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08/08/2021 10:15 CEST

"Los países ricos, con la tercera dosis, deciden si quieren dejar morir gente en otros lugares"

La doctora Denise Naniche sostiene que no hay evidencias científicas de que un pinchazo extra vaya a mejorar la protección contra el coronavirus.

ISGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona).
La doctora Denise Naniche.

Denise Naniche se convirtió en directora científica del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) a principios de 2020. Era la primera mujer en llegar al cargo. Su estreno coincidió con la entrada en escena -conocida, al menos- del coronavirus SARS-CoV-2, por lo que esta doctora en Inmunología y Virología tuvo que abordar de inmediato uno de los mayores retos de salud global conocidos. 

Su balance, en cuanto a la protección contra el covid-19, es buena: se ha investigado rápido y bien y se han puesto en circulación vacunas eficaces y seguras que han amortiguado el daño. De lo que huye es de las afirmaciones precipitadas sobre terceras dosis, vacunas de recuerdo o campañas anuales. Aún no hay base científica para ello y, de momento, las fórmulas de que disponemos sirven para las nuevas variantes.   

¿Cómo valora la campaña de vacunación en Europa, y en España en particular, con el horizonte del 70% de la población inmunizada para finales del verano?

Creo que vamos bien, mucho mejor que antes, en España y en muchos países de su entorno. Hay que poner metas así, como la del 70% antes de final del verano, incluso aunque no lleguemos, que nos quedemos en el 65 o el 68%, ya estará bien. Aún así, aún queda ser muy proactivos en buscar maneras de que la gente, los que quedan, se vacunen.

¿Se hace suficiente pedagogía contra el negacionismo, tan intenso en Estados Unidos, donde ahora se encuentra?

Sí, en España no hay tanto como en EEUU, Francia o Alemania, donde vemos las protestas constantes de los negacionistas, pero siempre se puede hacer más, porque la mayoría de ellos es gente que realmente lo que tiene es dudas, que son legítimas, y también miedos, que igualmente lo son. Por eso siempre hay que continuar haciendo pedagogía desde la atención primaria, con la implicación de todo el cuerpo médico que tiene contacto con la ciudadanía. En España hemos empezado lentos pero luego hemos acelerado bastante si encontrar tantos obstáculos de gente reacia como en otros países. En EEUU ha sido al contrario, han empezado muy rápido y ahora les cuesta mucho convencer a los ciudadanos y hasta están hablando de incentivos financieros para animar.

Llegados a este punto, el gran debate ahora es el de la inmunidad y la supuesta necesidad de una tercera dosis de vacuna para lograrla. ¿Usted cree que es necesaria? ¿Hay estudios que avale ese paso?

No hay ninguna justificación científica ahora para recurrir a una vacuna de recuerdo, a una tercera dosis. Ni en la inmunología ni en epidemiología tenemos indicaciones aún de que se tiene que hacer algo así. En inmunología, en general, un refuerzo funciona mucho mejor con más tiempo entre las dosis, pero es que además la inmunidad no es algo de blanco y negro, en el sentido en que los anticuerpos determinan todo, sí o no. Pues no, los anticuerpos son la punta del iceberg de la respuesta que debemos dar. Si miramos a otros coronavirus, seguramente tenemos la conclusión que la inmunidad que se logra es de un año o más. Pero en el lado inmunológico no hay evidencias aún. En el epidemiológico, tampoco.

Lo que sí está confirmado es que hay pocas reinfecciones, ¿no?

Eso es. Vemos muy muy pocas en gente vacunada, es algo residual. El índice es muy muy muy bajo, repito, por ese lado no hay evidencia que soporte la idea de la tercera dosis. Hay algunos estudios sobre esa inyección extra que efectivamente dicen que los anticuerpos suben, pero eso se está transmitiendo con la idea de que la protección sube. Ha habido confusión entre lo que es ver los anticuerpos subir y ver una protección mayor, a la vez. Si das una dosis, vas a tener un pico de anticuerpos, es lo más normal, es lo que hace el sistema inmune, pero eso no quiere decir que no estuvieras protegido antes o que estás mejor protegido con la nueva dosis. Han confundido mucho tercera dosis con subida de anticuerpos y mejora de la protección y hasta ahora no hemos visto ningún dato de que la protección esté bajando con dos dosis.

¿Y en el caso de los grupos vulnerables? ¿Es conveniente para ellos esa tercera dosis? Ya hay países como Israel vacunando a sus mayores de 60 años

En los muy inmunodeprimidos y los que han recibido trasplantes se puede valorar. Efectivamente, como para cualquier otra vacuna, esas personas tienen menos respuesta inmune general y muchas veces necesitan más dosis de otras vacunas, para otras enfermedades. De eso hay evidencias, pero no de que sea oportuno o necesario para toda la población. Eso, visto desde el lado científico. Luego está el hecho de que el estudio sobre la tercera dosis en el que se ha visto un aumento de anticuerpos y que tanto se cita ha sido hecho por Pfizer, y en el mundo científico un estudio sobre un producto así, con tanto valor comercial, tiene que ser independiente, no puede venir sólo de la empresa que vende el producto. No, no, no. 

¿Comparte entonces la idea de la OMS, de que es mejor tener primero una mayor cobertura básica mundial, incluso en países pobres, antes de ampliar las vacunas en zonas ricas?

Sí, la moratoria que han pedido está completamente justificada. Los países ricos, con la tercera dosis, deciden si quieren dejar morir gente en otros lugares, acumular viales y profundizar en la brecha mundial. Pero no sólo eso, también si quieren continuar viviendo con miedos, porque hasta que no vacunemos al mundo entero, siempre tendremos más variantes y más coronavirus y estaremos en la situación de cada año querremos vacunarnos más, sin querer vacunar a los países de baja renta. Eso es un círculo vicioso infernal, una falta de solidaridad clara y una situación de permanente miedo en los países ricos.

Algunos defensores de la tercera dosis dicen que ayudarán a blindarse ante nuevas cepas pero ¿son o no son efectivas para esas mutaciones las vacunas que tenemos ya?

Las actuales sirven, siguen siendo efectivas para las nuevas variantes. Muchos medios van contando a diario los casos crecientes de covid pero es que una vacuna nunca ha estado destinada a proteger en sí contra la infección y los casos, sino contra la enfermedad. Y las fórmulas de ahora siguen protegiendo y siendo eficaz contra la enfermedad en sí.

O sea, la clave es que hay menos personas que mueren, que ingresan en hospitales, que están graves... 

Exacto. Es verdad que cuando tenemos muchos casos, sólo por números, acabamos teniendo un aumento, en algunos casos graves, entre los no vacunados, pero en general no ocurre eso. Tenemos muy pocos casos y se suelen dar en personas con morbilidades o inmunodepresión.

¿Tendremos que vacunarnos cada año, de forma estacional?

Es difícil de prever, pero lo que hemos visto con otros coronavirus que, por ejemplo, dan resfriados, que no son muy graves y para los que no tenemos vacunas, es que algunos tienen una variabilidad diferente. No son como la gripe, que tenemos que tener vacuna cada año porque la cepa cambia, sino que estos virus tienen una variación mucho menor. Se dice que cada dos años hay una alteración y entonces puede haber cambios para que el sistema inmune los reconozca de manera diferente. Se puede imaginar, efectivamente, que en esos casos, y puede que en este coronavirus, haya que poner vacunas cada x tiempo, pero también que sea como con la gripe, en personas inmunodeprimidas, mayores o con morbilidades.

ISGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona).
La doctora Denise Naniche toma la palabra durante un coloquio.

¿Hay plazos para saber cuándo bajará la virulencia de este SARS-CoV-2?

Esperamos que va a ir perdiendo virulencia con el tiempo, pero no podemos prever cuánto tiempo tardará. Mi idea es que este virus quiere aumentar su transmisibilidad, como cualquier virus, pero no su virulencia, porque va en contra de su multiplicación. Así que se espera que sí, saldrán variables más transmisibles, como hemos visto ya, pero no más virulentas. Puede que pierda poder y que algún día ya no necesitemos vacuna para él porque sea otro resfriado más, pero ahora mismo no podemos decir en qué tiempo. Ya nos gustaría. Lo que tenemos es que estar preparados y enfrentar cambios cada dos o tres años, con vacunas adaptadas.

¿Dónde ha estado el mayor riesgo, en esas fases de evolución?

Ese ha pasado, es el riesgo inicial de pandemia, cuando una enfermedad que salta de animal a humano y no está adaptada, como pasa con el sida. Había un virus que vivía muy bien con el mono, que se adaptaba, y nosotros también vivimos con muchos virus. Luego saltó al humano, que no está adaptado a él, y creó mucha enfermedad, pero en el proceso de evolución pierde esta virulencia y vive en la persona sin dar enfermedad. Tenemos muchos virus con los que vivimos siempre y no nos dan enfermedad, pero es el salto el que acentúa la virulencia. Es por eso que todo el cambio climático y el tratamiento con animales lleva siempre la amenaza de ese salto, que luego da enfermedades más graves.

¿Sale más fuerte la ciencia de las vacunas de esta crisis, en la que se ha puesto a prueba su capacidad de innovar, producir y dar respuestas?

En parte. Tenemos que reparar en los recursos que han ido orientados a esta crisis. La cantidad de fondos que han ido a desarrollar vacunas contra el covid en un año ha sido más que lo que se ha puesto en desarrollar la vacuna de la tuberculosis en 10 años. Es una cuestión de recursos y prioridades. No creo que sea ningún secreto que, porque esta pandemia ha afectado a países de alta renta, hemos puesto todos los esfuerzos sobre la mesa. Tenemos muchas enfermedades odiadas que afectan a países pobres en los que no hacemos esta inversión, no hay esa aceleración.

No hay receta mágica: hacen falta científicos y dinero. 

Sí. Esta crisis es una señal que muchos Gobiernos tienen que atender, se tiende a reducir los presupuestos de ciencia, pero la investigación es clave para estar preparado ante cualquier amenaza biológica. De momento, recursos tenemos cada vez menos en el sistema público, y la respuesta, como hemos visto, se ha puesto en la industria privada. Los dos se necesitan, pero esto es un llamamiento para no bajar la guardia en términos de los recursos que ponemos en la investigación nacional en tiempos de paz, por así decir, cuando no hay emergencias que obligan a tomar decisiones rápidas. Esta aceleración ha sido positiva para demostrar qué somos capaces de hacer cuando se ponen recursos, puede servir para que la nueva generación de responsables de Ciencia o Sanidad de los países entiendan esa necesidad y no la olviden nunca más.

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