INTERNACIONAL
23/03/2021 07:18 CET | Actualizado 23/03/2021 07:23 CET

Las claves de las cuartas elecciones en Israel en dos años

La gestión de la pandemia del coronavirus y el bloqueo político marcan los comicios.

Oded Balilty / AP
Carteles electorales en Ramat Gan, Israel.

Israel vuelve a las urnas. Este martes más de seis millones de israelíes están llamados a votar en sus cuartas elecciones en dos años con la gestión de la pandemia del coronavirus y el bloqueo político como los principales ejes de los comicios. 

Los israelíes, según el medio Haaretz, saben que es posible que este martes no conozcan quién será su primer ministro ni qué partidos formarán coalición para gobernar, ya que se espera que el recuento de los resultados se alargue días y las negociaciones semanas. Estas serán también las elecciones más caras de Israel, que supondrán un coste de 170 millones de euros para garantizar el voto también, a los enfermos por la covid-19. 

El resultado volverá a estar reñido, según los sondeos. Sin embargo, el Likud, del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se sitúa como favorito en las encuestas, incluso tras un juicio por corrupción. Mientras, su principal rival es el candidato centrista Yair Lapid, con una estimación de entre 16 y 19 escaños. Lo complicado llegará tas el recuento. Entonces será el momento de formar alianzas en el parlamento para poder alcanzar los 61 escaños (de 120) necesarios para formar mayoría y poder gobernar. 

Las cuartas elecciones en dos años

Israel convocó elecciones generales en abril y septiembre de 2019 y en marzo de 2020. En los tres comicios el Likud y la coalición Azul y Blanco, liderada pro Benny Gantz, se disputaron la victoria. 

En 2019 ni unos ni otros fueron capaces de sumar los escaños necesarios. En marzo de 2020, el partido de Gantz sorprendió al renunciar a su promesa de no negociar con Netanyahu para formar un Ejecutivo de unidad con la jefatura rotatoria en nombre de la lucha contra la pandemia del coronavirus.  

Pero los desacuerdos sobre el presupuesto rompieron, finalmente, la coalición. El acuerdo entre ambos partidos establecía un solo presupuesto para dos años, 2020 y 2021. Sin embargo, el Likud propuso votar dos presupuestos en un movimiento que los analistas locales interpretaron como una jugada planeada por Netanyahu par ano tener que ceder el puesto de primer ministro a su rival.

La jugada no le ha salido bien a Gantz. Hace un año obtuvo 33 escaños, mientras, ahora, luchará por los cuatro escaños necesarios para estar en el Knéset, el parlamento israelí. Los analistas señalan que el motivo de la caída podría estar, precisamente, en la coalición con Netanyahu, a pesar de su promesa de no pactar. Ni el coronavirus habría justificado la decisión, según sus electores. 

El factor coronavirus

La principal diferencia con los comicios anteriores es la exitosa campaña de vacunación que ha liderado Israel a escala mundial. El país ha inyectado ya 112 dosis por cada 100 personas —la media de la Unión Europea es de solo 13 dosis por cada 100 habitantes—, lo que supone casi el 60% de la población. 

Y Netanyahu ha sabido aprovecharlo. El comité electoral tumbó el lema del Likud para estas elecciones, “Volver a la vida”, por ser un calco del empleado para incentivar la vacunación contra el coronavirus. ¿Y ahora? El lema ha pasado a ser “Nación de vacunación”, en una clara alusión a la relevancia de la gestión del coronavirus en los comicios. 

Sin embargo, no todo han sido buenas palabras y elogios a la gestión de Netanyahu. También hay quien ha señalado que el plan de vacunación ha sido el más eficaz, pero también el más discriminatorio al no incluir, con la excepción de Jerusalén Este, a la población palestina del resto de los territorios que ocupa.  

Sin coaliciones a la vista

Todo a la carta de la covid. Así ha planteado Netanyahu los comicios. En esta ocasión, ‘Bibi’, como se le conoce popularmente, no cuenta con el apoyo incondicional de Donald Trump. Las barajas de la política internacional o la seguridad respecto al conflicto con los palestinos no han tenido peso, esta vez, en la campaña. 

Mientras, el actual primer ministro, que lleva 14 años en el poder gracias a una base incondicional de votantes, no tiene con quien negociar. Esta vez no está claro que sus aliados tradicionales le respalden. Sus antiguos aliados concurren con nuevos partidos y parecen dispuestos a apostar por una alternancia en el poder. La amalgama de formaciones con proyectos e ideologías dispares parecen tener algo en común: el deseo de un cambio a través de las cuartas elecciones en dos años, y nadie descarta que haya unas quintas.  

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