Lidl enfada a los agricultores con su última campaña: "Es indignante. No se pueden mofar de eso"

Lidl enfada a los agricultores con su última campaña: "Es indignante. No se pueden mofar de eso"

"Que una cadena de distribución tan potente se burle del principal problema de los agricultores y ganaderos es una vergüenza".

Campaña de la aceituna en Antequera (Málaga), el 9 de octubre de 2019.JORGE GUERRERO/AFP via Getty Images

Amador tiene dos mil olivos en Alcolea de Calatrava (Ciudad Real) y este año ha recogido, aproximadamente, 15.000 kilos de aceituna. Después de dos semanas de recogida junto con otras dos personas de su familia, a Amador le pagarán unos 6.000 euros, a los que deberá restar el jornal de los trabajadores y los gastos de poda y tratamientos para los olivos. 

Paralelamente, Lidl lanzó a principios de año una campaña de publicidad en la que promueve su “preciobajismo” y alardea de vender el litro de aceite de oliva a 2,20 euros. En Lidl no conocen a Amador, pero el marketing del supermercado alemán sí afecta a este alcoleano y a los miles de olivareros españoles que, como él, tratan de rentabilizar sus cultivos.

Los estudios señalan que pagando menos de 2,70 euros el litro de aceite, el cultivo de olivos no resulta rentable. En la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) son muy conscientes de ello; por eso no se han tomado nada bien la última campaña de Lidl.

UPA considera que tras la apariencia de esta campaña pseudodocumental e irónica que trata el “Preciobajismo”, se ocultan “las malas prácticas que están hundiendo la rentabilidad de las explotaciones agrícolas y ganaderas”. 

“Este anuncio es un torpedo en la línea de estrategia que lleva siguiendo la agricultura desde hace 15 años”, denuncia Diego Juste, portavoz de UPA. “Nuestra lucha es por los precios justos”, describe. Y en esa batalla, en la que están implicados “el sector de agricultores y ganaderos, el Gobierno y hasta la Unión Europea”, las cadenas de distribución “deberían ser un aliado, no lo contrario”, sostiene.

“Que una cadena de distribución tan potente como Lidl se mofe del principal problema de los agricultores y ganaderos es una vergüenza”, critica Juste. “No se puede vender el aceite a 2,20 euros si al olivarero le cuesta 2,70 producir un litro”, sentencia.

No se puede vender el aceite a 2,20 euros si al olivarero le cuesta 2,70 producir un litro

Además de aceite, en el spot promocional de Lidl aparecen otros productos como pan sin corteza, queso manchego o bebida de soja, pero el caso del aceite de oliva es especialmente paradigmático… y sangrante. “Es un producto emblemático, es el oro líquido; España es el primer productor mundial. Y a día de hoy su cultivo es prácticamente insostenible”, señala Juste.

“Cada año cierran miles de granjas y explotaciones. Y no es por falta de demanda, sino por falta de rentabilidad. Los padres se jubilan y a los hijos no les resulta rentable. No hay relevo generacional y cierran”, explica.

“Con lo que se está pagando este año la aceituna, algunos no llegan ni a cubrir gastos”, corrobora Amador, que aparte de agricultor es camionero. “Con 2.000 olivos no se puede vivir”, argumenta; y menos si, como en su caso, se trata de un olivar tradicional de secano, que produce mucho menos que los de regadío.

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Por eso en UPA no entienden que “el preciobajismo sea el reclamo para atraer a los clientes” cuando esto supone que “miles de familias se vayan a la ruina”. “Es indignante. No se pueden mofar de eso”, critica Diego Juste.

“No decimos que el aceite tenga que ser carísimo, sino que tenga un precio justo que garantice que no haya que cerrar explotaciones”, piden desde UPA. “Un cambio de 50 céntimos en el precio del aceite puede suponer pasar de la ruina a la rentabilidad para un agricultor”, explica Juste.

Además, en UPA creen que estos reclamos de bajadas de precios en el supermercado son un engaño para el cliente. “Luego te venden frutos secos de Madagascar por 27 euros el kilo y sacan por ahí la ganancia. Pero como compras cien gramos, no lo notas”, plantea su portavoz. 

A este paso, en unos años no habrá aceite de España, o no habrá leche. No estoy siendo agorero; es que a los agricultores no les sale a cuenta
Diego Juste, portavoz de UPA

La Unión de Pequeños Agricultores no es la única organización consciente de esta problemática. El sector olivarero ha convocado junto con la UPA, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) paros y cortes de carretera este 30 de enero en Jaén para denunciar la insostenible bajada de precios del aceite. “El aceite comenzó a caer desde marzo de 2018 tras una situación de lluvias inusuales y, desde entonces, no ha remontado”, señalan en un comunicado.

Diego Juste apunta a que esta bajada de precios se debe principalmente a que “el 90% del negocio lo controlan cinco grandes marcas de distribución”. “Cada vez son más poderosas, sobre todo frente a los miles de olivareros, que están más dispersos y son más débiles. Tienen pocas herramientas para negociar”, lamenta.

Los agricultores reconocen que si no fuera por las subvenciones de la Política Agracia Común (PAC) de la UE, sus cultivos no serían rentables. “La situación es muy frágil y no nos damos cuenta”, asegura Juste. “A este paso, en unos años no habrá aceite de España, o no habrá leche. No estoy siendo agorero; es que a los agricultores no les sale a cuenta. Ni los consumidores ni la industria deben dar por sentado que habrá estos productos en el futuro”.

“Otras veces la aceituna ha llegado a pagarse al doble, pero este año no hay manera. El olivar de secano es una ruina”, reitera Amador.

La próxima semana, UPA se va a reunir con Autocontrol, que regula la industria publicitaria en España, y con AICA, el organismo del Gobierno que vela por evitar este tipo de abusos en la cadena alimentaria. Juste también confirma que Lidl se ha puesto en contacto con ellos y que UPA se va a reunir con los representantes el supermercado. No obstante, por el momento Lidl no ha respondido a las preguntas de El HuffPost.

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Marina Velasco Serrano es traductora de formación y periodista de vocación. En 2014 empezó a trabajar en 'El HuffPost' como traductora de inglés y francés en Madrid, y actualmente combina esta faceta con la elaboración de artículos, entrevistas y reportajes de sociedad, salud, feminismo y cuestiones internacionales. En 2015 obtuvo una beca de traducción en el Parlamento Europeo y en 2019 recibió el II Premio de Periodismo Ciudades Iberoamericanas de Paz por su reportaje 'Cómo un Estado quiso acabar con una población esterilizando a sus mujeres', sobre las esterilizaciones forzadas en Perú. Puedes contactar con ella escribiendo a marina.velasco@huffpost.es