INTERNACIONAL
25/05/2019 09:16 CEST | Actualizado 27/05/2019 16:17 CEST

Las siete vidas de Silvio Berlusconi

El exprimer ministro italiano ha presentado su candidatura para las elecciones europeas del 26 de mayo.

“Lo he decidido porque siento que tengo una responsabilidad, debo ir a Europa, donde hace falta un pensamiento profundo”. El que habla es Silvio Berlusconi y estos son sus motivos para presentarse a las europeas del 26 de mayo. A sus 82 años se ha propuesto salvar Italia —y Europa— del populismo como hiciera en 1994 con el comunismo. Sí, el primer gran populista quiere acabar con el populismo que gobierna su país desde hace más de un año.

Antes de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca ya estaba Berlusconi. Un gran magnate con un imperio inmobiliario a sus espaldas, un poderosísimo grupo televisivo y hasta un equipo de fútbol. Con su fortuna y su carisma su figura se convirtió en sinónimo de éxito y conquistó a gran parte de los italianos, cuando el país salía de un período turbulento. En Andalucía hemos visto a Juanma Moreno pedirle el voto a una vaca, antes Berlusconi ya había protagonizado anuncios dando el biberón a unas corderos. Por no hablar del vídeo e himno con el que se presentó y ganó las elecciones del 2008. Un grupo de personas cantando a los cuatro vientos que “menos mal que está Silvio”. 

Berlusconi ha avergonzado a los italianos, e incluso a miembros de su partido, por su comportamiento en cumbres internacionales y ha llevado a la máxima expresión las actitudes machistas siempre camufladas con un actitud de bufón bromista.

El político ha sido tres veces primer ministro de Italia: entre 1994 y 1995, entre 2001 y 2006 y por último entre 2008-2011, pero en realidad nunca se ha ido. Il cavaliere volvió a intentarlo en varias ocasiones, la última en las elecciones generales del pasado año, en las que consiguió poner su nombre en la papeleta de su partido, Forza Italia, a pesar de que estaba inhabilitado por fraude fiscal desde 2013, año el que tuvo que abandonar su puesto en el Senado.

Ahora, con 82 años, una operación de corazón a sus espaldas, un ingreso hospitalario hace apenas dos semanas y un calificativo de “impresentable” de la comisión antimafia, vuelve mirando a Europa 25 años después de que llegase por primera vez al Palazzo Chigi. Berlusconi encabeza la lista de Forza Italia, partido por el que también se presenta el Presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani. Lo hace no solo pensando en Bruselas, donde cuesta imaginárselo, también en un posible adelanto electoral en el que su partido podría ser apoyo de la Lega de Salvini. Las continuas crisis entre la formación del ministro del Interior y el Movimiento 5 Estrellas pueden desembocar en una convocatoria de comicios en los que los votos de Forza Italia podrían serle muy útiles a la Lega, en cabeza según las encuestas. 

 

Berlusconi por su parte ha hecho todo lo posible por cargar sin descanso al partido de Luigi di Maio. “Está liderado por personas sin experiencia ni competencia. Son como aquellos señoras de la izquierda comunista del 94 pero sumándole este defecto”, declaró el incombustible político cuando anunció su candidatura el pasado mes de enero.

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El político, recuperado de un cólico nefrítico, no baja el ritmo de entrevistas en televisión.

Su misteriosa fortuna y su entrada en política

El magnate nació en una familia de clase media del norte de Italia. Su padre trabajaba en la Banca Rasini, un nombre que a primeras puede no decir nada, pero era el banco que utilizaban los grandes capos de la mafia como Totó Riina para gestionar su dinero. Berlusconi también tenía cuentas corrientes en este banco y las utilizó para financiar sus primeros negocios inmobiliarios. 

El que fuera presidente de la consejo europeo comenzó a ganar dinero rápido, con unos cuantos pelotazos inmobiliarios como Milano 2, un complejo residencial a las afueras de la capital lombarda que era como una mini ciudad. Cómo consiguió tanto dinero para invertir en sus primeros negocios sigue siendo un misterio, aunque él sigue insistiendo en que fue gracias a los ahorros que le dejó su padre. El rompecabezas de su entramado empresarial y sus supuestos lazos con la mafia lo explica a la perfección el periodista Iñigo Domínguez en su libroCrónicas de la mafia

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Berlusconi con Marcello Dell'Utri

La sombra de las relaciones de Berlusconi con organizaciones fraudulentas siempre ha estado presente. Empezando por la figura de Marcello Dell’Utri, fundador de Forza Italia y asesor de Berlusconi desde los años 70, condenado por asociación mafiosa. Su nombre también apareció en la lista de miembros de la P2 (Propaganda Due), una logia masónica que sacó a la luz el banquero mafioso Michele Sindona  y que es uno de los mayores escándalos de la República Italiana. 

El tres veces primer ministro de Italia era cercano al Partido Socialista de Bettino Craxi, que fue jefe del Gobierno del país y que terminó condenado por corrupción y financiación ilegal en el proceso Manos Limpias aunque se fugó. La investigación reveló una enorme red de sobornos en la que estaban presentes todos los partidos políticos del país y poderosos grupos empresariales. Los italianos estaban indignados y desencantados con la política y entonces llegó Berlusconi, con un discurso televisado en el que se erigía como salvador del país y decidía “saltar al campo” en enero de 1994.

Autoritarismo, poder y escándalos 

Su primer gobierno duró poco. Sus socios en el parlamento, la Lega de Umberto Bossi, retiraron su apoyo y forzaron su dimisión. Berlusconi pasó entonces a liderar la oposición hasta 2001, año en el que volvió a ganar las elecciones liderando una coalición de centro-derecha. 

La gran carta de presentación del empresario para esa legislatura era el Contrato con los italianos, un paquete de medidas que presentó en prime-time y que causó buena impresión. Durante esos años de gobierno dio rienda suelta a todas sus ideas y a declaraciones controvertidas. Condenó los atentados del 11-S cargando contra los países árabes y declarando “la superioridad de nuestra civilización”, se vanaglorió de usar “su arte de playboy” con la presidenta finesa Tarja Halonen y posó en la foto oficial de un congreso en Cáceres poniéndole los cuernos a Josep Piqué.

Todavía fue más sonada la respuesta al eurodiputado Martin Schulz cuando este criticó sus políticas. “Conozco a un productor que está haciendo una película sobre campos de concentración nazis. Le sugiero el papel de kapó (preso designado con la labor de supervisa), sería usted perfecto”, indignando a los allí presentes y al pueblo alemán.  

Durante los cinco años que se mantuvo en el poder utilizó los medios de comunicación a su antojo, contando con tres canales del grupo Mediaset, y tuvo unos cuantos tira y afloja con la RAI, llegando a irse del plató durante una entrevista en la campaña electoral de 2006.  

Berlusconi perdió esas elecciones, volvió a la oposición y en 2008 regresó al frente del Gobierno. Tramitó algunas leyes polémicas, como el acuerdo que firmó con Gaddafi por el que Italia pagaría cinco mil millones a Libia como compensación por la ocupación militar, mientras que el país africano ayudaba a combatir la inmigración ilegal y favorecer a las empresas italianas.

Pero la que se llevó la fama fue la Ley Alfano, que lleva el nombre del ministro de Justicia del gobierno. El texto garantizaba inmunidad al Presidente de la República, el Primer Ministro y el los presidentes del Senado y la Cámara de diputados. La ley se mantuvo en vigor desde 2008 hasta 2009, cuando fue declarada anticonstitucional. Algo que ya sucedió con el proyecto anterior de esta ley que se presentó en 2004 y que estaba diseñaba para que Berlusconi evitara sus cuentas pendientes con la justicia. 

Con una asfixiante crisis económica y la prima de riesgo disparada, su periplo como primer ministro terminó en noviembre de 2011, cuando presentó su dimisión tras aprobar los presupuestos para 2012 en los que incluía las recomendaciones de la Unión Europea. A la salida del Quirinale una multitud lo celebraba por todo lo alto y lo despedía con gritos de mafioso y bufón. Años después acusó a los lideres europeos como Merkel o Sarkozy de presionarlo, defendiendo que el prefirió dimitir a vender su país al fondo monetario internacional. 

Después llegó la inhabilitación por fraude fiscal que parecía que enterraría su carrera política. Berlusconi cumplió su servicio comunitario en una residencia de ancianos. A pesar de este revés judicial para Il Cavaliere, fue absuelto del Caso Ruby, que lo juzgaba por abuso de poder e incitación a la prostitución de menores. Un carpetazo de la justicia a las macro fiestas del bunga-bunga en las que el político reunía a decenas de prostitutas en mansiones. 

Parecía que sí, pero Berlusconi nunca ha terminado de irse de la política italiana, que se ha cimentado en el populismo que él mismo fomentó. El caimán estaba al acecho, preparando el terreno y esperando la ocasión idónea para saltar de nuevo al centro del escenario político. ¿Será este el momento?

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