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04/03/2020 09:28 CET | Actualizado 04/03/2020 09:28 CET

Los efectos del coronavirus en Italia podrían replicarse más intensamente en la economía española

España debe preocuparse por cualquier situación que pueda afectar al sector turístico.

TropicalShapes via Getty Images

Los efectos del coronavirus ya han comenzado a extenderse por todo el planeta. Si atendemos a la cifra de contagiados, podemos observar como la epidémica va ganando peso, a la vez que el alarmismo mediático recluye a la gente en sus casas, temerosos del “contagio mortal” que no deja de cobrarse vidas con el paso de los días. La situación, aun sin ser catastrófica, se ha convertido en una verdadera catástrofe. 

El desmesurado pánico que no deja de extender por todo el mundo está teniendo ya sus efectos en la economía. Si uno se para a observar las cifras de la actividad mundial, estas no han sido muy boyantes durante todo el año pasado. La guerra comercial, que se cebó con el mercado global, provocó una fuerte e intensa desaceleración de la actividad económica, al menos en materia de flujos de comercio internacional.

Una situación que se ha postergado con el coronavirus. A la semana de que el presidente norteamericano, Donald Trump, y el chino, Xi Jinping, firmasen la primera fase del acuerdo comercial, poniendo fin a la muy temida guerra comercial, el coronavirus entró en juego. Y es que, como decía, justamente a la semana siguiente de ese acuerdo, el coronavirus comenzaba a ganar cada vez más presencia en territorio asiático.

La inmediata actuación del gobierno chino, así como de los distintos gobiernos, comenzó por el completo cierre de los tráficos y flujos de personas entre territorios. Con el fin de evitar un mayor contagio, el bloqueo de las fronteras suponía la medida estrella para, al menos, contener el contagio a otros países vecinos y no tan vecinos. Un cierre que, como es evidente, tiene sus efectos en la economía, así como en sectores que se ven más perjudicados por la intensa actividad de la que, ahora, carecen.

España debe preocuparse por cualquier situación que pueda afectar al sector turístico.

Es el caso de Italia. Si observamos su producto interior bruto, por ejemplo, el comercio exterior, las exportaciones, se han convertido en una gran herramienta para la economía italiana. En cuestión de años, las exportaciones han pasado de representar cerca del 28% del PIB italiano a representar el 31%. Para hacernos una idea, cerca de una tercera parte de la economía italiana se encuentra directamente ligada al sector exterior. 

Si este, en el escenario coyuntural, se muestra duramente sacudido y paralizado por los efectos de una pandemia, podemos imaginarnos lo que pasaría con la economía italiana. Hablamos, ni más ni menos, de un gran pulmón para la economía transalpina que, en estos momentos, se encuentra funcionando por debajo de su capacidad.

Pero no todo es industria y sector exterior para los italianos. Si por algo se caracteriza el país, a la vez, es por su gran potencia turística. Italia es un país que, de forma interanual, recibe una gran cuantía de turistas al año. Una cuantía que, de la misma forma, deriva en una relación de ingresos que, de forma directa, generan las visitas al país. Sin embargo, como decíamos, si algo se ha bloqueado desde la aparición del coronavirus, eso ha sido el turismo.

Con, aproximadamente, 128 millones de turistas al año, Italia es una gran potencia turística. En 2018, los turistas gastaron cerca de 42.000 millones de euros en el país, como ya ha anunciado el Banco de Italia. Ante la paralización que está experimentando el sector turístico en el planeta, estas cifras podrían tambalearse durante este año. Y es que, la expansión del virus y el temor de los ciudadanos, así como los gobiernos, ha provocado un gran descenso en la movilización geográfica por motivos de turismo.

Se ha barajado, incluso, la opción de eliminar la fiscalidad a aquellos centros donde el coronavirus está más presente.

Y es que, es precisamente aquí donde quiero hilar con la economía española. Si observamos la situación que atraviesa Italia, uno puede hacerse una idea de lo fácilmente replicable que es este escenario en España. España, al igual -e incluso más- que Italia, es un país con un gran peso de su economía supeditado al sector turístico. El turismo para España es un sector crucial, tanto que representa casi el doble que para Italia, si contrastamos el ratio turismo/PIB.

Con un aporte de 178.000 millones de euros de forma anual, el turismo se ha convertido en uno de los principales sectores para la economía española. Hablamos de un 14,6% del PIB español que se encuentra directamente supeditado al sector turístico. Con este peso, España es el país, de los países miembros de la OCDE, en el que el turismo posee un mayor peso en el PIB. Con estos datos en la mano, es imposible el negar que España debe preocuparse por cualquier situación que pueda afectar a un sector que ya podríamos considerar de vital importancia para nuestra economía.

En resumen, Italia ha sacado sus herramientas a relucir. Los miembros del Gobierno italiano, en un escenario en el que vienen de pasarlo bastante mal, y camino hacia una nueva recesión técnica, ya han comenzado a idear alternativas que puedan paliar la situación. Se ha barajado, incluso, la opción de eliminar la fiscalidad, excluir de las obligaciones fiscales, a aquellos centros donde el coronavirus está más presente. Y bien, todo esto con un turismo que representa el 6% de su producto interior bruto, pues recordemos que en nuestro país representa cerca del 15%.

Por eso, y ante este escenario, uno se pregunta: ¿Y, España, por qué no?