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07/09/2019 09:48 CEST | Actualizado 07/09/2019 09:48 CEST

Los hombres objeto de la televisión

Los 'Toy Boy', juguetes en manos de Antena 3.

Antena 3

Vitoria.- Menudo cuadro. Toy Boy, la última serie de setenta minutos del catálogo de Atresmedia, se estrena este domingo en Atresplayer Premium y llegará en septiembre a Antena 3, pero ya hemos podido ver el primer capítulo en el FesTVal de Vitoria.

“Siempre hemos visto series donde la mujer era el objeto de seducción. Hemos querido darle la vuelta y que un hombre sienta lo que es ser un ’hombre objeto”, ha explicado uno de los responsables de la productora Plano a Plano en el festival de televisión. Han querido cambiar los roles... y el resultado es desastroso.

Si tampoco era necesario buscar que ahora los ‘juguetes’ sean otros. Los espectadores se pueden conformar con que no lo sea nadie. Para colmo, lo más dañino de Toy Boy son las malísimas interpretaciones. Es incluso doloroso ver a cada uno de los actores en acción. Tanto que se agradece que uno de ellos, Carlo Costanzia —el hijo de Mar Flores—, interprete a un stripper que no habla. Un pequeño descanso. La belleza no lo es todo si quieres conseguir montar una historia creíble (a pesar de que pueda dar audiencia). 

Decía María Pedraza en Vitoria que algún día se dejará de preguntar tanto por las escenas de sexo y así se logrará que no se les dé tanta importancia. Que serán una escena más. El problema es que en este caso, Toy Boy ha hecho de ellas su bandera. Del morbo, de exhibir torsos definidos, de la seducción... Por mucho que sea un thriller, ese aspecto pesa demasiado y se come al resto. Aunque en algo sí tiene razón la actriz: ella pertenece a una generación que está yendo más allá y está rompiendo tabúes. Mientras que a las intérpretes de generaciones anteriores les sigue dando pudor grabar esas escenas, ellos lo tratan con mucha más naturalidad. 

Pero aquí tanto sexo satura. Las secuencias se convierten en algo repetitivo, satura también ver a Cristina Castaño interpretarse a sí misma aunque lleve peluca —sin más comentarios sobre este detalle—, satura que para hacernos creer que María Pedraza no es la adolescente de Élite le tengan que poner unas gafas de ‘empollona’ que ‘indican’ que es una buena abogada. Demasiado cliché.

A ratos, incluso, puede invadirte la sensación de estar viendo algo así como Sin tetas no hay paraíso (Telecinco), pero once años después (y eso no es bueno). Una tenía como epicentro el Night Club y aquí todos bailan en el Inferno (otro pub del mismo estilo). Por no hablar de la escena de la playa, más propia de la manada de Crepúsculo.

Da hasta rabia, porque la premisa de la serie es buena. Un stripper amanece en su velero al lado del cadáver quemado del marido de su amante. El joven, al que condenan a quince años de prisión, no recuerda nada.

Lo tiene todo: sexo, drogas, fiesta... Vamos, todos los tópicos. Y chicos muy guapos que debutan en televisión para asumir el rol del que hemos querido librar a las mujeres. Del que se quiere huir y del que ha perseguido siempre a la ficción española. El mismo que se ha utilizado para atacarla, para decir que en España se hace siempre lo mismo. Los ‘toys’ son los hombres objeto de esta temporada en Antena 3, que se ha aficionado al sexo.

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