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23/02/2021 15:28 CET | Actualizado 23/02/2021 17:24 CET

Las batallitas del 23-F, ¿qué les importan al 40% de jóvenes parados?

El reto de los políticos es conectar con las generaciones más jóvenes, que no vivieron el intento de golpe de Estado.

EFE / Emilio Naranjo
El rey Felipe VI posa junto con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas, la presidenta del Congreso, Meritxel Batet, la presidenta del Senado, Pilar Llop, y el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, a su llegada al Congreso de los Diputados con motivo del 40 aniversario del 23-F.

Dos pastores alemanes y un labrador chocolate de la Casa Real entraban por el pasillo del Congreso poco antes de las 12 de la mañana para detectar que no había ningún explosivo. Junto con las tribunas de prensa montadas frente a las escaleras de la puerta de los leones, anunciaban que esta era una mañana diferente. El 40º aniversario del golpe de Estado fallido del 23-F. Y aquí está Felipe VI, no su padre.

El acto había arrancado a eso de las 11 horas cuando ERC, Soberanistes, Junts, BNG, EH Bildu, la CUP y el PDeCAT han leído un comunicado conjunto, asegurando que aquí no hay una democracia plena, en contra de lo que denominan como régimen del 78, resultado de una “operación de Estado”.

Tras el duro comunicado contra la Transición, los representantes de estos grupos parlamentarios, que se declaran defensores de la libertad de expresión todos estos días, no han admitido preguntas. Momento en el cual, el veterano periodista Miguel Ángel Aguilar les ha espetado: “O sea, que los periodistas estamos aquí de decorado”. En una democracia plena, como ellos reivindican, los partidos nacionalistas no habrían tenido miedo a enfrentarse a las preguntas de los medios de comunicación.

Los representantes de estos partidos, que se declaran defensores de la libertad de expresión, no han admitido preguntas

Mientras en este palacio unos y otros discuten por erigirse en guardianes de las auténticas esencias de la democracia, un 40% de jóvenes en paro trata de encontrar su lugar en esta sociedad, de lograr un trabajo y de poder pagar una vivienda. ¿Cómo conectar a las generaciones más jóvenes, que no vivieron el intento de golpe de Estado, con lo que este martes se conmemora en el Parlamento? Ese es el reto, porque el hecho es que a los jóvenes no les llega. El 23-F es la batallita de abuelo frente a sus problemas diarios.

El 23-F es la batallita de abuelo frente a sus problemas diarios

“Para mí, celebrar un triunfo de la democracia contra quienes quisieron acabar con ella, es importante. Ahora bien, cuando el 40% de los jóvenes está en paro, el sistema democrático está en riesgo. Las sociedades pueden aguantar un cierto grado de desigualdad, pero lo que está pasando es un caldo de cultivo para que los diversos populismos cuajen”, reflexiona el diputado socialista, expresidente del Congreso y ex lehendakari, Patxi López.

El acto de este martes es un símbolo de todo lo que se puede perder para unos y el precio que hay que pagar por no perderlo para otros. Esta última es la versión a la que se agarra Podemos, que trata de atraer ese voto perdido para el que prepara sus escenificaciones.

El vicepresidente Pablo Iglesias se para en una esquina de la calle Zorrilla —la parte de atrás del Congreso—. “¡Qué zorrillo!”, ha comentado un colega, con ironía. Se trataba de soltar su propio discurso jugando a ser aquel joven que el 15-M se manifestaba a unos pasos de la institución de la que ahora forma nada menos que como vicepresidente segundo del Gobierno.

El Rey llega solo, entre exiguos gritos de fans que lanzan los ”¡viva el rey!”. Algo que suena extraño escuchar ahora que la figura de la monarquía está menoscabada, por mucho que Felipe haya aprovechado para reivindicar el papel de garante de la democracia de su padre en aquella larga noche. Allí estaba él, siendo niño-príncipe, con esa inquietud de ser consciente de que algo muy grave que estaba pasando podía tener serias consecuencias para su familia. Y el país.

Las consecuencias son de otra índole para los nacionalistas y otros partidos de la Cámara. El duro manifiesto de las formaciones independentistas no estaba firmado por la coalición liderada por Iglesias, pero en los pasillos del Congreso, diputados como Gerardo Pisarello, de En Comú Podem, refuerzan las dudas sobre la calidad democrática. “A esos jóvenes en paro se les tiene que explicar que uno de los objetivos del 23-F fue moderar las demandas sociales y en parte tuvieron éxito. Hay una lectura que mitifica el 23-F y es que se salva la democracia, pero quedó muy limitada y con los lastres que padecemos. Entre 1979 y 1980, en los mayores momentos de conflictividad social, surge ese 23-F y los movimientos de reivindicación social se paran porque se instala el miedo. Hay conceptos como la inviolabilidad del Rey, que se convierten en un privilegio”, señala.

Ciudadanos, que como Podemos, pretendía liderar la segunda Transición —acuérdense de que Albert Rivera hasta celebraba sus reuniones en Ávila, la tierra de Adolfo Suarez, en 2015—, se muestra ahora menos dispuesto a cuestionar la Transición. Marta Martín, una de las pocas diputadas supervivientes de esa época, dice que “hay que hacer pedagogía, para que los jóvenes entiendan lo que significa vivir en un sistema libre, en el que se respetan los derechos”. 

Y así, bajo las mascarillas y las distancias, ha transcurrido la mañana. Dos de los personajes más interesantes de la ocasión, Miquel Roca y Miguel Herrero de Miñón —los únicos padres de la Constitución vivos— observaban la espalda del Rey. Quizá compadeciéndole.

Detrás de ambos padres y con muy pocos metros de distancia entre ambos, Pablo Echenique —el portavoz de Podemos que ha montado el lío con el tuit de apoyo a las manifestaciones de Barcelona— e Iván Espinosa de los Monteros —el portavoz de Vox, cuyo partido aseguró que el acto de hoy se montaba para injuriar al Rey— ni se han mirado. Echenique, motorizado, tampoco ha mirado al Rey en el besamanos. Espinosa se ha cuadrado. Y pese a todo, no son lo mismo. Como no fue lo mismo Santiago Carrillo que Blas Piñar.

Queda por observar quien estará en la tribuna esta tarde, un par de minutos después de las 18:20 horas, cuando aquellas señorías oyeron los tiros y ”¡quieto todo el mundo!”. Lástima, la experiencia es una de las poquísimas cosas que no se puede trasplantar.

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