerras contra países. La Compañía Británica de las Indias Orientales forzó dos guerras del Opio entre 1839 y 1860, cuando China se negó a seguir comerciando con un narcótico que arrasaba la población. Comparado con aquello, surfear una pandemia montada en un producto que causa ocho millones de muertos en todo el mundo lo pueden hacer sin despeinarse.

Mi prima Silvia sabe que recaerá en cuanto pueda permitirse salir a una terraza con sus amigas. Todas fuman y, además, ofrecen.

Algunos países han comenzado a aplicar restricciones al tabaco ante una pandemia que puede durar años. Sudáfrica, con 57 millones de habitantes, un 20 por ciento de población fumadora y 162 muertes por Covid-19 prohibió la venta de tabaco el 26 de marzo y lo ha mantenido pese a las presiones de la industria. En la India, con un 18 por ciento de población fumadora entre los hombres, la venta de tabaco es ilegal desde el 15 de abril. Rusia, el cuarto mayor mercado del mundo, con un 59 por ciento de hombres fumadores, cerró el 30 de marzo las plantas que Phillip Morris, British American Tobacco y Japan Tobacco International tienen alrededor de San Petersburgo al considerar el tabaco como un bien no esencial, aunque solo por unos días. Las amenazas de las tabaqueras son siempre las mismas: mercado negro, pérdida de ingresos para los estados y, ahora, lo que llaman las “revueltas del tabaco”.

Kertan Deedha, director del Departamento de Neumología de la Universidad de Cape Town, en Sudáfrica, defiende la prohibición en Sudáfrica de esta manera: “fumar está asociado con la regulación del receptor ACE-2, que es la puerta por la cual el virus SARS-CoV-2 penetra en el tracto respiratorio. Fumar revierte la protección natural de las células e incrementa la susceptibilidad a muchas infecciones,incluyendo la influenza, la neumonía bacteriana y la tuberculosis. Los resultados clínicos de fumadores con infecciones del tracto respiratorio son peores. Con la covid-19, a través de los mismos mecanismos, fumar incrementa la posibilidad de sufrir neumonía y de requerir una mayor uso de instalaciones hospitalarias, y de apoyo respiratorio, especialmente en personas con condiciones pulmonares preexistentes como la EPOC”. Se puede decir más alto pero no más claro.

España, con un 34 por ciento de población fumadora según la encuesta EDADES de 2018 del Ministerio de Sanidad, procede a abrir la hostelería en la desescalada sin prohibir el humo en los espacios exteriores. Con dos pandemias entrelazadas, las terrazas pertenecen ya a los fumadores con mascarilla de quita y pon y colillas infectadas en ceniceros. Mi prima Silvia sabe que recaerá en cuanto pueda permitirse salir a una terraza con sus amigas. Todas fuman y, además, ofrecen. 

 

Ubaldo Cuadrado es periodista y portavoz de Nofumadores.org

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