La vacunación está a punto de empezar, pero la normalidad aún queda lejos

Lo rápido que podamos volver a la normalidad dependerá de muchas variables, pero la vacuna no será el milagro instantáneo que algunos piensan.

El mundo entero lleva nueve meses esperando con ansias la vacuna contra el coronavirus, pero no será el milagro instantáneo que algunos se piensan.

De hecho, se estima que más de la mitad de la población mundial no estará vacunada hasta 2022.

Kate Bingham, presidenta de la organización de vacunas Vaccine Taskforce, asegura que lo más probable es que llevar mascarilla siga siendo necesario hasta ese año, momento en el que podrían reanudarse las reuniones familiares y las fiestas con normalidad.

¿Y qué pasa con 2021? Lo rápido que podamos volver a la normalidad dependerá de muchas variables, como la cantidad de vacunas que aprueben el año que viene y su disponibilidad.

Cada potencial vacuna requiere un plan independiente de distribución porque cada una tiene características distintas: a qué temperatura se debe conservar, cuánto tiempo aguanta una vez abierto el envase, cuántas dosis hay que administrar...

La vuelta a la normalidad también dependerá de la eficacia real de la vacuna. Hasta ahora se ha hablado mucho de que la vacuna de Pfizer y BioNTech reduce la gravedad de la enfermedad entre quienes la contraen, pero aún no se conoce del todo su eficacia a la hora de frenar la transmisión.

Tanto la vacuna de Pfizer como la de Oxford reducen la incidencia de infecciones sintomáticas y “probablemente” reducen el factor R0, lo que contribuye a mantener la transmisión bajo control, expone el doctor Paul Hunter, de la Universidad de Anglia del Este (Reino Unido), pero aún no se sabe con certeza y es necesario seguir investigándolo.

La campaña de vacunación empieza en España este domingo 27 de diciembre en una residencia de Guadalajara con la vacuna de Pfizer y BioNTech. La administración es voluntaria y gratuita. Se realiza por fases, según factores como el riesgo de morbilidad, el de exposición, el socieconómico y de transmisión, como explicó el ministro de Sanidad, Salvador Illa.

“Va a ser un proceso cadencial, cada semana iremos recibiendo dosis y las distribuiremos a las comunidades autónomas”, ha explicado el responsable de Sanidad.

En el Reino Unido, donde 137.000 personas han recibido la primera dosis desde que comenzó su campaña el 8 de diciembre, se estima que se tardará casi un año en administrar las dos dosis a toda la población. Y eso siempre y cuando no se produzcan contratiempos de suministro y distribución.

Chris Whitty, jefe de la autoridad médica inglesa, advierte de los peligros de levantar las medidas de seguridad frente al coronavirus —uso de mascarilla, limitaciones en restauración...— demasiado pronto por un exceso de confianza en la vacuna. Si se intenta volver a la normalidad en marzo, por ejemplo, una gran cifra de personas vulnerables (aunque no fueran las más vulnerables) contraerían la infección y sufrirían patologías graves y, en muchos casos, la muerte.

Por ello, Whitty insiste en que la inmunidad de rebaño solo llegará cuando se sepa con certeza que la vacuna administrada a la población también reduce la transmisión, algo que aún se desconoce.

El especialista asegura que ni siquiera en ese momento habremos alcanzado el punto de riesgo cero, pero llegará el momento en el que los líderes de cada país tendrán que preguntarse qué nivel de riesgo están dispuestos a asumir para retirar la obligatoriedad de esas medidas de seguridad.

El profesor John Edmunds, experto en creación de modelos de enfermedades infecciosas de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical, reitera que, sin saber con certeza si las vacunas reducen la transmisión, “es muy difícil decir cuándo podremos volver a la normalidad, más allá de la obviedad de que aún falta mucho”.

Según explica, el proceso de vacunación es muy lento y, al principio, las primeras personas vacunadas son las que menos suelen contribuir a la transmisión de la enfermedad: los más mayores.

“Aún queda mucho para estar suficientemente protegidos por la vacuna y poder volver a la normalidad de forma segura. Básicamente, eso solo sucederá cuando acabemos de vacunar a toda la población, no ahora que estamos empezando”, avisa.

Cada persona necesita dos dosis de la vacuna de Pfizer y BioNTech con 21 días de separación entre una y otra, lo que duplica el número de vacunas necesarias. Las vacunas de Oxford/AstraZeneca y Moderna, por su parte, están en proceso de aprobación, pero una vez aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento, cada país contará con un mayor número de dosis disponibles.

Por ello, el número de personas que deben estar vacunadas antes de plantear la vuelta a la normalidad es, a día de hoy, imposible de saber.

El doctor Stephen Baker, microbiólogo molecular y experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Cambridge, comenta que aunque es “genial” tener una vacuna (más las que están a punto de llegar), para alcanzar la inmunidad de rebaño será necesario que suficiente porcentaje de la población reciba la vacuna o haya superado la enfermedad, y que esas personas mantengan cierto grado de inmunidad en el tiempo para reducir la transmisión del virus.

El nivel de inmunidad de cada persona variará según qué vacuna reciba, de modo que es peliagudo intentar calcular el porcentaje de personas que deben vacunarse.

La inmunidad de rebaño contra el sarampión se alcanza con una inmunización del 95% de la población. Para la Covid-19 se han dicho muchas cifras y aún no se puede saber con certeza, pero es plausible que se requiera un 90%, que es mucho, sostiene el doctor Baker. Para ello, habrá que vacunar al menos a dos tercios de la población.

“¿Es posible? Es una gran pregunta, porque hay muchas incógnitas. Por ejemplo, aún no sabemos cuánto dura la inmunidad que confiere cada vacuna”, señala Baker. “Si esa inmunidad dura mucho tiempo, perfecto, estaremos inmunizados varios años. Si solo dura entre 12 y 24 meses, quizás necesitemos otra vacuna, y eso solo complicaría las cosas”.

Pero también hay que tener en cuenta factores como las posibles cepas que vayan surgiendo, como la que se ha detectado recientemente en el Reino Unido. “Es posible que el virus mute ligeramente, la vacuna pase a funcionar algo peor y se produzcan mutantes de escape, lo que provocaría que la gente contrajera la enfermedad pese a estar vacunada”.

Una estimación conservadora es que para verano, la mitad de la población ya esté vacunada, pero seguiría habiendo millones de personas con riesgo de contraer la enfermedad y fallecer, pese a no formar parte de los grupos de población más vulnerables.

“Muchos jóvenes sanos de entre 20 y 50 años no van a recibir la vacuna todavía”, comenta Baker. “Aunque sean las personas con menor riesgo de desarrollar un cuadro grave, probablemente tengan el mayor riesgo de transmisión”.

“Si estas personas no van a estar inmunizadas hasta dentro de un tiempo y volvemos a la normalidad ya, habrá una gran transmisión entre personas de entre 20 y 50 años”.

“Va a ser complicado”, avisa. “No va a ser tan sencillo como inmunizar a todo el mundo antes de verano y adiós pandemia”.

Todo esto no quiere decir que en 2021 no vayan a relajarse las restricciones. Lo más probable es que la gente pueda volver a estar con sus seres queridos, sobre todo al aire libre en verano, cuando se espera que descienda la transmisión. Lo que está claro es que este 2021 todavía no le diremos adiós del todo a las mascarillas, al teletrabajo ni a la distancia interpersonal.

“Quizás tengamos la suerte de erradicar la enfermedad a través de la inmunización, pero hasta ahora solo lo hemos logrado con la viruela”, recuerda el doctor Baker.

“Es posible, pero llevará tiempo. El coronavirus seguirá con nosotros una temporada si no logramos inmunizar de verdad a todo el mundo y comprender mejor su funcionamiento para evitar que regrese”, concluye.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.