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25/02/2021 07:12 CET

La situación crítica de este laboratorio deja en evidencia las condiciones de la ciencia en España

El grupo, que dirige José Antonio López, puede perder a dos "brillantísimas investigadoras" por la falta de recursos.

José Antonio López
De izquierda a derecha: José Antonio López, Raquel Bello-Morales, Sabina Andreu e Inés Ripa.

La pandemia del coronavirus ha desnudado las vergüenzas en la que se encuentra la ciencia en España. Muchos laboratorios pequeños llevan años cuadrando cuentas y haciendo malabarismos para poder continuar con su único objetivo: investigar para lograr beneficios para la sociedad.

El laboratorio de José Antonio López, director del grupo Neurovirología del departamento de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los que representan esta situación, especialmente en las últimas semanas. A pesar de ser uno de los más productivos respecto a los recursos que tiene, la crisis económica provocada por la pandemia ha puesto en jaque, concretamente al borde del mate, a este centro madrileño.

Desde hace más de tres años han contado con la financiación de una empresa canaria que hacía las funciones de mecenas y que les ha permitido aumentar la investigación en la implicación de los herpes en la neurodegeneración y desmielinazación.

En estos años han multiplicado su producción de artículos científicos en revistas del sector de primer nivel internacional: en 2020 llegaron a publicar siete y en este 2021 llevan uno y dos en proceso. Buenas cifras partiendo que hasta abril solo contaban, además de con López, con la investigadora predoctoral Inés Ripa y la doctora y docente Raquel Bello-Morales.

En 2020 y con motivo de la pandemia, decidieron ampliar y abrir una segunda línea de investigación en coronavirus catarrales utilizando antivirales y viricidas (su laboratorio es de nivel seguridad dos y para trabajar con el SARS-CoV-2 se necesita uno de nivel tres). López solicitó una beca, pero por un error suyo se la denegaron. Tampoco recibió una ayuda de la plataforma que se creó desde el CSIC. Sin embargo, sí que obtuvieron la financiación de una empresa canaria, que les propuso investigar a través de la Fundación Severo Ochoa el dióxido de cloro como posible viricida.

Sabina Andreu
Sabina Andreu e Inés Ripa.

En ese momento a Ripa y Bello se unió Sabina Andreu, una joven oscense de 23 años que acababa de comenzar su predoctorado en Microbiología. Estos casi diez meses han servido para que el grupo siguiera demostrando su valía.

Sin embargo, el impacto económico provocado por el coronavirus ha cambiado todo. La empresa con la que mantenía una vinculación desde hace casi cuatro años ha entrado en crisis y ha tenido que dejar su mecenazgo.

“Han tenido que prescindir de trabajadores y no se sostiene mantener una actividad social cuando tienes a tus empleados en malas condiciones. Tenemos una gran relación, les estaremos eternamente agradecidos porque nos han hecho pasar de ser casi marginales a ser uno de los grupos más prolíferos de la toda la UAM. Queremos tener esperanza de que esto cambiará y volveremos”, describe López.

La segunda empresa también se ha visto afectada por el impacto económico que ha causado el virus a todos los niveles: “El contrato era de 60.000 euros, pero también está teniendo problemas, así que se dejó de financiar a mitad del convenio”.

Tras estas dos horribles noticias, el laboratorio de López se ha quedado únicamente con el presupuesto de un plan nacional, que cuenta que es un total de 100.000 euros para tres años del que ya han gastado uno: “Ese dinero es para fungible. Ahora no tenemos otra fuente de ingresos”.

Esto ha repercutido en las investigadoras, ya que el laboratorio no tiene viabilidad económica para seguir pagándolas. Andreu directamente ha recibido el finiquito y acabará su contrato en marzo, mientras que Ripa podrá continuar algún mes más, pero su situación también está en el aire.

José Antonio López
Sabina Andreu, atendiendo a la explicación de José Antonio López.

“Vamos a intentar hacer lo imposible para que no sea así. Inés incluso rechazó otra oferta de un centro más importante por continuar con nosotros porque le interesaba nuestra línea”, explica López, que reconoce que están en deuda con ellas. 

De hecho, Andreu reconoce que están empezando a derivar gastos para ver si pueden estirarlo el máximo posible: “Tenemos un artículo científico pendiente de publicación y nos estamos planteando si publicarlo o no, por ahorrarnos esos gastos, ya que no suelen bajar de 2.000 euros”.

La posibilidad de emigrar al extranjero

En caso de que no se solucione y tenga que decir adiós a ambas investigadoras, López asegura que las ayudará en todo lo posible. Desde su laboratorio colaboran a nivel internacional con otros grupos en Escocia o Estados Unidos, así que las podría recomendar, aunque él se resiste a perderlas.

Andreu, hasta el momento, confiesa que no ha mirado nada en el extranjero, pero sí que afirma que fuera de España se mima más al investigador español. En el predoctorado, según explica, en la mayor parte de destinos ya cobraría algo más de lo que lo hace aquí (ronda los 1.100 euros al mes) y daría un notable salto económico una vez lo consiguiera. 

Como ella, se encuentran la mayoría de sus compañeros de universidad y de máster que han podido continuar con el doctorado. Una situación que representa perfectamente a los pequeños grupos. 

Pese a todo, López espera que desde la Universidad Autónoma de Madrid se haga un crowdfounding para encontrar los 120.000 euros que necesitarían para pagar a dos investigadoras los próximos tres años. Reconoce que desde su impactante intervención en laSexta Noche ha recibido multitud de correos de gente que le gustaría apoyarles.

Por ello, se resigna a que tanto él como España puedan decir adiós a Inés y a Sabina: “Hemos sido uno de los laboratorios más productivos de la universidad. Si no estuviera convencido de que este país puede perder a dos brillantísima científicas no estaría tan desesperado”.

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