Lo paranormal del entretenimiento

Los negacionistas, los críticos contra el Gobierno o la ultraderecha han hallado un inmejorable caldo de cultivo donde dejar crecer sus empantanadas conjeturas.
Iker Jiménez y Carmen Porter, en una imagen de archivo.
Iker Jiménez y Carmen Porter, en una imagen de archivo.

El miedo a la COVID-19 ha disparado las teorías de la conspiración; falsas historias o medias verdades donde siempre ha encontrado un fácil encaje un producto televisivo como Cuarto Milenio. Mientras comprender la realidad por medio de la razón, el entendimiento y la inteligencia resulta un proceso de aprendizaje que requiere tiempo, las fake news tienen la capacidad de propagación de un virus.

Cuarto Milenio nunca ha poseído la naturaleza de un programa informativo, sino más bien ha forjado su reputación en base a un formato de entretenimiento formidablemente producido y guiado por un presentador, Iker Jiménez, con una capacidad bárbara de comunicación. El contenido de su mensaje no era lo fundamental, ya que al igual que un reality o un talk show lo que primaba era su facultad para distraer al espectador.

Durante el confinamiento, tras la interrupción de la mayoría de espacios con cierta complejidad en su realización, el programa se mudó a Youtube bajo el nombre de La estirpe de los libres para hablar en exclusiva del coronavirus. Aquí empezamos a asistir a una deriva polemizante sobre la situación sanitaria del presente, sobre la realidad. Una cuestión, lo real, que siempre se había mantenido en la mayoría de sus historias en un discreto segundo plano, por así decirlo, el espacio televisivo jugaba en otra órbita alejada de lo escrupulosamente verdadero, dado su carácter de entretenimiento de serie B.

“Los negacionistas, los críticos contra el Gobierno o la ultraderecha hallaron un inmejorable caldo de cultivo donde dejar crecer sus empantanadas conjeturas.”

Desde La estirpe de los libres se ha faltado a la verdad, de manera consciente o por desconocimiento, aunque igualmente eso no exime de la responsabilidad a un periodista. Así, los negacionistas, los críticos contra el Gobierno o la ultraderecha hallaron un inmejorable caldo de cultivo donde dejar crecer sus empantanadas conjeturas.

Por ejemplo, la copresentadora Carmen Porter, el pasado 30 de julio, afirmaba en relación al comité de expertos científicos que asesoran al Gobierno sobre la gestión de la crisis sanitaria: “se sabe que no hubo comité”. Tras lo que prosiguió con su intervención, ”¿te acuerdas que muchos medios de comunicación preguntábamos por los nombres de esos expertos de la desescalada? Decían que no porque podían tener presiones, no dieron los nombres porque no existían”. Y concluyó con un brochazo muy acorde a estas aseveraciones embarradas: “esto se puede judicializar según dicen algunos”. ¿Dicen algunos?, ¿quiénes? Un final tan inconsistente como incorrecta es la exposición de los hechos, que persigue dejar caer el yugo de la duda sobre los profesionales que gestionan la situación y conducir ideológicamente.

Sobre tal asunto, el ministro José Luis Ábalos comentaba el 18 de mayo en TVE que no existe tal comité de expertos, sino funcionarios que trabajan a nivel técnico y que la ley protege su identidad.

Porter también ha sido noticia hace unos días por compartir un bulo en Twitter y no rectificar ni siquiera ante el aviso de periodistas e internautas del error que estaba cometiendo. La información en concreto partía de un medio vinculado a la derecha más exacerbada.

El tipo de desinformación promovida por Carmen Porter fomenta la inseguridad en las autoridades y alimenta al negacionismo. Además, nos retrotrae a lo absurdo de aquellas manifestaciones que hubo durante el estado de alarma en el barrio de Salamanca de Madrid. Cuando comprobamos cómo algunas personas cayeron fácilmente en la desesperación de no dilucidar la realidad, acogiéndose a cualquier hipótesis a la que pudieran dar validez en su mente.

El pasado domingo en el programa Cuarto Milenio, los expertos de la mesa de debate intentaban arrojar luz sobre el convulso momento que atraviesa Estados Unidos. Desde el comienzo, el tono de la conversación dejaba a las claras que ni siquiera se iba a apostar por una falsa equidistancia entre posturas, sino que los argumentos utilizados versarían directamente en una dirección, empezando por comparar a los movimientos antifascistas con las juventudes hitlerianas.

Una forma de criminalizar a los grupos antifa fue decir que boicoteaban actos de la ultraderecha; una aserción escudada en el mito de la libertad de expresión como algo intocable, sin tener en cuenta que en la democracia moderna no todo vale y que debería ser punible colocar al mismo nivel los discursos racistas y homófobos de los que no lo son.

“El antifascismo tendría que ser una responsabilidad política y moral, más allá de que un ciudadano defienda causas neoliberales o sociales.”

Hay que señalar que la mayoría de las democracias actuales se han construido sobre la derrota del fascismo y que el antifascismo tendría que ser una responsabilidad política y moral, más allá de que un ciudadano defienda causas neoliberales o sociales.

Los expertos continuaron dibujando un futuro violento y apocalíptico donde los ciudadanos parecían tener dos opciones, ‘o votar a Trump o votar a la anarquía, votar a la violencia’, como aseguraba el coronel Pedro Baños. ¡Menuda interpretación! Ya lo dijo William Shakespeare: “De lo que tengo miedo es de tu miedo”.

En un punto báquico del coloquio llegaron a asegurar que el candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden, tiene la intención de disolver a la policía estadounidense completamente y usar ese presupuesto para causas sociales, acción que dispararía los índices de criminalidad. Sin duda, a esas alturas el delirio ya se había apoderado del plató.

Antes de analizar la política de Estados Unidos, La nave del misterio puso sus ojos en las estadísticas sobre crímenes en aquel país, dividiéndolos por cuestión de raza. Tras una primera tanda de datos acompañados de unas adecuadas explicaciones se pasó a mostrar otras estadísticas más peliagudas y esta vez sin ningún tipo de aclaración pertinente. ‘Estas son las realidades que nos tratan a veces de ocultar’. Una situación curiosa que el coronel Baños hable de realidades cuando en la emisión, ni siquiera él se ajustó a los registros que aparecían al unísono en pantalla. Mientras la gráfica decía que el 37% de los asesinatos de policías en EEUU fueron cometidos por personas de raza negra, Baños aseguraba a cámara que “los policías asesinados en Estados Unidos que son un centenar al año, la mitad son asesinados por personas de raza negra”.

De todos modos, una rotulación bastante enrevesada para expresar que el 63% de los asesinatos de policías son cometidos por personas que no son de raza negra.

Sin paños calientes: racismo en prime time

El programa y el propio Iker Jiménez presumieron de aportar datos que no suelen aparecer en otros medios, pero ¿a quién se le pasó por la cabeza que era una buena idea soltar esos porcentajes en la pantalla sin ninguna interpretación? El coronel sentenciaba que estas son las realidades que nos ocultan desde la instrumentalizada política que intenta sacar del poder a Trump.

Aunque más que eso, presentar datos de esta forma, sin profundizar en ninguna variable, es un sesgo que pareciera indicar que la raza es determinante a la hora de cometer un crimen. Sin paños calientes: racismo en prime time.

A esto hay que añadir que Mediaset en un intento de dotar de mayor veracidad a uno de sus presentadores estrella, le ha fabricado un programa de investigación, Informe covid, emitido en horario de máxima audiencia y esta vez en la cadena mayor del grupo, en Telecinco. Lo que todavía hace más difícil para el espectador discernir si lo que se relata en este programa es la realidad o ‘la realidad’ de la que normalmente hace gala Cuarto Milenio. Un caleidoscopio con los mismos espejos, diferentes colores y un prisma difícil de calibrar.

No sería justo dejar de comentar que Informe Covid está resultando ser un espacio académico, donde se habla de ciencia e investigación de una manera didáctica como se pudo comprobar en su última emisión. La explicación del doctor en ciencias biológicas, Alfredo Corell, sirviéndose de personajes e icónicas estructuras de Star Wars para explicar qué son los interferones fue brillante.

“Quizás el hecho más paranormal que haya ocurrido en este país en su época reciente no sea otro que comprobar como los programas de entretenimiento han tomado posicionamiento político.”

El talento como comunicador de Iker Jiménez está fuera de toda duda, pero cuando dos programas comparten el mismo plató, equipo técnico y presentador, siendo uno de ellos tan diferente del otro en contenido, se produce un pérfido juego de reflejos en el que el realismo de uno pareciera transmutar al otro. Y hay un abismo entre lo que se cuenta en Informe Covid y las opiniones que en ocasiones se vierten en Cuarto Milenio.

Quizás el hecho más paranormal que haya ocurrido en este país en su época reciente no sea otro que comprobar cómo los programas de entretenimiento han tomado posicionamiento político. El Hormiguero bajo la batuta de las opiniones políticas de su presentador se ha convertido en paradigma del fenómeno. Este lunes, Pablo Motos presumía de haber sido el programa más visto el pasado jueves, cuando estuvo invitado el doctor Pedro Cavadas, un prestigioso cirujano con ínfulas de postularse mediáticamente en el trono de Spiriman.

Entre críticas a la gestión sanitaria y a otros colegas de profesión, el doctor Cavadas tuvo tiempo también de sembrar la duda sobe las futuras vacunas para acabar con el coronavirus: “si queremos algo pronto hay que aceptar que aparecerán un número de efectos adversos que entran dentro de la Fase 3 de una medicación”. A estas palabras respondió el neurocientífico Pablo Barrecheguren.

El presentador que blanqueó a la ultraderecha invitando a jugar a su programa al líder de Vox, Santiago Abascal, suma una nueva muesca en su revolver al difundir, desde su tribuna, ideas especulativas sobre la vacuna en un momento donde existe una corriente negacionista del virus. Aun siendo de dominio público que el desarrollo de una vacuna conlleva que esta pase por varias fases para confirmar que es completamente segura, fases que normalmente duran años, el doctor Cavadas ignoró los datos experimentales que se están llevando acabo con la del coronavirus delante de millones de espectadores.

En la misma emisión del lunes, Pablo Motos abrió la tertulia de humor con sus colaboradores aludiendo a que comentasen ‘una pillada’ que les hubiera sucedido en sus vidas, tal y como le había ocurrido a la ministra Isabel Celaá abandonando Madrid tras declarar el estado de confinamiento. Celaá, que reside en Vizcaya, fue a Madrid el viernes para el Consejo de Ministros y a la conclusión del mismo tomó un vuelo a Bilbao para acudir a una cita médica. Hay que recordar que las convocatorias médicas están dentro de los casos en los que se permiten los desplazamientos durante el confinamiento perimetral, y que la ministra de Educación cumplió las limitaciones del estado de alarma anterior hasta tal punto que no pudo asistir a Bilbao tras la muerte de su madre.

“Los formatos televisivos de entretenimiento se han convertido en una inmejorable ventana para colarnos píldoras políticas que nos acercan pensamientos tendenciosos y conservadores.”

No deja de ser llamativo que habiendo ejemplos mejores para ilustrar sus intenciones, el presentador de El Hormiguero reparase una vez más en uno protagonizado por una ideología determinada para introducir su sección.

Dentro de unos años habrá que reflexionar sobre la actuación de los medios de comunicación durante la pandemia y estos ejemplos comentados serán uno de los capítulos a tener en cuenta.

Los formatos televisivos de entretenimiento se han convertido en una inmejorable ventana para colarnos píldoras políticas que nos acercan pensamientos tendenciosos y conservadores. A veces incluso exhibiendo una sutileza perversa que aspira a calar hondo en la psique del respetable.