INTERNACIONAL
24/09/2019 23:07 CEST | Actualizado 25/09/2019 13:11 CEST

Los demócratas de EEUU ponen en marcha un 'impeachment' contra Trump

El motivo del juicio político: la llamada del presidente republicano a su homólogo de Ucrania para perjudicar a Joe Biden y su hijo

AFP Contributor via Getty Images
Donald Trump, en un acto en recuerdo a las víctimas del 11-S en el Pentágono, en 2017. 

El hombre más poderoso del planeta está contra las cuerdas. La presidenta de la Cámara Baja, la demócrata Nancy Pelosi, ha anunciado esta noche que su formación, mayoritaria en el Congreso, va a iniciar un proceso político o impeachment contra Donald Trump, el presidente de EEUU, por haber violado gravemente la Constitución.

Un revés que ha tardado dos años de legislatura en llegar, tras infinitos amagos y eternos debates en el seno de la formación progresista. La causa que finalmente les ha hecho dar el paso es el llamado “escándalo ucraniano”, una jugarreta de Trump para hundir la reputación de su máximo adversario, el exvicepresidente Joe Biden, que aspira a ser candidato demócrata a la Casa Blanca en 2020. 

En los últimos días se ha descubierto que el millonario bloqueó fondos de asistencia a Ucrania y habría coaccionado a ese país para que investigara a Biden y a su familia, sobre todo a su hijo y a una empresa con la que éste colaboraba. Un intento de complicar su candidatura, que va viento en popa y amenaza con sacarlo del Despacho Oval. Coacción, como dice Pelosi.

La portavoz aseguró que las acciones de Trump han sido una “traición a su juramento del cargo, a la seguridad nacional y a la integridad de las elecciones”. 

“Las acciones tomadas hasta la fecha por el presidente han violado gravemente la Constitución. Anuncio hoy que la Cámara de Representantes inicia de manera oficial el proceso de juicio político”, ha indicado la demócrata en una rauda comparecencia, justificando una apuesta que lleva meses sobrevolando las mesas de los demócratas pero nunca cuajaba, por el desgaste que entraña.

Lo que la mano dura en inmigración, la trama rusa o las emergencias nacionales (grandes escándalos de esta Administración) no han conseguido antes, lo logra ahora esta historia de presiones y ventilador contra el enemigo. La propia portavoz era una de las que menos claro veía esta complicada vuelta de tuerca, porque implica una pelea a cara de perro en la que todos pueden verse afectados. 

Poco antes de conocerse el inicio de este proceso, el propio Biden lanzaba un tuit en el que denunciaba las tropelías del presidente: “Las acciones del presidente Trump son un abuso de poder. Socavan nuestra seguridad nacional. Violan el juramento del cargo. Si permitimos que un presidente se salga con la suya de destruir la Constitución de los Estados Unidos, eso durará para siempre”.

Estaba ya anticipando el impeachment por venir y ese “el presidente debe rendir cuentas; nadie está por encima de la ley”, pronunciado luego por Pelosi y que llena las redes sociales como un mantra entre sus partidarios. 

 yLos demócratas no pueden lanzar las campanas al vuelo aún: el proceso de juicio político, aunque se aprobase en el Congreso, necesita el aval del Senado, por una mayoría de dos tercios, cuando esta cámara está en manos de los republicanos. O los conservadores se revuelven contra su líder o no hay manera de sacarlo adelante. Y por ahora han decidido mostrar todo su apoyo al magnate. 

De hecho, en la historia de EEUU ningún presidente ha sido destituido por el Senado. Eso no quita para que la circunstancia, el trance, sea la mayor crisis a la que Trump puede enfrentarse en este mandato, desde su victoria en 2016. 

La defensa

El anuncio de la apertura de un proceso de destitución contra Trump llega tras la revelación de que el gobernante bloqueó fondos de asistencia a Ucrania y de que habría presionado a ese país para que se investigara a Biden y a los suyos. Desde Nueva York, desde la cumbre de la ONU, Trump modificó este martes su primera versión inicial de los hechos, en la que negó que hubiera bloqueado fondos para Ucrania. Al fin confirmó que, bueno, que sí, pero que lo hizo de manera temporal para forzar a otros países europeos- Francia y Alemania- a que proporcionaran a su vez más fondos a Kiev.

″¿Por qué solo Estados Unidos está poniendo dinero? Y, por cierto, pagamos ese dinero. Pero siempre me pregunto por qué otros países, especialmente en Europa, no están proporcionando ayuda a Ucrania”, señaló, a modo de justificación. 

Como el rugido de los opositores no se acallaba, más tarde, el mandatario anunció que divulgará mañana miércoles (¿por qué no ya?) la “transcripción completa” y “desclasificada” de su llamada con su homólogo ucraniano, Vladímir Zelenski, para evidenciar que no ha obligado a su Gobierno a investigar a Biden ni a su hijo, Hunter, que tiene relación con una empresa gasista de la zona. 

Eso fue antes del impeachment y de que denunciara, oculto en su Torre Trump, que estamos ante una “caza de brujas” y “acoso presidencial”.

Por convicción y por estrategia

En las redes sociales, los demócratas han corrido a enfatizar que dan este paso por convicción, por compromiso con el estado, por responsabilidad, pero hay algo más. Los principales analistas llevan meses apuntando a que si no plantean pelea no van a tener opción alguna de ganar en las presidenciales de 2020, sea cual sea su candidato final (hay 20 en la disputa). Trump, guste o no, tiene buenos datos económicos que defender y una base social amplia que aún cree su “make America great again”. 

“Los demócratas están divididos entre lo que está bien y es constitucional y lo que es políticamente bueno. No es sólo un voto en la Cámara, sino que obliga a Trump a la rendición de cuentas públicas, a aportar informes, pruebas, declaraciones...”, dice a la CNN. Hasta ahora, la Casa Blanca se ha negado siempre a colaborar con la justicia y a cumplir los requerimientos de documentación y declaraciones del Congreso. Si ahora vuelven a ser opacos, la opinión pública se lo puede hacer pagar, aunque el juicio político sea un callejón sin salida para su plan de derrocamiento, porque las cuentas no salen. 

Además, el ánimo en la ciudadanía es favorable a este proceso, aunque no por una mayoría aplastante. Según un sondeo hecho por Reuters e Ipsos la pasada primavera, el 45% de los votantes es partidario del impeachment, y subiendo. Porque hasta los republicanos entienden que hay que dar la cara -los electores, no los políticos-. 

Lo que está en juego

La posibilidad de impeachment (literamente, procesamiento) a un presidente, vicepresidente y cualquier cargo público civil está consagrada en la Constitución de Estados Unidos desde su aprobación, en 1789. El proceso puede impulsarse ante lo que se consideren casos de “traición, soborno, altos delitos o faltas”, como es el caso. El castigo es la destitución del cargo, sin posibilidad de apelación.

Solo ha habido dos impeachments un presidente en la historia de Estados Unidos, ambos del Partido Demócrata: en 1868 a Andrew Johnson y en 1998 a Bill Clinton. Ambos procesos fueron aprobados por la Cámara de Representantes pero rechazados por el Senado. En 1974, el Congreso iniciaba los preparativos de un proceso similar al presidente Richard Nixon cuando el republicano presentó su dimisión por el escándalo del caso Watergate.

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