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24/02/2020 07:08 CET | Actualizado 24/02/2020 12:10 CET

Las familias de los presos independentistas, bien; gracias. Las de las presas, no tanto

Forcadell y Bassa denunciaron desde el primer momento el desprecio con que se las trataba.

Pool via Getty Images
Bassa y Forcadell, durante el juicio del 'procés'.

Este artículo también está disponible en catalán.

 

Si no supiéramos cómo funciona el mundo y el patriarcado podría sorprender el goteo de informaciones sobre las diferentes maneras de cumplir condena de presas y presos; y sobre todo las diversas causas y motivos de las medidas que les son impuestas para cumplir dichas penas.

Sabemos que Jordi Cuixart sale cada día entre semana para ir a trabajar a su empresa y para hacer trabajo de voluntariado. Jordi Sánchez sale tres días laborables para hacer faenas de voluntariado. El exconseller Joaquim Forns será el responsable de derecho público de la empresa Mediapro y acudirá de lunes a viernes a trabajar. Mediapro, según dice, no descarta dar trabajo a otros dirigentes independentistas encarcelados. El día que dé trabajo a alguna presa tenedremos una prueba fehaciente de que el masculino incluye al femenino.

La exconsellera Dolors Bassa sale de la prisión de Puig de les Basses tres días laborables para cuidar de un familiar. La expresidenta del Parlamento, Carme Forcadell, sale de la prisión de Mas d’Enric tres días entre semana para cuidar a su madre, de edad avanzada, y para hacer tareas de voluntariado. Necesitarán mucho temple para acometer esta ardua tarea ya que, en cierto modo, son un trabajo y una dedicación muy desgastadoras. Por otra parte, no se puede dudar de las capacidades profesionales de ambas.

(Paralelamente, a raíz de la infortunada e inesperada muerte de Diana Garrigosa llamaba la atención el peso que se daba a su labor como cuidadora de su marido en detrimento de otros aspectos de su vida política y profesional. Parecía que el drama fuera no que ella hubiera muerto sino quién cuidaría a Pasqual Maragall a partir de aquel momento.)

Tanto Carmen Forcadell como Dolors Bassa (así como Marta Rovira) renunciaron al acta de diputadas en marzo del 2018 para que su situación personal no condicionara la actividad de Parlament y para que ningún tribunal pudiera chantajear a los democráticos resultados electorales, para no ser un obstáculo a la soberanía del Parlament (Forcadell renunció también a presidirlo de nuevo). Es bien sabido que más de un político, y de dos, fueron a la suya y no hicieron el sacrificio de renunciar al escaño aunque ello hiciera tambalear mayorías.

Forcadell y Bassa denunciaron desde el primer momento el desprecio con que se las trataba.

Debemos celebrar que las familias y madres y padres de los presos tengan tan buena salud (a pesar de que deben ser ya mayores) y que ningún preso necesite cuidar de nadie y todos puedan ir reanudando sin servidumbres su actividad pública. No se ha informado tampoco de las horas que el juzgado de vigilancia penitenciaria considera que Cuixart debe dedicar al cuidado del hijo que nació cuando él estaba en la cárcel. Nunca sabremos qué hubiera pasado si Forcadell o Bassa fueran las que hubiesen tenido una criatura.

Sabemos que los presos eran visitados regularmente por las familias y gente amiga puesto que eran entrevistadas repetida y ampliamente en los medios de comunicación. Esperamos que las presas estén tan bien acompañadas y sean visitadas asiduamente. Noticias al respecto, casi no tenemos.

Las decisiones políticas y las tareas y las dedicaciones de unas y de otros durante las horas que pasan fuera de las respectivas prisiones tienen un paralelismo en las visitas que realiza la clase política a la cárcel. Habitualmente eran, y son, en Lledoners (o en el pasado en Estremera), a la prisión de hombres, especialmente cuando se tenían que tomar decisiones políticas.

Tanto Carmen Forcadell como Dolors Bassa denunciaron desde el primer momento —ya desde la prisión madrileña de Alcalá Meco— el desprecio con que se las trataba, el arrinconamiento que sufrían, tanto por parte de los partidos políticos —posiblemente incluso los afines—, como por los medios de comunicación.

El caso es especialmente sangrante respecto a Forcadell puesto que fue presidenta del Parlamento; es decir, estamos hablando de la segunda autoridad del país. ¿Cuántas visitas de políticos propios o foráneos ha tenido, especialmente para tomar decisiones políticas? ¿Han ido a verla presidencias de otros parlamentos? ¿Cuántos organismos internacionales han acudido y se han interesado por la situación de las presas?

No hay ninguna duda de que el camino de cualquier independencia será mucho más largo, duro y empinado tanto para las presas políticas como para las exiliadas.