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29/09/2019 10:24 CEST | Actualizado 29/09/2019 10:24 CEST

'Lo nunca visto', la obra que sucede en escena

La obra cuenta la historia de tres mujeres a las que une el azar, el paso del tiempo y las pérdidas de la vida.

Susana Martín

Los críticos del Ranking Tragycom consideran Lo nunca visto de José Troncoso en el Teatro Español como la mejor obra de la cartelera madrileña en este momento. También el público, que está agotando entradas. Un público que es, en términos generales, más joven que el que se suele ver en los teatros (tal vez, efecto del programa JOBO). Si a eso se añade que Las Princesas del Pacífico, la obra anterior de este actor, dramaturgo y director, lleva varios años triunfando desde que se estrenó en la Guindalera, las expectativas con las que se va al teatro son altas. Lo mejor es que no solo se cubren, sino que se superan.

La obra cuenta la historia de tres mujeres a las que une el azar, el paso del tiempo y las pérdidas de la vida. Tres losers, en términos de comedia de situación norteamericana, de cualquier barrio a las que les surge las posibilidades de contar su historia de vida. Surge porque nadie les da el permiso, sino que deciden cogérselo. Historias extremas en las que se han encontrado por mecanismos psicológicos y de comportamiento muy normales, los mismos que puede tener cualquiera. Por eso, aunque no se haya vivido lo que ellas, se las entiende, se las quiere y se las acompaña en su dolor, ya que son los de cualquiera.

La empatía con los personajes y lo que ocurre en escena se debe fundamentalmente a dos factores: su autor y director, y sus tres actrices. El primero, por su mentalidad teatral. La obra no está “contada” en escenas, sino que está “puesta en escena”. La diferencia es importante, porque no se trata de que te cuenten una historia sino de que suceda en escena. Desde ese inicio, esa presentación de personajes, a los juegos que hay con una barra de ballet, a la forma que tiene de llevarnos al mar, a la colocación de la iluminación como las candilejas de un teatro antiguo que iluminan desde abajo. Todos ellos recursos puramente teatrales que remiten, sobre todo, a La Zaranda, ese grupo español de culto en España y en muchos sitios de Latinoamérica (incluida Miami). A los que Troncoso ha sabido estudiar con aprovechamiento a tenor de lo que se ve en Lo nunca visto.

¿Y qué decir de sus actrices? Es increíble cómo están en escena Belén Ponce de León, Alicia Rodríguez y Ana Turpin. Su presencia. Cada una jugando sus particularidades y su energía, la de ellas y la de sus personajes, remando siempre a favor del espectáculo y de sus compañeras. Tensando y destensando la cuerda que las une al patio de butacas y entre ellas. En ese juego dramático puramente español llamado tragicomedia, en el que la vida es trágica pero en la que siempre hay momentos para la alegría y para la comedia. Momentos de los que este montaje tiene muchos.

El espectáculo se podría quedar ahí y ya estaría bien. Sería suficiente. Sin embargo, incluye una sutil reflexión sobre lo que es la ficción para los seres humanos. Proponiéndola como forma de exorcizar los fantasmas del pasado y del presente contándonos a nosotros mismos y, también, a los otros lo que nos pasó y nos pasa. A los pocos que quieran escucharlo, pues, como les sucede a las protagonistas de esta historia, no hay mucha gente que quiera ser partícipe de lo nuestro y menos si arrastramos una historia trágica o sin su correspondiente glamour. Si no se es cool. Si no se hace de la ficción una mentira agradable para nosotros y para los otros. Si no sirve para contar la vida que habríamos querido vivir antes que la que hemos vivido y estamos viviendo en ese pequeño teatro del mundo destartalado y en proceso de desmantelamiento en el que nos encontramos desde que nacemos. Porque hay luz, siempre hay luz, antes de que se haga el oscuro.

 

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