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15/10/2019 07:23 CEST | Actualizado 15/10/2019 07:23 CEST

Las medusas no tienen cerebro

Por regla general, los que presumen de cojones no pueden presumir de neuronas.

Susana Vera / Reuters
Una mujer con un paraguas con los colores de la bandera española, en el Valle de los Caídos. 

Hace unos meses vi en la red de incautos una frase, anónima, que me hizo reflexionar sobre la actual situación de España, tanto en el campo del separatismo catalán de la estrella solitaria, ya saben, el de “España nos roba”, como en el de la extrema derecha nacionalfranquista alimentada religiosamente por el Concilio de Trento. 

Decía aquel pensamiento: “El hecho de que la medusa haya vivido 650 millones de años a pesar de no tener cerebro, le da esperanzas a muchas personas”. Me vino a la memoria gracias a un ‘reenviado’ sobre Santiago Abascal. Yo no sé si era un montaje o no, y si la frase era suya o no, se refería a la exhumación de Franco y a su oposición “con dos cojones”. Mi experiencia profesional, tratando, como decía en junio de 1999 el expresidente finlandés Martti Ahtisaari, mediador de la UE con Milosevic en Kosovo, con los más variados indeseables, y gentuza y con los locos oficiales de una capital de provincia (Las Palmas de Gran Canaria) me enseñó que, por regla general, los que presumen de cojones no pueden presumir de neuronas. 

Con la Constitución, y con la historia europea y de las ideologías desde el fin de la II Guerra Mundial, y sobre todo desde la caída del comunismo y la revelación de sus vergüenzas, yo creía que los dos extremos, el comunismo y el fascismo, en sus variantes centralista o separatista unidas en un común populismo, estaban desacreditadas por su peligrosidad, su criminalidad, y su fracaso. Y vencidas.

Pero no. Ahí tienen a Pablo Manuel Iglesias al que se le saltan unas simbólicas lagrimas (creo que de cocodrilo) cuando llora al Che Guevara o a Lenin y a la revolución bolchevique, y al ‘comandante eterno’ Hugo Chávez, y por supuesto a Fidel Castro; o al líder de Vox, que defiende hasta lo más indefendible del franquismo, blanqueando y santificando la dictadura, el carácter autoritario y los crímenes del régimen del 18 de julio. O a los dirigentes del ‘golpe catalán’ extrañados de que su pecado tenga penitencia a la sombra.

Por regla general, los que presumen de cojones no pueden presumir de neuronas.

Naturalmente, la justificación de la nostalgia del franquismo se basa, así en líneas  generales, en la comparación manipulada de lo que hicieron los dos bandos en la Guerra Civil, claro que utilizando como carga de la prueba el relato amañado de los vencedores. Pero así como el esfuerzo estéril conduce a la melancolía, anclarse en el pasado como si el mundo no diera una vuelta cada día, como si la civilización no hubiera avanzado, como si no se hubiera aprendido de los errores, como si los historiadores no hubieran encontrado luces y sombras, muestra, o demuestra, que para esta gente el futuro es el pasado. Que su ideal para existir es la comparación, habitualmente tramposa, de los hechos de los unos y de los otros, obviando, por supuesto, las razones de los otros. 

Un ejemplo reciente, esta vez de Ortega Smith, es su insulto a la memoria y a los hechos del fusilamiento de las Trece Rosas. Un odio interior, fuerte, rabioso, le hace decir que eran un grupo de violadoras, criminales, asesinas… Causas por las que no fueron juzgadas, que no aparecen en su consejo de guerra, solo que habían cometido “el delito de adhesión a la rebelión” de los que se oponían a los verdaderos rebeldes o ‘alzados’. 

Pero conozco a muchos franquistas, que al contrario que el inteligente y listo alcalde de Valleseco, que decía que muerto Franco ser franquista era del género idiota, se han creído siempre  en la obligación de no reconocer ninguna bondad ni inocencia al enemigo. Todos los fusilados o asesinados con un tiro en la nuca o tirados a un pozo en la posguerra por los falangistas, o sea, las víctimas, eran unos asesinos. “Algo habrán hecho”. Lo mismo que decían muchos vascos aparentemente decentes cuando ETA asesinaba a un vecino. “Quién sabe…”.

El ‘principio de la medusa’ afecta también al prior del Valle de los Caídos, que cree que está en la Edad Media, cuando los prioratos cobraban impuestos y los priores eran como minipapas en sus dominios monásticos. O quizás estén mas evolucionados y crean que aún están en el francocatolicismo, cuando Su Excelencia (Su Excrecencia le llamaban algunos supervivientes de los campos de concentración canarios) habitaba entre nosotros.

Pero, ¿a quién se le ocurre poner a un falangista irredento, lleno de odio al ‘enemigo’ rojo inmortal, candidato a concejal por Falange, como abad de un monumento propiedad del Estado? La resistencia de este individuo ensotanado a cumplir con los acuerdos del Gobierno y resistirse incluso a las sentencias y autos del TS, hasta que los de ‘arriba’ le dijeron basta ya, ¿en qué se diferencia sustantivamente de los que también creyeron que Cataluña o sus instituciones eran sus cortijos, o perdón, sus masías particulares?

La exhumación coincidirá con la campaña electoral gracias a los retrasos producidos por la intransigencia y la soberbia de la familia Franco y sus devotos nostálgicos.

La ocasión tiene varias enseñanzas. Una de ellas es que el futuro del Valle de los Caídos ha de ser inequívocamente laico, aséptico y desinfectado, aunque puedan celebrarse actos ecuménicos, aparte de los cívicos, acentuando la laicidad del recinto. El administrador del monumento no puede ser un prior, o un abad o un archipámpano de las Indias, sino un funcionario de Patrimonio Nacional, con las ideas claras, demócrata y que haya jurado o prometido la Constitución sin coletillas ni reservas. 

Y, a su vez, y esto debería hacerse con un amplio consenso parlamentario, el conjunto monumental, desacralizado y desenfranquistado, podría reconvertirse en una especie de ‘mausoleo’ o cementerio nacional, como los que tienen algunos países, para las personas que voluntariamente quieran ser enterradas allí de acuerdo con los requisitos que se exijan de honestidad y servicio público destacado. Si un día compartieran hospedaje para la eternidad, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, Manuel Fraga y Dolores Ibárruri, Felipe González y José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pedro Sánchez, algo habremos ganado los españoles. Por lo menos una sonrisa cómplice. Y mucha tranquilidad.

Eso, en medio de un ‘museo de la memoria’ o de la historia de España desde el año 1 del siglo XX hasta que el edificio aguante.

La conservación del Valle de los Caídos, cruz incluida, es importante. Es importante enseñar a las actuales y venideras generaciones por qué y cómo y quiénes lo construyeron, y quiénes fueron enterrados por su voluntad o la de sus familiares, y quiénes contra ella.

Sí. Hay que democratizar el lugar. Meter la Constitución de 1978 en todas sus dependencias y hasta por las grietas. Resignificarlo. Pasar página, con Franco enterrado en El Pardo, junto con su esposa.

Una medida a la que los romanos definirían con una de sus frases inmortales: “Sic transit gloria mundi”. Así pasan las glorias de este mundo. Que nadie crea que la historia perdona. 

Hay, en este episodio cuya página está a punto de pasarse, otra moraleja. La derecha que ha boicoteado a las claras o a la zorruna el traslado del excaudillo denuncia ahora que la exhumación coincidirá con la campaña electoral. Y así es: pero gracias a los retrasos producidos por la intransigencia y la soberbia de la familia Franco, y por sus devotos nostálgicos.

La familia Franco se cree que vive su abuelo y que se les tiene miedo. Que aún estamos en la época de los fusilamientos y el garrote vil.

Pedro Sánchez y los demócratas y constitucionalistas en general, de izquierda o de derechas, deben ponerle unas velitas a San Antonio por el favor que el franquismo y sus devotos les ha hecho… sin  querer. Es pura justicia poética. 

Y las tracas de pura Celtiberia Show del juez Yusti, ejemplo clamoroso de recusación, exigiendo una licencia de obra para levantar la losa de la tumba del general superlativo argumentando esta pintoresca exigencia con argumentos propios  de Pepe Goteras y Otilio, chapuzas a domicilio. Una doctrina, arrugada al ‘gotelé’, que paralizaría los cementerios. Por su parte, la familia Franco, impasible el ademán, amenazando nada menos que al Tribunal Constitucional si no les respondía en 24 horas… con acudir a Estrasburgo, donde probablemente provocarían un ataque de risa a los miembros de la Corte Europea de Derechos Humanos. Se creen que vive su abuelo y que se les tiene miedo. Que aún estamos en la época de los fusilamientos y el garrote vil. Y que el Pazo de Meirás no tiene meigas. Los tiros muchas veces salen por la culata.  

Dios, en efecto, parece escribir derecho con renglones torcidos.

 

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