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12/09/2019 07:21 CEST | Actualizado 12/09/2019 07:21 CEST

Legislatura 2019-2024 en la UE: ni un minuto que perder

Arrancamos un curso político apasionante y fascinante.

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Desde su misma aparición en el paisaje de medios digitales, he venido colaborando con El HuffPost con una tribuna de opinión semanal, acompañada, además, de una ilustración mía (de elaboración propia). La finalización de la Legislatura europea 20124-2019, la incursión en un período electoral de inusual intensidad (la ciudadanía española acudió a las urnas el 28 de abril -elección de las Cortes Generales-, y lo hizo de nuevo el 26 de mayo (municipales, insulares, regionales, europeas), y la constitución del nuevo Parlamento Europeo tras las elecciones de 26 de mayo de 2019 han dado a un paréntesis en esta colaboración. Lo cierro ahora, para reemprenderla, tras la no menos exigente y absorbente fase de reinicio del nuevo curso político a lo largo del verano de 2019, y cuando ya hemos arrancado la actividad parlamentaria de la Legislatura europea 2019-2024.

En mis escritos y publicaciones durante todos estos años, he insistido en la crecida importancia del Parlamento Europeo (PE), más decisivo que nunca desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa (TL, 2009). El PE es, en efecto, un órgano único en su género, multinacional en su composición y supranacional en su función legislativa, motor democrático de la integración y factor de legitimación del Decision Making Process y de la propia construcción europea. única institución de la arquitectura europea directamente legitimada por el voto, sufragio universal de 500 millones de ciudadanos/as a los que el PE representa de manera directa. 

A partir de la primera valoración de las elecciones europeas hemos debido subrayar el histórico incremento de la participación. Efectivamente, desde la primera elección democrática del Parlamento Europeo (1979), hace ya cuatro décadas, es la primera vez en que la tasa de participación no ha declinado a la baja; al contrario, ha repuntado al alza, situándose por encima del 50,63% en la media europea (60,73% en España, impulsada por su coincidencia con las elecciones locales, insulares, y autonómicas en 12 de las 17 CCAA). 

En lo institucional, estos meses de verano a punto de concluir han venido describiendo una fase de transición: en este tiempo, han comparecido los/as comisarios/as salientes para someter a debate su balance de gestión en sus respectivas carteras ante las comisiones parlamentarias competentes del control de su dación de cuenta; de forma inmediatamente sucesiva, se preparan para comparecer los/as nuevos/as comisarios/as entrantes: recuérdese la particularidad, que no es inocua desde el punto de vista democrático, de que cada candidato/a a comisario/a (Commisioner Designate, en la jerga) debe superar su propio examen en su comparecencia (Hearing) ante la Comisión parlamentaria del PE en la que sea responsable en función de su cartera, pudiendo suspender el examen (ha sucedido dos veces), en cuyo supuesto el Estado proponente (su Gobierno) deberá proponer otra candidatura. 

Han vuelto a crecer los escaños eurófobos...

La dirección de la administración permanente de la UE, la Comisión Europea que ejerce como “guardiana de los Tratados”, fue despejada en el intenso segundo Pleno del PE, mes de julio, en Estrasburgo. La investidura de la (inesperada) candidata a Presidenta de la Comisión (la primera mujer en ocupar el cargo en la historia de la UE), Ursula Von Der Leyen (antigua ministra alemana de Defensa en el Gobierno federal), prosperó (por escaso margen, sólo 9 votos por encima de la mayoría absoluta de 750 miembros del PE), irónicamente, mejor de lo esperable: nos hallamos, primer dato resaltable, ante la primera Comisión paritaria de la historia (cumpliendo, por cierto, un compromiso expresamente contraído por la nueva Presidenta en s debate de investidura). Y, por primera vez desde la Gran Ampliación de la UE en 2004, una Comisión que incorpora más comisarios/as socialistas (10) que populares (9). 

Se trata, pues, de un primer signo de recuperación de centralidad socialdemócrata, un objetivo en que tanto los Gobiernos de España (Pedro Sánchez) y Portugal (Antonio Costa) como los del relanzado polo socialdemócrata escandinavo (Suecia, Dinamarca, Finlandia) han trabajado de consuno con el Grupo Socialista (S&D) del PE hoy liderado la española Iratxe García. 

En cuanto al análisis político, han vuelto a crecer los escaños eurófobos y disminuir los grandes grupos europeos que venían asegurando por sí solos la mayoría absoluta del PE: el PPE (que continúa siendo todavía el primer Grupo de la Cámara; lo es desde hace 25 años y harán 30 al final de este mandato, aunque descendiendo en escaños) y el S&D (segundo, desde hace 25 años). Para poder conformar una mayoría europeísta hará falta expandirse para incorporar al Grupo de los Liberales (Renew Europe), los Verdes e Izquierda Unida (GUE). Lo que, paradójicamente, refuerza la centralidad del Grupo socialista (S&D) en el espectro ampliado, y cada vez más complejo, del pluralismo europeo.

En lo personal, agradezco a mis colegas y a la delegación española en que me integro el honor de haber sido elegido presidente de la Comisión de Libertades, Justicia e Interior (Comisión LIBE) del PE. Desempeñé ya esta responsabilidad entre 2009 y 2014, de modo que conozco bien su rango de competencias y la amplitud de sus alcances en la legislación europea (derechos fundamentales, protección de datos, gestión de fronteras, libre circulación, Schengen, extranjería, migraciones, asilo y refugio, cooperación policial, seguridad interior, cooperación judicial civil y penal, legislación penal y procesal contra la criminalidad transfronteriza, Fiscalía europea...). Se trata de la comisión de mayor carga de trabajo legislativo del PE, con afluencia de asuntos que combinan sofisticación técnica o procedimental con sensibilidad política, singularmente a la vista de las prioridades españolas en la UE (lucha antiterrorista y crimen organizado, protección de víctimas, presión migratoria desde el mediterráneo, salvamentos y rescates, desembarques y realojamientos de demandantes de asilo...).

Arrancamos, en definitiva, un curso político apasionante y fascinante.

Ahora, en lo que respecta a la coordenada histórica en que reiniciamos el trabajo, incide negativamente la conjunción de dos incertidumbres: de un lado, la “guerra comercial” desatada por la Administración Trump a propósito de China (perjudicial para Alemania, peso pesado exportador, y perjudicial por ende para el conjunto de la UE); de otro, el interminable laberinto del Never EndingBrexit (con su secuela de turbulencias e inestabilidad bursátil y su negativo impacto en la economía real).

Arrancamos, en definitiva, un curso político apasionante y fascinante: toca, para encuadrarlo, acordar en lo inmediato las grandes cifras inversoras para el sostenimiento de las ambiciones proclamadas. De modo que, primera prioridad, procede poner en marcha el Marco Financiero Plurianual (MFF) 2021-2027, del que dependerán las macromagnitudes de los Estados Miembros (EE.MM) -para empezar, la fijación de los denominados “techos de gasto” nacionales-, y, consiguientemente, el Presupuesto europeo 2019-2020 (cuantificado en el entorno de 165800 millones de euros anuales, incrementándose la cifra, por  primera, vez tras años de estancamiento en el entorno de 134.000 millones, es decir, en un raquítico 1% del PIB de la UE). Es cierto que, por el momento, la XIII Legislatura española -la que nace de las elecciones del 28 de abril- continúa bloqueada, pendiente de la investidura y la formación del Gobierno, pero ello no impide que España haya vuelto a la centralidad de la socialdemocracia (conjugando el polo de la Europa del sur con el polo escandinavo), así como al timón y a la locomotora europea (como muestra la designación del español Josep Borrell como nuevo High Rep, jefe de la diplomacia europea). Pero es asimismo innegable que la Legislatura europea 2019-2024 ha arrancado con fuerza. Vistos los daños sistémicos, estragos, estragos y desigualdades causados por la prolongada crisis que se desató en 2009 (la Gran Recesión de la UE), tanto su reparación como el relanzamiento de la voluntad de Europa (tan deteriorada a resultas de la peor crisis de la UE, de la que estamos saliendo) exigen el esfuerzo ingente y compromiso incesante de cuantos hayamos asumido responsabilidades en las instituciones europeas. Y puesto que ya estamos en ello, no hay un minuto que perder.

 

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