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30/09/2020 10:58 CEST | Actualizado 30/09/2020 10:58 CEST

La "viuda negra"

A cada mujer que ejerce la violencia no han dudado en llamarla “viuda negra”, porque de ese modo relatan una historia común a todas ellas, la de una “mala mujer”.

Vera Storman via Getty Images
Un ejemplar de 'Latrodectus mactans'. 

Hoy (28-9-20) prácticamente todos los medios de comunicación hacen referencia al inicio del juicio de la “viuda negra”, y sólo con esa mención todo el mundo sabe de qué va el tema. Si hubieran dicho que comienza el juicio del “saltamontes verde” nadie sabría a qué se refiere el proceso, y tendrían que leer toda la información para averiguarlo.

La simple referencia a la “viuda negra” ya permite saber que se trata de “una mujer que ha asesinado a su marido”, sin presunciones y sin dudas, porque llamarla “viuda negra” es llamarla asesina. Basta que una araña, la Latrodectus mactans, según leo, que habita en una pequeña parte del planeta (EE.UU., México y Venezuela), mate al macho tras la cópula, para que cualquier mujer que asesine a su marido sea conocida por esas referencias.

Y llama la atención porque la violencia asesina de los hombres contra las mujeres ha estado presente a lo largo de toda la historia, y aún en el presente, según el último informe de Naciones Unidas (Global Study on Homicide 2019), el 82% de los homicidios en las relaciones de pareja son llevados a cabo por hombres contra mujeres, sin que se haya creado una referencia ni una metáfora que pueda identificar gráficamente y de manera directa a estos hombres asesinos, que actúan una media de 60 veces cada año. No existe, por ejemplo, el término “escorpión asesino” o “alacrán criminal” que pudiera simplificar la idea de lo ocurrido y la información al decir, “el escorpión asesino de Santander ha sido condenado a 17 años de prisión”, para que todo el mundo supiera de qué iba el tema.

Más bien ocurre lo contrario, y lo que se dice de ellos es que se trata de un “buen vecino”, un “buen padre”, un “hombre muy trabajador”… como vemos en las informaciones televisivas cuando tras un homicidio por violencia de género le preguntan a alguna persona del vecindario.

La diferente forma de tratar, conceptualizar y considerar la violencia ejercida por los hombres y la violencia ejercida por las mujeres en un mismo contexto, revela la esencia de lo que es la construcción cultural de género que hay alrededor de la que llevan a cabo los hombres.

Unas diferencias que parten de los objetivos y motivaciones utilizadas desde las razones dadas por una cultura que niega, invisibiliza y oculta bajo el límite del umbral crítico de cada momento la violencia de los hombres, y que cuando superan dicho límite minimizan y justifican con argumentos que restan responsabilidad a los agresores (alcohol, drogas, trastornos mentales, maldad…). Por eso no han definido un nombre para todos estos asesinos a pesar de las miles de oportunidades que han tenido para hacerlo a lo largo de la historia, porque si lo hacen pondrían de manifiesto que hay elementos comunes en todos los homicidios por violencia de género, y que estos elementos están relacionados con la masculinidad y con el machismo; y eso es algo que no sólo no quieren reconocer, sino que buscan ocultar sistemáticamente. Su argumento siempre es el de las circunstancias y el contexto, para que cada caso sea único y ajeno al hombre que lo lleva a cabo, por eso insisten tanto en llamar a esta violencia “familiar o doméstica”, así no es el machista quien mata, sino la “fuerte discusión” o los “problemas que tenían”.

En cambio, a cada mujer que ejerce la violencia no han dudado en llamarla “viuda negra”, porque de ese modo relatan una historia común a todas ellas, la de una “mala mujer” que mata al marido en un momento de indefensión, aprovechándose se su confianza y amor para quedarse con su dinero y, muy probablemente, irse con otro hombre al que también terminará matando.

La violencia no tiene género, matan hombres y mujeres, pero el género sí tiene una violencia que hace que sean los hombres los autores mayoritarios de los asesinatos en las relaciones de pareja (82%), y que luego la sociedad lo minimice con los argumentos de su cultura androcéntrica.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor. 

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