"La pandemia ha aumentado la manipulación del discurso de los menores en caso de divorcio conflictivo"

Entrevista con Sheila Queralt, perito en lingüística forense.

Sheila Queralt es lingüista forense. No, no estudia las lenguas muertas ni usa la Ouija para hacer su trabajo. Y sí, sí consigue que las palabras delaten delitos. Dirige el único laboratorio privado de España dedicado específicamente al peritaje judicial de textos escritos o muestras orales, de referencia en el mundo de habla hispana. Su currículum es brillante y extenso, es una verdadera experta en Lingüística Forense. Tiene numerosos másteres, publicaciones científicas, distintos cargos profesionales y varios libros. El último se llama Atrapados por la lengua: 50 casos resueltos por la Lingüística Forense (Larousse) y ya se puede reservar.

Hablar con ella es un placer, hace que te sientas cómodo. Es natural, alegre, cercana y fácil de tratar. En esta entrevista nos aclara los principios básicos de la Lingüística Forense, nos descubre los entresijos de esta profesión y nos avanza pinceladas de su nuevo libro.

Pregunta: Eres una detective de la lengua…

Respuesta: Sí (ríe). Una lingüista forense analiza textos escritos o grabaciones para aportar pruebas lingüísticas en investigaciones privadas, policiales o judiciales.

¿Cuáles son los principales casos en los que la lingüística forense es la protagonista?

Estos análisis lingüísticos permiten identificar la autoría de cualquier tipo de texto; determinar si hay plagio; desambiguar cláusulas de contratos; identificar voces; definir perfiles lingüísticos para hacer un “retrato robot” a partir de la forma de hablar o de escribir (origen geográfico, sexo, edad, nivel educativo…); reconocer si hay un acto delictivo en el lenguaje usado como amenaza, difamación, chantaje, soborno o acoso; detectar una posible coacción en declaraciones policiales o ante el juez; descubrir si hay manipulación en las grabaciones; o evaluar traducciones jurídicas o interpretaciones judiciales.

Pero, en realidad, la lingüística forense puede contribuir prácticamente en cualquier proceso…

Sí. Los dictámenes periciales que emitimos son una prueba más. Siempre nos referimos a la complementariedad evidencial, es decir, hay que considerar el conjunto de pruebas, ninguna es más importante que otra. Aunque también es cierto que, a veces, llegan a nosotros porque no tienen más pruebas y creen que ya no tienen nada que hacer. En esos casos, les ayudamos cuando están estancados o cuando deben reconducir la investigación. Hay que destacar que nuestros peritajes, dependiendo del asunto, pueden ser decisivos como, por ejemplo, en casos de plagio, de desambiguación de una cláusula o del análisis de una amenaza en los que raramente se aportan más evidencias.

¿Llegan en última instancia porque la lingüística forense no es muy conocida?

¡Es una gran desconocida! La verdad que cada vez menos, pero en absoluto es la primera opción en la que se piensa. A veces, buscan información por internet y nos encuentran. Otras, llegan a través de la policía o de profesionales forenses de otros ámbitos con los que colaboramos. Esta disciplina lleva muchos años, pero todavía no está demasiado presente. Queda una labor importante de divulgación, a pesar de llevar tiempo esforzándonos en explicar, tanto en España como en el resto de países hispanohablantes, qué es y cómo puede ayudar.

“A veces, recurren a la Lingüística Forense cuando la investigación está estancada.”

¿Ese desconocimiento es un hándicap para un negocio privado especializado en lingüística forense?

Está claro que, si la gente conociera más nuestra especialidad, tendríamos más peticiones de periciales en lingüística forense. Recibimos un 60% aproximadamente de encargos por parte de personas a título privado, casi siempre a través de sus abogados; un 30%, de la policía y un 10%, de los jueces. Aun así, cada vez nos piden más periciales y, cada año, el Laboratorio SQ-Lingüistas Forenses crece porque intentamos incorporar a un investigador nuevo, aunque no es fácil encontrar buenos profesionales y bien formados.

¿Cómo se prepara alguien para ser un buen lingüista forense?

Primero debe tener estudios universitarios de lengua, ya sea traducción e interpretación, filología, lingüística aplicada… para tener conocimientos sólidos de las teorías y las metodologías del análisis de la lengua. Después, debe hacer un máster en Lingüística Forense, que antes se podía cursar en España, pero ahora solo se puede hacer en el extranjero, lo que conlleva que les enseñen los análisis del inglés y no profundicen en el análisis de la lengua española y su dialectología. Y, por último, deseablemente debería hacer un doctorado para especializarse en alguno de los campos de la lingüística forense y adquirir el nivel de precisión necesario para este tipo de trabajo. No se trata de corregir textos ni de juzgarlos, se trata de analizarlos al detalle, describirlos y detectar marcas lingüísticas únicas, propias del autor.

Seguro que no sirve cualquiera…

Tiene que ser meticuloso, paciente, ético, cauteloso y responsable con lo que hace para saber hasta dónde puede llegar y si es capaz de defender sus análisis en un juicio.

Supongo que la experiencia ayudará.

La experiencia es imprescindible, sobre todo para valorar bien y no precipitarse en dar una conclusión. Al principio cuesta no hacerlo, porque este trabajo es pasional, motiva y engancha. Pero hay que saber reflexionar. Yo nunca entrego un dictamen sin antes irme a dormir y pensar con la almohada “¿si fuera la parte contraria diría lo mismo o no?”. Siempre lo hago. También hay que saber tejer los hilos de la pericial para no dejar ninguno suelto. No solo consiste en emitir los dictámenes, sino en pensar cómo me podrá atacar la otra parte y adelantarme a eso. Esa es la perspectiva más forense.

Dices que reflexionas los casos con la almohada. ¿Cuáles son los que no te dejan dormir?

Los casos que más me cuestan a nivel personal son los relacionados con menores, sobre todo con abusos infantiles. Pero también son los que más satisfacción me dan cuando somos capaces de localizar a los agresores o a los pedófilos. Analizamos las conversaciones de chat y los mensajes que envían a las víctimas o entre los miembros de un grupo organizado. Los lingüistas forenses también formamos a la policía para que sea capaz de suplantar la identidad de un menor en los chats y, así, poder engañar al pedófilo.

“En los casos de pornografía infantil analizamos los chats con las víctimas para ayudar a localizar al pedófilo.”

Los casos con menores son horribles…

Pues la pandemia, sobre todo el confinamiento, ha incrementado los casos de divorcio, de violencia de género y las manipulaciones de los discursos de los menores. Nos llegan muchos casos en los que tenemos que analizar si el discurso que pronuncia el menor está siendo influenciado, de algún modo, por uno de los progenitores, especialmente en casos de divorcios conflictivos.

¿Cómo detectáis esa manipulación?

Para determinar si un menor está siendo influenciado analizamos las ideas y los conceptos clave que repite, la frecuencia de repetición y si lo hace utilizando las mismas palabras, entre otras variables. Generalmente, el discurso está relacionado con atributos o hechos negativos del otro progenitor y el tipo de vocablos que utiliza, los focos de crítica o los actos (si insulta, desvaloriza, menosprecia… al otro progenitor) nos dan pistas de la posible influencia sobre el menor. Se deben tener presentes las características propias de cada niño, el entorno, la casuística y, así, establecemos qué sería lo esperable en el discurso de ese menor en particular. No suele suceder que el adulto le dicte al menor lo que quiere que diga, sino que el adulto le repite frecuentemente ciertas ideas que el menor va absorbiendo y las desarrolla de forma natural. Este dictamen que hacemos es una prueba para iniciar una denuncia o para aportarlo en el juicio si ya está en marcha el proceso judicial.

Entonces, ¿la pandemia ha cambiado los casos que os llegan?

También hemos visto más casos de famosos acosados por haters, seguramente porque han tenido más tiempo para estar en las redes sociales. Han llegado a nosotros después de que las herramientas informáticas no diesen ningún resultado para identificar a los autores, porque suelen utilizar redes de anonimato. También analizamos distintas cuentas para determinar si se trata de un grupo de acosadores o un único acosador con distintas cuentas. Nuestro análisis cualitativo es más preciso.

Pensaba que la tecnología era una aliada de vuestro trabajo.

Lo es, pero solo como una ayuda. Siempre debemos hacer un análisis cualitativo. De hecho, a veces nos contratan contrapericiales de estos sistemas automáticos o casos en los que esta tecnología no puede hacer nada porque la calidad del audio o la duración de la muestra no lo permiten. Por ejemplo, tenemos programas que detectan el plagio, pero hay partes del texto que no las consideran como plagio, ya sea porque no están en su base de datos, porque están traducidas de otro idioma o porque se ha reformulado muchísimo. Nosotros vamos más allá, observamos si hay algún párrafo que no tiene el mismo estilo o si se trata de una cita mal hecha.

¿Crees que, algún día, la inteligencia artificial acabará con vuestro trabajo?

No creo, porque la experiencia y la mirada del experto es imprescindible. Más bien todo lo contrario, estamos teniendo algunos casos en los que hacemos periciales analizando voz producida por inteligencia artificial cuando se clona la voz de una persona, como en la estafa del CEO, en la que se hacen pasar por el jefe para pedir una transacción inmediata de dinero. También tenemos casos de textos producidos automáticamente por máquinas. Es más, hemos asesorado para que una inteligencia artificial sea más natural, como en los sistemas virtuales de atención al cliente.

“En el caso de Diana Quer era imposible saber si ella había escrito un correo electrónico que solo tenía una línea.”

En tu nuevo libro conoceremos 50 casos en los que la lingüística forense ha sido crucial. En él explicas cómo los clientes ganaron 1,8 millones de euros ¡gracias a la lingüística forense!

En 2018 me encargaron el análisis de un artículo del convenio colectivo de una empresa de ambulancias de Extremadura. Había discrepancias entre la empresa y los trabajadores, ya que, a menudo, el lenguaje administrativo y jurídico de estos documentos complica la interpretación. Le di vueltas a las frases del artículo para establecer las relaciones sintácticas y semánticas entre los elementos de la fase y, sobre todo, el tipo de relaciones jerárquicas entre los componentes, entre otros análisis. Al final, diez de los trabajadores consiguieron sentencias favorables que sumaban 600.000 euros. Pero se espera que los 45 reclamantes hagan que la empresa tenga que pagarles 1,8 millones de euros en total.

También hablas del caso Diana Quer por un supuesto correo que envió.

El correo decía: “Estoy bien necesito estar un tiempo fuera de España”, y se atrevieron a asegurar que fue ella quien lo escribió. Con una frase tan corta y plana, es decir, en la que no se observa ninguna estructura lingüística marcada, es imposible determinar la autoría. Y mucho menos saber si lo ha escrito manipulada bajo la influencia y presión de alguien. Generalmente, con lo mínimo que trabajamos es con 300 palabras. Pero no solo tenemos en cuenta la cantidad, sino también la calidad. Necesitamos que el texto tenga marcas, algo relevante que nos de información sobre el autor.

Un caso en el que habéis trabajado es en el misterioso asesinato de Helena Jubany, que se reabre 19 años después…

El asesinato de Helena Jubany es ciertamente inquietante. En 2001, asesinaron a Helena después de recibir, semanas antes, un par de notas anónimas. Entonces, enviaron a prisión preventiva a dos conocidas suyas porque las consideraron presuntas autoras del crimen. Unos meses después de encarcelarlas, una de ellas se suicidó en su celda dejando una nota que decía que era inocente. Finalmente, en 2005, el juez archivó la causa porque consideró que no había suficientes pruebas para sustentar la acusación.

En 2018, nosotros hicimos un análisis de los anónimos que recibió Helena y pudimos determinar que se podía descartar, con una alta probabilidad, que la autora fuera la chica que se suicidó en la cárcel. Además, realicé un perfil lingüístico de los anónimos, pero, de momento, tampoco se puede comprobar la autoría porque nos falta material del que actualmente es el principal investigado (la pareja de la otra chica) para poder comparar. Con esta información, organizamos un grupo de investigación junto a ambas familias para solicitar la reapertura del caso que ha sido aceptada este año. Ahora se ha reabierto el caso y, si contamos con ese material, podremos contribuir a la nueva investigación veinte años después de lo ocurrido.

¿Qué esperas conseguir con el nuevo libro?

El objetivo principal de este libro es hacer divulgación de la lingüística forense al público general. La idea es explicar cómo la lengua puede ayudar a toda la ciudadanía y a los agentes judiciales en sus investigaciones para que nadie se quede sin beneficiarse de una pericial de este tipo. Al final, lo que la lingüística forense pretende es aportar pruebas judiciales para conseguir una justicia más justa.