POLÍTICA
12/06/2020 07:08 CEST

La pandemia tiene rostro de mujeres competentes

Un puñado de mujeres, el grueso de ellas dentro del Gobierno, han dado la talla a la hora de gestionar una tragedia brutal e inhumana.

La progesterona funciona mejor que la testosterona; la empatía femenina se ha revelado clave para gestionar y adaptarse a una situación desconocida como la actual, junto con la rápida capacidad de respuesta para apagar fuegos iniciados por los machos alfa. Porque hay otra forma de hacer y resolver las cosas: la gestión femenina ha llegado para quedarse por eficaz.

Fue un artículo de la revista Forbes el que prendió la mecha para destacar que en los países gobernados por mujeres la gestión contra la pandemia era mejor. Aquí nos hemos quedado en los ataques al Gobierno contra los rostros de Sánchez e Iglesias, pero en tiempo de mediocres numeritos vergonzosos en el Congreso y de aprovechar la situación para sacar tajada, no somos menos que en el resto del mundo. Un puñado de mujeres, el grueso de ellas dentro del Gobierno, han dado la talla a la hora de gestionar una tragedia brutal, inhumana, que no puede quedar tapada por la política del vómito. Otra cosa es que se cuente.

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Inés Arrimadas. 

Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos

Sin tener poder ejecutivo, ha sido sin duda la que más ha influido con el giro que le ha dado a su partido. Su apoyo al estado de alarma, ante el frentismo de PP y Vox, ha logrado resituar a Ciudadanos de la noche a la mañana. Sus famélicos 10 diputados, tras perder 47 en las últimas elecciones, han dado para mucho. Ha mandado un mensaje de sensatez a tantos españoles que no entendían nada y se sonrojaban al ver las sesiones en el Congreso. Y ha puesto frente al espejo al PP, logrando desmarcarse de la foto de Colón, que tanto les ha perseguido.

Le ha servido también internamente para desprenderse de lastre. Ha crecido políticamente y se ha construido una imagen al margen de su mentor, Albert Rivera. La negociación de las condiciones del apoyo al estado de alarma la ha llevado directamente con Carmen Calvo. 

“La pandemia ha hecho que nos tengamos que replantear todo y nos ha hecho tomar posiciones más allá de la ideología, porque hay cosas que no se pueden politizar porque están por encima, y la salud es una de ellas. En Ciudadanos hemos hecho la reflexión de que no íbamos a alimentar banderas ni frentismos. Han muerto miles de personas, esta sociedad está con estrés posttraumático. Viene una crisis social y económica importante. Hay que olvidarse de peleas y enfrentamientos. Queremos recuperar ese centro del que nos alejamos con una estrategia que nos llevó a tener 57 diputados y casi dar el sorpasso al PP, pero que no funcionó en las últimas elecciones”, apunta uno de sus colaboradores más cercanos. 

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Yolanda Díaz. 

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo

Un descubrimiento para sus colegas y la mayoría de la ciudadanía. La ministra de Trabajo, de Podemos, es la nueva Diego López Garrido para el PSOE. Sin que se entere Pablo Iglesias, que puede convertir una excelente relación en odiosa si descubre que Díaz va ganando poder y vuelo propios.

Está más alineada con las ministras del PSOE que con Podemos, o eso piensan sus compañeras. Ha tenido un papel clave en la negociación con empresarios y sindicatos -conoce la materia- en asuntos como en el salario mínimo. Pero además, en el tablero de los próximos meses es un alfil definitivo, porque tras los pactos sociales que tiene que conseguir con sindicatos y patronal se articulará la respuesta a la gravísima crisis que ya está aquí. Y esos pactos, con Díaz de muñidora, servirán de referente a los demás partidos políticos, mal que les pese a PP y Vox. El “buen rollo” con sindicatos y patronales debe contagiar al pacto político.

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Carmen Calvo. 

Carmen Calvo, vicepresidenta primera

Desde su cama, aún enclaustrada por ser víctima del bicho covid, se levantó para negociar con Arrimadas las prorrogas del estado de alarma. Adriana Lastra, la portavoz del PSOE que ha negociado con el resto de los partidos, no le dirige la palabra a Arrimadas desde que ésta sacó un currículum en el Congreso, echándole en cara que no era universitaria.

Calvo también ha tenido que mediar estos tres meses en los continuos desaguisados que se producen entre el concepto de feminismo del equipo del Ministerio de Igualdad, en manos de Irene Montero, y el de las mujeres socialistas, bregadas en mil batallas que ahora no se dejan colar goles de dudoso cuño en un ámbito tan de vanguardia.

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Adriana Lastra. 

Adriana Lastra, portavoz parlamentaria del PSOE

Habría que correr un tupido velo sobre el acuerdo con Bildu en una de las votaciones del estado de alarma, pero lo mejor es abordarlo. Cumplió órdenes desde La Moncloa -todo apunta a Pedro Sánchez e Iván Redondo- que estaban aterrados ante los soplos de que quizá Marcos de Quinto, el adinerado expresidente de Coca-Cola que estaba contra Inés Arrimadas, votara en contra de la prorroga y arrastrara tras de sí a cuatro o cinco diputados más que aún no le son fieles a la líder de Ciudadanos.

Salvando el desdichado asunto de Bildu, Lastra avanza lenta como una tanqueta, cada día hace mejores intervenciones parlamentarias y, lo más importante, ha tomado el tranquillo a las negociaciones con el resto de los partidos de la cámara. Ha sido la muñidora que ha sacado adelante las prórrogas del estado de alarma estos tres meses.

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Teresa Ribera. 

Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta

El plan de la desescalada es suyo, a pesar de que Iván Redondo vendiera que ella lo había hecho mal y tuvo que meterse él a enmendarlo y se la relegara a un segundo plano. Pero por poco tiempo, porque Ribera —cuyo fuerte carácter es de sobra conocido— pergeñó los plazos, acaba de hacer una intervención en el Congreso más que brillante y Sánchez sabe de su prestigio internacional -en la UE y fuera- y confía en ella para conseguir financiación en las comisiones para la reconstrucción, tanto en Bruselas como en Naciones Unidas, tan imprescindibles con la que está cayendo.

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Nadia Calviño. 

Nadia Calviño, vicepresidenta tercera

Oro molido, dicen sus compañeras. Tan agotadora como Ribera o Díaz por las horas que mete al trabajo. En su ministerio se comenta que casi no duerme. Desde su aspecto de niña buena es capaz de plantar cara al presidente del Gobierno y a las voces de Pablo Iglesias cuando aseguran que los pactos con Bildu se cumplen.

Calviño tiene claro que a Europa —su otra casa es la UE— ella no va a vender barbaridades. Y planta su cargo sobre la mesa. El presidente no puede dejar que se largue una mujer que es firme aspirante a presidir el Eurogrupo —ya está a puntito— y que es su garante ante Bruselas de que las cosas en política económica se van a hacer con garantías. Dato que no descubre nada: no soporta a Pablo Iglesias, pero guardan las formas.

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Margarita Robles. 

Margarita Robles, ministra de Defensa

Ha sido la única mujer del cuadro de mando. Durante la crisis ha enfatizado la labor que las fuerzas armadas han desplegado, proyectando una imagen a la que estamos menos acostumbrados, interviniendo humanitariamente allá donde más se necesitaba, rescatando a los ancianos abandonados a su suerte. Pedro Sánchez tiene confianza total en ella, de la misma manera que la actual titular de Defensa confiaba en él como líder del PSOE cuando todo estaba en su contra. Es muy discreta.

Le encanta el mando y se encuentra como pez en el agua entre militares, a los que defiende y pone en valor constantemente, tratando de erradicar esa imagen antigua del Ejército e insistiendo siempre en que son modernos militares del siglo XXI. Al frente de Defensa, se ha ganado el respeto de las fuerzas armadas, que hablan maravillas de ella en privado, ha visualizado a las mujeres militares y está convencida de que la fidelidad de sus mandos no está en cuestión. Es partidaria de decir lo que uno piensa, sobre todo en momentos complicados para que no haya confusión. Por eso no le importa bufar a Iván Redondo y a Miguel Ángel Oliver cuando se comenten fallos que considera intolerables. 

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Reyes Maroto. 

Reyes Maroto, ministra Industria y Turismo

Ha elaborado todo el plan de turismo y, como la mayoría de ellas, su característica base es que es una currante. Le llegó el cargo cuando aún tenía poca experiencia -o ninguna- en la gestión política, pero aprende a marchas forzadas.

El sector del Turismo, el 12% del PIB de este país, basado en el sol que no hemos fabricado, empezó despotricando contra el Gobierno de coalición por los cierres durante la pandemia, la desescalada, etcétera. Maroto ha sido capaz de reconducir la situación, aun a pesar de meteduras de pata como el anuncio de las fronteras el 15 de junio, y luego el 1 de julio. Solo que, en este contexto de improvisación en una circunstancia desconocida, los errores reconocidos y enmendados terminan disculpándose. A ella, las patronales del turismo la disculpan y hasta apoyan.  

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Arancha González Laya. 

Arancha González Laya, ministra de Exteriores

Ha trabajado mucho en paliar y reconducir la imagen externa que ha estado dando la derecha del país en el extranjero. Ha hecho infinidad de entrevistas con corresponsales extranjeros y en su estilo sordo pero contundente, ha desdibujado la estrategia dañina de la derecha en el exterior.

Su candidatura a la Organización Mundial del Comercio va a quedar en deseo si Nadia Calviño culmina la presidencia del Eurogrupo, pero el sello de Laya va dejando rastros importantes en la diplomacia internacional. Sánchez lo sabe y parece que lo valora.

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María Luisa Carcedo. 

María Luisa Carcedo, exministra de Sanidad

Con Arrimadas y Yolanda Díaz forman la triada del descubrimiento para el público —el que ha seguido las cuitas políticas de estos meses— porque, como representante de los socialistas en la Comisión de Sanidad, ha destacado mucho más que la que le tocó como ministra Sanidad en la breve legislatura anterior.

Su intervención en el Congreso de los Diputados el miércoles 9 de junio en defensa del Ingreso Mínimo Vital quedará como uno de esos cortes que se irán recordando durante años frente al cinismo de Vox y de PP.

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