POLÍTICA
01/06/2021 07:03 CEST

Las causas contra Ghali, el líder del Polisario por el que ha estallado la crisis con Marruecos

La Audiencia Nacional interroga hoy por primera vez al mandatario saharaui por dos querellas por presuntas torturas.

Ramzi Boudina via REUTERS
Brahim Ghali, durante un encuentro en el campo de Dakhla, Argelia, en 2019. 

Se llama Brahim Ghali y es uno de los fundadores y dirigentes del Frente Polisario. Desde julio de 2016, además, preside la República árabe Saharaui Democrática (RASD). Ni su nombre ni su rostro eran particularmente conocidos en España hasta que el pasado 17 de mayo Marruecos abrió su frontera y dejó pasar a Ceuta a más de 8.000 personas. Rabat estaba enfadado porque este hombre, de 72 años, estuviera ingresado en un hospital español aquejado de coronavirus, tratado por cuestiones humanitarias. 

Ahora, desde el hospital de Logroño en el que sigue ingresado, Ghali declarará hoy por vía telemática en la Audiencia Nacional (AN), por un proceso que poco tiene que ver con la llegada de migrantes a la ciudad autónoma pero que se arrastra de viejo, una investigación seria y peliaguda sobre supuestas torturas a saharauis que no comulgan con su línea. Una doble querella por genocidio y lesa humanidad por la que no ha respondido antes, incapaz como ha sido la justicia española de localizarlo para poder declarar. 

La polémica llegada de Ghali a España, más allá del revuelo sobre cuándo y cómo lo supo el Gobierno, si entró con nombre falso o con pasaporte diplomático, ha permitido al juez Santiago Pedraz reactivar un caso estancado, que arranca con una denuncia del activista Fadel Mihdi Breica, presentada en 2020, y otra la de la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos (Asadeh), que data de 2012. Breica, un ciudadano español de origen saharaui, se querelló contra Ghali y otros miembros del Polisario -algunos ya fallecidos- por presuntas torturas sufridas en los campamentos polisarios de Tinduf en 2019 por parte de militares. Pide investigar delitos de detención ilegal, torturas y lesa humanidad.

Por ahora, Ghali está citado a las 10.00 horas para responder sobre esta querella y más tarde lo hará por la segunda, impulsada por Asadeh en 2008 y que se acabó archivando en 2020 ante la falta de respuesta de Argelia a una petición cursada tres años antes.

Los denunciantes exponen en sus recursos una larga lista de delitos por genocidio, asesinato, terrorismo, torturas y desapariciones, sufridas en los campos de refugiados saharauis de Tinduf, donde se encuentra parte de la comunidad saharaui escapada del dominio marroquí, con la protección de Argelia. Los hechos, indican, tuvieron lugar entre 1976 y 1987.

En la base de la denuncia se habla de las supuestas víctimas como “prisioneros de guerra” y ciudadanos saharauis, “especialmente por los de origen español, en manos del Frente Polisario”. A su juicio, esta organización retiene “contra su voluntad a miles de saharauis (...) con la complicidad de las autoridades de Argel”. Esa situación es la que deben aclarar ahora los jueces españoles de la Audiencia Nacional. 

Fuentes jurídicas citadas por la Agencia EFE sostienen que es de prever que las acusaciones soliciten medidas cautelares contra Ghali, “para asegurar su permanencia ante la Justicia española”. Sin embargo, estas mismas peticiones se llevan repitiendo desde que se supo de su estancia en España pero nunca han dado fruto.

Ni siquiera se le ha retirado el pasaporte para evitar su fuga, que era su petición más liviana, menos aún se les ha concedido su entrada provisional en prisión. Al denegar una de estas peticiones, el juez dejó constancia de que no existen “indicios claros de participación en las conductas recogidas en la querella” de Asadeh. 

Ramzi Boudina via REUTERS
Brahim Ghali (derecha), felicitado en los campos argelinos tras su ascenso en el Frente Polisario. 

 

Complicada declaración

Ghali, hasta ahora, se ha estado librando de esta declaración. Los jueces intentaron interrogarlo en 2016 y 2019, cuando tuvieron conocimiento de que iba a pasar por España, pero fue imposible localizarlo, citarlo en tiempo y forma y convocarlo a la Audiencia con garantías ya que terminó anulando sus viajes por el riesgo de arresto.

Ahora, cuando ya era evidente su presencia en nuestro país, se le envió la citación al hospital donde se recupera, pero también entonces puso problemas: se negó a firmar su citación ante el juez y adujo que necesitaba consultarlo con la embajada argelina, con cuya protección y pasaporte contó para el traslado a España. 

Al final, tras unos días de incertidumbre, la notificación y su recepción se completaron, Ghali firmó y dejó el caso en manos de un abogado recién designado, el especialista en Derecho Penal Internacional, Manuel Ollé. Las condiciones pactadas fueron una declaración telemática, debido a su debilidad y necesidad de mantenerse ingresado. Ghali hizo un comunicado en el que afirmaba que “respeta a la Justicia española” y quiere “desmontar la estrategia de Marruecos de criminalizar al líder del Frente Polisario”, puesto que la querella ha sido “impulsada por Rabat para crear un conflicto a España y el Frente Polisario”, denuncia. De ahí que ahora haya dado el paso de declarar. 

La Asociación de Víctimas del Terrorismo de Canarias (ACAVITE) ha liderado un movimiento, que ha arrastrado ya a otras 13 organizaciones similares de otras regiones españolas, para pedir también la detención de Ghali pero por otra causa: lo acusan de instigar los ataques y secuestros de marineros canarios y de los atentados registrados en los yacimientos de FosBucraa entre 1973 y 1986. Señalan que tienen documentados al menos 300 ataques, ejecutados sobre todo con bombas, y a las órdenes del mandatario ahora ingresado en Logroño.  

Una vida de armas y diplomacia

La vida del líder del Polisario arrastra todos los males de su pueblo, el saharahui, desde que quedó abandonado por la potencia administradora, España, y ocupado por el vecino Marruecos, en el que es aún el último territorio de África pendiente de descolonización, el Sáhara Occidental. Brahim Ghali nació en 1949 en Smara, cuando el territorio estaba integrado como colonia en el África Occidental Española. Tras la guerra de Ifni y la cesión por parte de España de Cabo Juby a Marruecos, en 1956, los territorios de Saguía el Hamra y Río de Oro conforman, entre 1958 y finales de febrero de 1976, la provincia 53 como Sáhara español. Hasta entonces, los saharauis, entre ellos Gali, tuvieron documentación española.

A finales de los años 60, ingresó en las Tropas Nómadas, un cuerpo auxiliar el ejército español, y participó en las primeras movilizaciones que reivindicaban la independencia del Sáhara. Fue uno de los fundadores del Movimiento Nacional de Liberación Saharaui (1969), primero, y del Frente Polisario (1973), después. protagonizó ataques contra las tropas españolas destinadas en la zona y se puso al mando del llamado Ejército de Liberación Nacional Saharaui. 

En febrero de 1976, cuando España se marcha del Sahara, el Polisario proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), hoy reconocida por 82 países del mundo, y Ghali ocupa el cargo de ministro de Defensa y otros mandos militares hasta 1991. En este tiempo, lideró acciones militares contra España, Marruecos y Mauritania, todas naciones implicadas en la falta de soberanía de su pueblo. 

En el 91 se firmó un algo el fuego, aceptado tanto por el Polisario como por Marruecos y roto el pasado noviembre, y la supervisión de la ONU, por más tibia e improductiva que sea, enfrió el enfrentamiento en la zona. Así que Ghali aparcó su faceta más castrense y viró hacia la presión diplomática, convirtiéndose en representante del Frente Polisario en España entre 1999 y 2008 y en Argelia, de 2008 a 2016. Su papel es especialmente trascendente por cuanto se trata de dos países clave en la resolución del conflicto del Sáhara: el viejo colonizador y el que guarda a los refugiados. En julio de 2016, tras la muerte de Mohamed Abdelaziz, se convirtió en presidente la República Árabe Saharaui Democrática.

Su trayectoria, su influencia y su poder lo convierten en una figura esencial en la lucha de su pueblo por la autodeterminación, pero la denuncia doble ante la Audiencia Nacional demuestra que, también, hay controversia sobre su quehacer, con las voces críticas de su gestión y la del Polisario de una crisis enquistada y sin visos de solución. 

¿Se calmará todo cuando deje España?

Marruecos ya ha avisado de que la “grave crisis” abierta con España no terminará con la comparecencia de Ghali ante el juez Pedraz, sino cuando “España aclare sin ambigüedades sus elecciones, sus decisiones y sus posiciones” en relación al Sáhara Occidental, según señaló ayer el ministerio marroquí de Exteriores en un comunicado.

No hacía falta verbalizarlo: la presencia de Ghali en España puede doler y activar el botón de la indignación del rey Mohamed VI y sus represalias siguientes, pero en sí mismo no es más que una muestra de que el problema saharahui sigue sin cerrar y de que España no está dando los pasos que a Marruecos le gustaría que diera.

Rabat se siente robustecido tras el espaldarazo de EEUU sobre el asunto: antes de irse, el expresidente norteamericano Donald Trump avaló la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental y puso a Madrid en la tesitura de decir algo, siendo como es la potencia administradora a ojos de Naciones Unidas. Incluso, Mohamed VI afea a España que habla más con Argelia o con Mauritania, los otros países afectados por el conflicto. 

Ceuta fue un aviso. El enfrentamiento sigue abierto y dependerá también en gran parte de cómo la Unión Europea lo aborde como propio, como frontera exterior sur que es España de club comunitario,  de la mediación de aliados como Francia para rebajar la tensión. Ghali no ayuda, pero ni sana ni hunde las relaciones entre Rabat y Madrid. 

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