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27/11/2019 06:19 CET | Actualizado 27/11/2019 06:19 CET

Las paradojas del militarismo

Señores uniformados de impunidad, ustedes siempre tan duros con los de abajo y tan blandos con los de arriba.

celsopupo via Getty Images

Artigas, el tantas veces traicionado.

 

Las dictaduras militares en América Latina solían presentarse con eslóganes como la patria, el honor, la libertad y la democracia. 

Incluso, en Uruguay, en la secundaria teníamos una materia con un título y un contenido triplemente paradójico, “Educación Moral y Cívica”. Allí, la dictadura militar levantó monumentos al General José Artigas. Como una de las profesiones de Artigas fue la de militar y los pueblos le dieron el título de “general”, los militares y generales del siglo XX se sintieron identificados con el título del libertador y quisieron que lo identificaran con ellos. 

Obviaron algunos detalles, como su acción y pensamiento. Cuando en 1811 Artigas vence a los españoles en la batalla de Las Piedras, le ordena a sus soldados “clemencia para los vencidos”. En el siglo XX, sus supuestos seguidores entendieron que “clemencia” significaba “tortura”, “desaparición”, y “vencidos” eran todos aquellos desarmados que no pensaban como ellos y se atrevían a decirlo. No fueron a ninguna guerra contra otros ejércitos de otros países sino que sus oficiales se daban una vuelta por las cárceles y las salas de tortura cuando sus “vencidos” estaban atados de manos y reventados física y moralmente según las más sofisticadas técnicas de tortura, y a eso le llamaban “guerra”. Entregar el país a los intereses extranjeros que habían financiado otros golpes en el continente significaba “defender la patria de la influencia extranjera”.

Ahora, cuando en muchos países del sur se pensaba que las democracias habían sido recuperadas, los militaristas resurgen de los cuarteles o (caso de Uruguay) levantando otra vez el nombre del General Artigas como si fuese una cachiporra. 

Entregar el país a los intereses extranjeros que habían financiado otros golpes en el continente significaba “defender la patria de la influencia extranjera”.

Sin embargo, a todos los militaristas que se llaman “artiguistas” y se dedican a amenazar y golpear a los pueblos con el poder y las armas que pagan éstos mismos, les recuerdo un fundamento de las Instrucciones del año 1813 del Gral. Artigas, un militar antimilitarista y fundador moral de lo que quedó de su proyecto federal, la provincia de Uruguay: “El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos”.

Seguramente no por casualidad, el General Artigas se exilió sus últimos treinta años en “un país extranjero” (hoy no podría votar en las elecciones de su país) y no por casualidad se negó a regresar al Uruguay cuando gobernaban los héroes mataindios, ahora multiplicados en sus estatuas de bronce y en la furia de quienes dicen seguir sus verdaderos valores, siempre dispuestos a dar palo a los de abajo o a quienes los representan.

Como lo vemos todos los días en tantos países de la región; como lo vemos cada vez que echamos una mirada a la historia: señores uniformados de impunidad, ustedes siempre tan duros con los de abajo y tan blandos con los de arriba. 

 

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