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15/02/2020 08:31 CET | Actualizado 15/02/2020 08:31 CET

Las mujeres que sostienen a los genios

Carreras tan exitosas han estado sustentadas y apoyadas por mujeres fuertes que eran artistas, compañeras, amigas, modelos, gestoras…

Quería empezar este texto acerca de la exposición ‘Rodin / Giacometti’ en Fundación MAPFRE haciendo referencia a ese título tan acertado que Clásicas y Modernas dan a su curso: “Ni ellas musas ni ellos genios”. A través de un relato que establece paralelismos y disparidades en las trayectorias creativas de Auguste Rodin y Alberto Giacometti (a pesar de estar separadas por más de una generación), la exposición muestra cómo ambos creadores hallaron, en sus respectivas épocas, modos de aproximarse a la figura que reflejaban una visión nueva, personal pero engarzada en su tiempo: en Rodin el del mundo anterior a la Gran Guerra; en Giacometti, el de entreguerras y el inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Casi doscientas obras para reflexionar sobre la existencia humana y las crisis de identidad de una sociedad abocada al conflicto.

La indudable calidad estética y el abordaje de la técnica y la materia en cada uno de ellos nos traslada a dos momentos históricos cercanos en el tiempo, las dos grandes guerras, y cómo estas marcaron las vidas de ambos y, consecuentemente, sus estilos y sus obras. 

Estas mujeres siempre consideradas apenas como musas merecen una mención especial en la exposición.

En una de las obras de Giacometti en la exposición vemos el busto de Annette Arm, a la que conoció en la Segunda Guerra Mundial cuando ella trabajaba en la Cruz Roja, y con la que posteriormente se casaría, en 1949. Es precisamente en estas obras en las que quiero detenerme, en estas mujeres siempre consideradas apenas como musas y que merecen una mención especial en la exposición. Fue Annette quien impulsó decisivamente en la vida de Giacometti el desarrollo técnico del cuerpo humano por parte del artista, frente a otros modelos que habían posado para él, debido a las largas horas que aguantaba Arm posando, y que permitieron a Giacometti encontrar el resultado deseado en sus esculturas. Además, como única heredera de los derechos de autoría de Giacometti cuando él fallece, Arm llevaría a cabo una intensa labor para catalogar todas las obras del artista, evitando falsificaciones y recogiendo toda la información en una base de datos fiable y segura. Fue su labor incansable hasta su muerte.

S. G.
Alberto Giacometti, 'Buste d’Annette VII' (Busto de Annette VII), 1962. Yeso.

Encontramos también en la exposición la presencia de Hanako, actriz japonesa a la que Rodin retrató más de cincuenta ocasiones (llegó a hacer cincuenta y ocho esculturas, además de múltiples dibujos de distintas poses). La expresividad del rostro de ella era lo que Rodin quería capturar en sus obras, llegando a decir de Hanako que “parecía tan arraigada al suelo como un árbol”.

Una Claudel enajenada, plásticamente rotunda, absoluta, y espiritualmente ausente.

Y no podía no estar Camille Claudel, la artista y escultora ligada a la figura de Rodin por la relación desigual que se estableció entre ambos. No podemos evitar leer entre líneas al contemplar las obras de la exposición y recordar el sufrimiento que ella sentía, que desembocaría en la destrucción de su propio trabajo, su dolor, su vínculo cercano al que era su maestro y amante y las infidelidades de este que provocaron su caída. Una gran base en una de las esculturas deja aparecer una cabeza, un rostro alicaído, rendido, con la mirada perdida… Una Claudel enajenada, plásticamente rotunda, absoluta, y espiritualmente ausente.

S. G.
Auguste Rodin, 'La Pensée' (El pensamiento), 1893-1895. Yeso, moldeado de mármol.

La figura femenina merece una especial atención en esta muestra donde se ponen en paralelo la evolución de las carreras de Rodin y Giacometti. Es reseñable también el interés de cada uno por el cuerpo femenino y sus formas, como se aprecia en la Venus de Rodin donde un ligero pronunciamiento de su vientre es todo un deleite estético, una delicia a la vista y una exquisitez en la plástica.

S. G.
Auguste Rodin, Detalle de 'La Méditation sans bras, petit modéle' (La meditación sin brazos, modelo pequeño), 1894. Yeso.

Las múltiples lecturas que pueden hacerse en la visita a esta exposición dejan también la posibilidad abierta de interpretar las obras de los grandes artistas desde la perspectiva y la mirada del presente, reflexionando sobre lo que ha sido la historia del arte y el papel que las mujeres han jugado en él. Annette Arm, Hanako o Camile Claudel son solo un ejemplo de cómo carreras tan exitosas que trascienden en el tiempo como las de Giacometti y Rodin han estado sustentadas y apoyadas por mujeres fuertes que eran artistas, compañeras, amigas, modelos, gestoras… Una delicia de exposición que se puede visitar hasta mayo en la Sala Fundación MAPFRE Recoletos y donde llevarnos nuevas perspectivas sobre los dos artistas, su obra y su tiempo desde nuestro presente. 

 

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