Los alérgicos viven una primavera atípica por el coronavirus

La reducción de la contaminación y el uso de mascarillas han aliviado estos días a millones de personas. Aún así, cuidado con el desconfinamiento y la vuelta a las rutinas.

Flores, olor a primavera, largos días de sol, primeras noches de calor, jornadas de playa... Esa es la imagen más bucólica del mes de mayo. Pero esta hoja del calendario tiene una cara B: la de las alergias al polen, porque estos son los días en los que ataca con más fuerza.

Según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, las enfermedades alérgicas por pólenes afectan en nuestro país a casi diez millones de personas. El 20% de la población padece cada año incómodos y, a veces, importantes síntomas como rinitis, asma o conjuntivittis, que pueden llegar a condicionar su vida.

Sumida la sociedad en esta extraordinaria etapa sanitaria por la crisis del coronavirus, la alergia ha pasado a un segundo plano. Y si años atrás la enfermedad ocupaba conversaciones, exigía tiempo en informativos y marcaba la agenda médica, este 2020 parece que está pasando desapercibida.

Pero sigue estando ahí, y si no que se lo digan a los que la padecen. Eso sí, en esta ocasión la temporada de alergias es un poco más especial y en esto tiene que ver el tiempo y también el coronavirus.

Esta es la situación actual. Los alérgicos juegan con ventaja esta temporada, aunque también hay factores que van en su contra.

1. Cuidado con la últimas lluvias

En años pasados, a estas alturas del calendario, todos éramos conocedores de cómo se planteaba la temporada de alergias por pólenes en todo el país. Y este año, a mediados del mes de marzo estos eran los pronósticos: “Las previsiones de pólenes de gramíneas indicaban una primavera leve en la Cornisa Cantábrica y el Litoral Mediterráneo, mientras que en la zona Centro se esperaban niveles moderados y valores altos en el Sur Peninsular”, explica el doctor Ángel Moral, médico alérgologo y miembro de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.

Con el discurrir de la estación de las flores, esas previsiones han cambiado un poco, pues las intensas lluvias que se han registrado en las últimas semanas “van a favorecer el crecimiento de las gramíneas y, como consecuencia, el aumento de los niveles de sus pólenes por encima de las previsiones, sobre todo en Extremadura, norte de Andalucía, Madrid, Castilla-La Macha y Castilla y León”, puntualiza el especialista.

2. Tregua por los bajos indices de contaminación

A pesar de estas malas noticias meterorológicas de última hora, hay otro componente ambiental al que agarrarse porque, si bien los altos niveles de contaminación de estos últimos años habían jugado en contra de los alérgicos, este año la situación se ha dado la vuelta.

“Se ha demostrado que hay una relación directa entre el cambio climático y la contaminación y el aumento de las enfermedades alérgicas por pólenes. Las partículas emitidas durante la combustión de los motores diésel y de las calefacciones crean un ambiente hostil para las plantas que, al no poder desplazarse como harían otros seres vivos, se defienden de la contaminación modificando su fisiología, produciendo nuevas proteínas denominadas de estrés, que se localizan en el interior de los pólenes, haciéndolos más agresivos”, explica el doctor Moral. Y esta es la principal razón por la que estas alergias son más frecuentes en la ciudades.

Ahora bien, todos sabemos que los cielos de las grandes ciudades lucen en estas últimas semanas como hacía tiempo que no lo hacían. Las medidas de restricción de la movilidad han disminuido notablemente la presencia de contaminantes y esto está influyendo positivamente en las enfermedades respitatorias, entre ellas las debidas a las alergias por pólenes.

“Permanecer el mayor tiempo posible en casa por la alerta sanitaria ha reducido notablemente la exposición a pólenes y esto ha beneficiado notablemente al control de sus síntomas”

Además, el confinamiento ha traído otro dato alentador. “Las instrucciones de permanecer el mayor tiempo posible en casa por la alerta sanitaria de coronavirus han reducido notablemente la exposición a pólenes y esto ha beneficiado notablemente al control de sus síntomas”, apunta Moral.

La consecuencia inmediata de esto ha sido el menor consumo de medicamentos para tratar esta patología y la disminución de la asistencia a centros sanitarios para tratar a pacientes con asma. Pero advierte el doctor que aunque “algunos pacientes observarán que tienen que usar menos medicación para la alergia, tienen que ser cumplidores con los tratamientos para el asma” .

3. El alivio de las mascarillas

No es nuevo. ”Los alérgicos a pólenes se benefician de la utilización de mascarillas cuando se produzcan en el exterior niveles elevados en los meses de invierno por las arizónicas, en primavera por el plátano de sombra, abedul, gramíneas, olivo y parietaria, y durante el verano por la salsola y la parietaria”. Sin embargo, confiesa el especialista, hasta ahora eran infrautilizadas por el rechazo que producían en los demás -porque la gente pensara que podría tratarse de una persona infectada por alguna enfermedad-.

“Como consecuencia de la utilización de mascarillas para evitar el contagio por el coronavirus, los alérgicos van a presentar menos síntomas al disminuir la exposición a los pólenes”

Ha tenido que llegar la pandemia para que ese uso general haya beneficiado a los alérgicos. “Dicen que ‘no hay mal que por bien no venga’ y, como consecuencia de la utilización de mascarillas para evitar el contagio por el coronavirus, los alérgicos esta primavera van a presentar menos síntomas al disminuir la exposición a los pólenes”, asegura el doctor Román.

No sirven todas las mascarillas a la hora de filtrar pólenes. Según el especialista, las efectivas son las mascarillas de protección, las denominadas FFP que cubren nariz y boca filtrando el aire que se inhala y retienen las partículas que se encuentran en el aire que respiramos, como los pólenes y los virus. Las hay de tres tipos: las FFP 1 atrapan un 80 % de las partículas mayores de 0,3 micras; las FFP 2 atrapan un 92%; y las FFP 3, atrapan un 98 %. Todas tienen una pinza nasal y una forma ergonómica para ajustarse adecuadamente al rostro, impidiendo el paso de partículas por los bordes.

Se recomienda especialmente el uso de mascarillas en aquellas zonas con niveles muy elevados de pólenes. Por ejemplo, Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valladolid en los meses de marzo y abril por el plátano de sombra; en mayo y junio, en provincias como Jaén, por la polinización del olivo; y en las provincias de Cáceres y Badajoz en las mismas fechas por las gramíneas.

4. Pero a partir de ahora, no nos descuidemos

El alivio del desconfinamiento por el coronavirus y la desescalada irán, poco a poco, devolviendo a la población a sus rutinas. Esta ‘nueva normalidad’ también supondrá un cambio en las circunstancias antes descritas que los alérgicos deben empezar a tener en cuenta.

Hasta el momento se ha disfrutado de una situación un tanto excepcional que ha disminuido la exposición a los pólenes y ha ayudado a limpiar la atmósfera, y que ha supuesto una reducción de la sintomatología.

“Las últimas precipitaciones que han favorecido el crecimiento de las gramíneas ocasionarán una mayor presencia de sus pólenes en los meses de mayo y junio, sumándose a los del olivo”

“Sin embargo, las últimas precipitaciones que han favorecido el crecimiento de las gramíneas ocasionarán una mayor presencia de sus pólenes en los meses de mayo y junio, sumándose a los del olivo. Coinciden con el proceso de desconfinamiento y las ganas de salir al campo y a los parques que puede provocar un repunte de los síntomas”, advierte el doctor Moral.

Entonces, no está demás insistir en la recomendación de los especialistas de utilizar la mascarilla con una doble finalidad: evitar la posibilidad de contagiarse por el coronavirus y disminuir la exposición a los pólenes.

Por último, el alergólogo recomienda poner el ojo en los niños, uno de los grupos de edad más vulnerables para este tipo de alergias. La franja horaria para su paseo coincide con las horas de más calor, las horas en las que hay mayor cantidad de polen en las atmósfera.

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