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08/11/2019 07:33 CET | Actualizado 08/11/2019 07:33 CET

Lo que se espera de ti

Lo que no se espera de ti, es que sepas que cuando no votas, ya estás votando, seguramente a alguien que no quieres.

Vic Ratnieks / EyeEm via Getty Images

La ovejas negras siempre han sido mis favoritas. Precisamente porque no buscan ser blancas. Ni tratan de encajar.

Son negras, lo saben y viven. Punto.

De tod@s nosotr@s se ha esperado siempre que seamos ovejas blancas y que, encima, nos matemos por querer tener el blanco más impoluto del rebaño.

Como si no fuera suficiente el hecho de ser una  oveja.

Y ahí está el problema, lo que se espera de nosotros, lo que se espera de ti.

De ti se espera... que seas una persona normal.

Ya sabes, con la típicas ambiciones, sin destacar demasiado, con tus temas de conversación típicos, sin mucha profundidad... y si vas a profundizar, que sea sin tomar acción.

Y si en una de éstas se nos ocurre pensar, que sea dentro del formato tradicional del pensamiento único, no te vayas muy lejos, no sea que te dé por cuestionarte el sistema que ya estaba antes de que tú existieras.

Ya sabes... el pensamiento único, tipo: A favor de la independencia de Catalunya o en contra (aunque no conozcas nada sobre  el pueblo catalán, da igual, hay que posicionarse).

O ser de derechas o de izquierdas. O estar a favor de la tauromaquia o ser animalista del Pacma.

O te tachan de comunista o te tachan de facha.

En este rebaño tienes que pensar  A o B...

O blanco o negro. Y es curioso, porque casi siempre en la vida, todo suelen ser grises.

De ti se espera que pierdas lo más sagrado que tienes. Tu tiempo. Que pierdas mucho tu tiempo y que lo hagas entre pantallas. Del móvil a la tablet, de la tablet a la TV y de la TV vuelta a empezar.

De ti se espera que tus deseos y sueños sean bastante previsibles. Ganar dinero para poder comprar el cochito, la casita, ropita suficiente para tener tu “outfit del día”, alguna operacioncita y mucho viajecito. El monto de la ganancia debe verse reflejado en el coche que conduzcas, la casa en la que vivas, la ropa que te pongas, la tecnología que uses, los viajes que publiques en Instagram... Prácticamente con todo lo que te ha costado el tiempo de tu vida. Porque el dinero que ganas es tu tiempo invertido en lo material, que en cuestión de meses ni valorarás.

De ti se espera que desees querer  tener todo lo que te ponen en los escaparates de lo innecesario. Que desees querer ropa como si la necesitaras. Que desees tener coches de grandes firmas como si tuvieras que correr más que los demás... para que, paradójicamente, el único que se corra, sea tu ego.

Nos hemos dedicado a tapar la realidad. Tapamos la verdad, tapamos lo real. Con sobredosis de postureo y mucho maquillaje.

De ti se espera que te pases tu vida académica pendiente de un número sobre un papel. Da igual aprender y retener información o no hacerlo. Si en esos papeles el número es menos de 5... se espera que pienses que eres un fracasad@. Y si es más de un 9, se espera que te creas que estás por encima de los demás. Se te pone valor intelectual por los números que pongan sobre unos papeles que se evaporan al día siguiente. De tu cerebro.

De ti se espera que te invada la necesidad de “titulitis” para sentirte “alguien con futuro”.

Grados, másters, idiomas en el extranjero y todo lo que suene a haberte dejado un pastón en tu formación.

Para que luego pases a ser nadie entrando a trabajar a las 7 am y te dejes explotar por cuatro duros, haciendo mil horas extras. Y que te mantenga en esa situación “de mierda”, la ilusión de que, en algún momento sean cinco en vez de cuatro los duros. Y ya cuando le pidas ese aumento que no llega a “los duros”, éstos pondrán a otr@ que tenga la paciencia intacta para seguir alimentando el mismo ciclo vital “Millennial’s Tour”...

De ti se espera que te sientas un privilegiado si ganas más de 1.000 euros. Para alquilar una casa de una habitación por 700, agua, luz, internet aparte; comer, vivir y ahorrar para una pensión, que posiblemente nunca termine debajo de tu colchón.  

De ti se espera que te cabrees mucho. No por todo lo anterior, sino que te cabrees cuando pierda el Madrid (o el Barça), cuando salga tu concursante favorito de Gran Hermano, que te indignes cuando veas cualquier noticia sensacionalista con una duración de un día: ya sabes... Catedral de Notre Dame, niños que desaparecen, Franco, disparates de Vox, incendios, Cataluña. Cataluña. Venezuela. Cataluña (×2).

Que te cabrees mucho con la tele.

De ti se espera que el sueño de ser emprendedor y vivir de algo que te apasione, se te quite de golpe cuando te informen sobre las cuotas de autónomo. Pensarás que te han confundido con Amancio Ortega.

Y se espera que te convenzas de que el futuro “más seguro” es ser funcionario y, como todos tienen la misma convicción, ser funcionario se convierte en otro sueño poco alcanzable.

De ti se espera que el feminismo te dure dos camisas low cost de nueva temporada de Stradivarius. Al igual que se espera que el ecologismo te dure tres stories.

Lo que no se espera de ti, es que sepas que cuando no votas, ya estás votando, seguramente a alguien que no quieres.

Porque de ti se espera, que vivas por y para mantener este sistema de consumo obsoleto que va deteriorando tu casa (el planeta) con su mero mantenimiento.

De ti se espera que te pases la vida  haciendo lo que sea por entrar o por no salir de una talla 38. Si eres mujer. Porque las mujeres no deben ocupar mucho.

Así como también se espera que te odies y te tapes cuando ocupes más espacio.

Si eres hombre, de ti se espera que no llores, que no sientas miedo, que no seas flojo. Tú sí puedes ocupar mucho espacio. Pero solamente de músculo.

¿Lo próximo que se espera de ti? Que no vayas a votar el 10-N, porque se sabe que estás cansad@ y aburrid@ porque cada vez crees menos en esta democracia.

Lo que no se espera de ti, es que sepas que cuando no votas, ya estás votando, seguramente a alguien que no quieres.

Podría ser el próximo capítulo de Black Mirror. Pero por desgracia las esperas suelen ser más imponentes que cualquier sugerencia de Netflix. Y la realidad es que somos una sociedad que se mira en un espejo negro en el que pocas veces encuentra más luz que la ficticia de los filtros de Instagram. Porque nos hemos dedicado a tapar la realidad. Tapamos la verdad, tapamos lo real. Con sobredosis de postureo y mucho maquillaje.

La buena noticia es que al final, casi siempre, lo que se espera de ti se queda en una simple espera. Si no eres tú quien lo espera.

¿Sabes lo que “no” se espera de ti?

Que pintes por fuera del dibujo que te enseñan, que te salgas de los márgenes, que te acompañe continuamente el pensamiento crítico, que te muevas cuando te suben el agua, la luz, cuando te roban o desmantelan tus futuras pensiones, cuando te van quitando poco a poco la sanidad, la educación... la dignidad.

Porque cuando tú eres inesperad@, eres una oveja negra.

Te dije que me encantan las ovejas negras. Porque son inesperadas. Pero también respetadas.

 

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