BLOGS
21/07/2018 08:06 CEST | Actualizado 21/07/2018 08:06 CEST

Las claves de la semana: ¡Joder, qué tropa!

Ríanse de la división de la izquierda. Lo que viene en la derecha superará con creces cualquier episodio cainita de los vividos al otro lado del espectro ideológico en los últimos tiempos. Ha sido estrenar el PP la democracia interna y salir a la superficie todas sus miserias. ¡Joder, qué tropa!, que diría Romanones, y repetiría Rajoy con mucho conocimiento de lo que había en su partido. Pedro Sánchez debe estar dándose un atracón de pipas en La Moncloa, y eso que tampoco gana para disgustos: que si el lío de RTVE, que si se complica lo de la exhumación de los restos de Franco; que si le va a estallar sin comerlo ni beberlo la bomba de neutrones sobre el pasado del rey emérito ...

Pero esta semana se impone hablar sobre todo de la condición humana, la lucha por el poder, la traición, la intriga, las facturas pendientes, los agravios pasados, los orgullos, la irrefrenable ansia por el control... y la crisis de la derecha.

EFE

Por partes. No es que las primarias hayan roto el PP, en realidad el partido estaba hace años descompuesto. Lo que ocurre es que la fractura estaba oculta tras el poder institucional, pero esto no hay ya quien lo contenga. Sea Santamaría o sea Casado, es difícil creer que quien gane hoy las primarias sea capaz de cerrar una herida que supura desde el Congreso de Valencia, aquel cónclave en el que Rajoy logró zafarse del "aznarismo", no sin antes haber sido ninguneado por las huestes de quien lo antecediera en el cargo.

Desde entonces, todo fue una gran mentira. Ni tenían el censo de militantes que decían ni eran ejemplo de unidad por mucho presidencialismo y mucha jerarquía que se impusiera. Hace diez años que sorayos y cospedalos se juraron odio eterno igual que el mariananismo y el aznarismo se ponían a parir por las esquinas y los reservados capitalinos.

Aznar llevaba tiempo pidiendo la revancha y ha encontrado ahora en la candidatura de Casado la mejor forma de cobrársela. Porque si Soraya no es más que una alumna aventajada de Rajoy que trata de recuperar el honor perdido del "marianismo", su contrincante aspira a hacer lo ídem en favor de un "aznarismo" harto de lamerse las heridas por el desprecio de un Rajoy que se hizo dueño absoluto del partido y al que nadie tosía.

¿Quién ganará la partida? Si el cuerpo electoral de la segunda vuelta de las primarias fuera el mismo que el de la primera, la lógica diría que la victoria será de Casado, ya que el "antisorayismo" representado en las candidaturas de los otros cinco candidatos superó con creces el numero de votos que sumó la exvicepresidenta. Pero, como no es ese el caso, sino que ahora quienes votan ya no son militantes sino compromisarios -y la mayoría son cuadros del partido con hipotecas y facturas-, nadie se atreve a asegurar que el resultado vaya a ser en estos términos.

De momento, Santamaría ha sabido tejer una red de apoyos orgánicos importantes durante la campaña, a pesar de que durante sus años monclovitas no hizo muchos amigos y de que nunca fue una abnegada militante que cuidara o defendiera las siglas en los momentos más delicados. Todo lo contrario. Su deporte favorito fue trabajar para sí misma desde la mesa del Consejo de Ministros y ponerse de perfil cuando venían mal dadas. De ahí que ahora vaya a necesitar algo más que el "porque yo lo valgo" y "porque soy mujer" para imponerse a Casado.

Claro que en la primera vuelta de estas primarias, en la que ganó a Casado por poco más de 1.000 votos, la militancia tampoco se puede decir que premiara el papel de Cospedal cuando ponía la cara en las ruedas de prensa para que se la partían ante los casos Gürtel, Púnica, los papeles de Bárcenas o el máster de Cifuentes.

La secretaria general del PP no es que perdiera frente a Soraya el 5 de julio, sino más bien fue humillada con un pírrico tercer puesto que la sacó para siempre de la pista en favor de su enemiga más íntima y de uno de sus segundos, el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado.

Aunque el joven Casado no es en absoluto un recién llegado, ya que formó parte de la dirección actual y jamás se le escuchó una crítica a la gestión del Gobierno de Rajoy, tuvo en la primera vuelta la habilidad de presentarse como un candidato sin hipotecas y ajeno a las luchas de poder que encarnaba la necesaria renovación generacional. Un dibujo de sí mismo que quedó difuminado por completo en los últimos días de campaña al rodearse de algunas viejas glorias del PP y del sector más ultra del partido, el que comparte frontera ideológica con VOX. Al erigirse en guardián de las esencias de los días de vino y rosas del aznarismo, una parte de los compromisarios podría entender su elección como una involución ideológica que les alejaría del centro político.

La partida se presenta pues reñida hasta en las expectativas. Uno y la otra han hecho unos cálculos sobre el resultado con los que la suma de ambos supera incluido el 100 por ciento de los compromisarios con derecho a voto. Los dos llegan al final de la campaña tan igualados que el resultado puede dirimirse en un puñado de votos. De ahí que todos los ojos hayan estado puestos en el papel de un Mariano Rajoy que en público ha cumplido con el compromiso de no interferir en el proceso y, en privado, ha practicado la neutralidad activa con cada llamada en la que se quejaba amargamente de los ataques de Casado a su gestión de gobierno.

Aznar, por su parte, ha hecho lo propio en cada una de sus intervenciones públicas, mucho más desde que se supo que el Comité Organizador no le había cursado siquiera invitación al congreso. La decisión de no contar para la clausura del cónclave con quien fue fundador y máximo responsable del partido, además de presidente de honor, da idea de la división por la que atraviesa el PP. Ni en sus congresos más convulsos al PSOE se le ocurrió jamás semejante desplante con un Felipe González que tampoco ahorró críticas a todas las direcciones federales socialistas que sucedieron a las suyas.

Tampoco olviden la importancia de los discursos de los candidatos ante el plenario porque, en una competición tan reñida, todo cuenta. Y el equipo de la ex vicetodo lleva días escuchando opiniones al respecto entre quienes tienen experiencia en competiciones reñidas más allá del universo popular. El de Casado cuenten con que ha sido supervisado por la factoría ideológica de la FAES.

Hasta aquí la semana más decisiva de cuantas haya tenido el PP de los últimos tiempos. La política española aún vive pendiente de un resultado que promete ser reñido, que abrirá sin duda una senda de división por la que jamás transitó antes la derecha y que modificará, según quien sea el elegido, las expectativas electorales del resto de formaciones políticas, en especial del PSOE y de Ciudadanos.

P.D. Ya si eso, lo del bochornoso espectáculo parlamentario que el Gobierno ha fomentado a costa de la renovación del Consejo de RTVE se lo contamos en otro momento. Hasta el lunes, disfruten de la superproducción montada por los populares al estilo de los mejores capítulos de House of Cards. Hay tanto cinismo y tanta ambición como en la serie que llegó a lo más alto del podio seriéfilo.