POLÍTICA
29/09/2020 18:42 CEST

Las opciones de Sánchez para defenderse de la moción de censura de Vox

La ultraderecha presenta a Abascal como alternativa, pero recurre a Ignacio Garriga, candidato en las catalanas, para defenderle.

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El líder de Vox, Santiago Abascal, el pasado 3 de junio en el Congreso.

Los españoles presenciarán próximamente la quinta moción de censura contra el Gobierno desde 1977. La ultraderecha de Vox quiere marcar al Ejecutivo de coalición “criminal” que conforman PSOE y Podemos. En estas cuatro décadas, todos los partidos que han exigido la responsabilidad política del Ejecutivo en el Congreso acabaron llegando a La Moncloa. Ese es el anhelo de la ultraderecha. Mientras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, encara el debate con varias opciones: desde delegar la réplica en el hemiciclo, hasta entrar de lleno en los disparos retóricos con la extrema derecha. 

La moción de censura en España es constructiva. Debe incluir un candidato a la presidencia que haya aceptado previamente y contar con la mayoría absoluta (176 apoyos) que los 52 diputados de Vox han sido incapaces de articular, porque ni el PP (89) ni Cs (10) les van a apoyar. Incluso en el improbable caso de que lo hicieran, los tres partidos requerirían el concurso de otras fuerzas de izquierda e independentistas; algo casi imposible.

La moción de la ultraderecha fracasará, pero cumplirá el propósito que persigue Vox: contar con un altavoz eficaz para colocar sus mensajes en las redes y en los medios de comunicación mientras dure el debate y las cámaras de televisión apunten hacia la Carrera de San Jerónimo, especialmente cuando la situación política en Cataluña, tema recurrente de Vox porque le da votos, se ha tensado tras la inhabilitación de Quim Torra.

Las fuentes consultadas en el Grupo Socialista explican que el presidente del Gobierno puede eludir, si así lo desea, responder al discurso de Vox

Basta con fijarse en los nombres de quienes protagonizarán la moción. El candidato a la presidencia del Gobierno será el líder de la ultraderecha, Santiago Abascal, padre del programa político de Vox, quien podrá intervenir desde la tribuna para exponerlo a los diputados. Pero no será el jefe ultra quien defienda la moción, será Ignacio Garriga, diputado y candidato del partido en las próximas elecciones catalanas. Garriga, sin limitación de tiempo, iniciará el debate. Fuentes oficiales de la ultraderecha confirman a este diario que ambos subirán a la tribuna de oradores para mirar fijamente a Pedro Sánchez.

Las fuentes consultadas en el Grupo Socialista en el Congreso explican que el presidente del Gobierno puede eludir, si así lo desea, responder al discurso de Vox durante la sesión plenaria que debatirá la moción. Aún no ha trascendido si Pedro Sánchez dejará en manos en otra persona la defensa de la gestión de su Gobierno, pero en Vox creen que bajará al barro y plantará cara a Abascal porque le beneficia políticamente.

“Sánchez se tomará en serio la moción. Mientras exista Vox va a haber Sánchez para rato, porque el presidente, que es un animal político, juega a que viene el lobo y la gente se lo cree. Cada vez que Vox mete la pata, el PSOE sube. Y Vox mete la pata todos los días...”, reconoce una fuente de la ultraderecha en Cataluña. “Al Gobierno le basta con una especie de intercambio de salvas con las derechas mediante el cual se reafirma en sus posiciones y puede conseguir mantener prietas las filas, porque lo que hay enfrente es peor”, cuenta el diputado de Más País en el Congreso Íñigo Errejón.

GTRES
Santiago Abascal mira a Pedro Sánchez en el Congreso, el 21 de mayo de 2019.

La otra opción de Pedro Sánchez es delegar la réplica; tomarse la moción como un mero trámite y evitar confrontar con Abascal en un momento en el que el presidente del Gobierno tiene demasiados frentes abiertos: con el Ejecutivo de la Comunidad de Madrid (PP) por las medidas para frenar la segunda ola del coronavirus, con el independentismo catalán tras la inhabilitación de Torra y con el rey tras las críticas del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y del ministro de Consumo, Alberto Garzón, al jefe del Estado tras la conversación entre este y el presidente del Poder Judicial.

La ausencia de Felipe VI en el acto anual de entrega de despachos a la nueva promoción de jueces en la capital de Cataluña y los movimientos del Ejecutivo encaminados a reducir las penas de sedición en el Código Penal, un gesto a los encarcelados por el ‘procés’, son munición que la ultraderecha usará para disparar contra el Gobierno.

El camino, no obstante, es de ida y vuelta. Vox también obtendrá rédito entre los suyos por encararse con Sánchez. Eso es lo que busca con la moción: consolidar, e incluso ampliar, su base de votantes; más si el incendio catalán gana intensidad en las próximas semanas. Por delante aún quedan fechas simbólicas para el secesionismo, como el aniversario del referéndum del 1-O y del 27 de octubre, el día de la efímera proclamación de la independencia en 2017.

Una moción como escaparate

La ultraderecha usará el hemiciclo como escaparate de Ignacio Garriga para que los españoles conozcan al candidato ultra en los comicios catalanes que, previsiblemente, se celebrarán el año que viene. El independentismo catalán es un potenciador de los apoyos al partido de Santiago Abascal. Vox quiere sacar tajada del clima político que se está instalando en Barcelona. “Les va servir para reforzar la figura de su candidato en la catalanas. Va a ser una moción para la parroquia”, explica esta fuente de Vox que conoce bien los entresijos de la formación en Cataluña.

La convulsión del independentismo no es lo único a lo que se agarrará Vox en el debate. La gestión de la pandemia será otro frente. “Abascal usará el coronavirus como arma, claro”, vaticina la fuente de Vox consultada. El problema es que es poco probable que recurra a la crisis de la covid-19 de manera constructiva. Durante el debate de la última prórroga del estado de alarma, el líder de la ultraderecha tan solo alumbró una propuesta —la dimisión del Gobierno en pleno— y 51 reproches.

Ya durante la cuarta prórroga de la alarma, Abascal aprovechó la oportunidad que le brindó desde marzo la crisis sanitaria para crispar y responsabilizar al Gobierno de los más de 30.000 muertos que ha provocado el coronavirus en España hasta la fecha. Y para avisar de que el país está en peligro. “España, señor Sánchez, no es un sultanato ni, señor Iglesias, es una república bolivariana; es una monarquía parlamentaria. Y ustedes, los dos, la están destruyendo”, dijo.

“En enero Abascal pedía el cierre de fronteras aprovechando el coronavirus y, en marzo, dijo que Sánchez le había engañado”, dice este miembro de Vox. Esa es una de las claves con las que hay que leer la próxima moción de censura: la ultraderecha usará y adaptará la covid-19 a su discurso radical. 

Una fuente popular a las órdenes de Casado en la Cámara que pide anonimato asegura que su formación no piensa demasiado en la moción. “No dan los números”, sintetiza. Otra tampoco anda muy preocupada: “No sé aún cuándo se va a debatir... Estos días va a dar muchas vueltas la cosa, pero la suma no da”, incide.

Desde este martes, el resto de grupos parlamentarios disponen de dos días para presentar mociones alternativas. La Cámara votará en sesión plenaria, pero eso no ocurrirá en los próximos cinco días, como pauta el reglamento de la Cámara Baja. La Mesa del Congreso decidirá el día, una vez compruebe que la moción cumple los requisitos y la admita a trámite. 

Los diputados debatirán la candidatura de Santiago Abascal, así como el programa político del Ejecutivo que no podrá formar en mitad de la mayor crisis económica y sanitaria

En Vox, no ocultan que la moción también es un intento de dar con la tecla que ponga en un aprieto a los de Casado, especialmente tras el giro al centro de los populares con la salida de Cayetana Álvarez de Toledo de la portavocía y la entrada de Cuca Gamarra.

El Congreso se prepara para escuchar los cañonazos retóricos de un partido de extrema derecha que desde que arrancó la legislatura ha registrado 450 iniciativas orientadas a controlar la acción del Gobierno, pero ni un solo proyecto de ley en el lugar donde se hacen.

Los 350 diputados debatirán la candidatura de Santiago Abascal a la presidencia del Gobierno, así como el programa político del Ejecutivo que no podrá formar, en mitad de la mayor crisis económica y sanitaria que vive el país desde la Guerra Civil.

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