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04/09/2019 07:03 CEST | Actualizado 04/09/2019 07:03 CEST

Los parlamentos en la diana de nacionalistas y populistas

¿No les suena familiar? ¿Un regusto a lo que pasó hace escasamente dos años en el Parlamento catalán?

Phil Noble / Reuters
Imagen de archivo de Carles Puigdemont en Londres. 

Boris Johnson ordena cerrar el parlamento británico y todos nos escandalizamos. En el siglo XXI y en la Europa de los valores: democracia, libertad, derechos humanos, estado de derecho… es escandalosa una decisión que claramente los ignora. Populista, nacionalista y antidemocrática son algunos de los adjetivos que han planeado sobre la decisión de cerrar la cámara baja en estas horas tan importantes para encauzar el Brexit.

Y sí, comparto estos calificativos que ahondan en un problema mayor: la voluntad política de tapar a la oposición y a los millones de ciudadanos contrarios a las tesis del Gobierno cada vez que interese hacerlo.

En estos días, diversas manifestaciones han tomado la calle en Reino Unido para protestar por semejante ultraje. De hecho, en diversas pancartas se ha podido leer “Stop the Coup” (paren el golpe). ¿No les suena familiar? ¿Un regusto a lo que pasó hace escasamente dos años en el Parlamento catalán? 

Mi grupo parlamentario presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional contra la decisión, de la entonces presidenta de esta cámara, de no convocar los plenos de 20 y 21 de septiembre, 4 y 5 de octubre y 18 y 19 de octubre de 2017, que estaban fijados en el calendario de sesiones. Sí, las fuerzas separatistas utilizaron su mayoría parlamentaria para cerrar la cámara catalana después de que el 6 y 7 de septiembre, con sus votos, se cargaran la Constitución y el Estatuto de Autonomía de Cataluña, hasta finales de octubre que fue cuando se adoptó la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Durante semanas, los diputados no pudimos ejercer nuestra función de control parlamentario al Govern. Nos silenciaron, no querían la discrepancia ni el debate de las ideas, querían aprobar la DUI a costa de bloquear a la oposición y menospreciar a los millones de catalanes no separatistas que asistieron con horror a las horas más bajas de la democracia contemporánea en Cataluña.

¿No les suena familiar? ¿Un regusto a lo que pasó hace escasamente dos años en el Parlamento catalán?

Por aquel entonces apenas hubo efusividad en denunciar la caída de los valores europeos por el cierre de la cámara catalana a diferencia de la que estoy viendo ahora, y con razón, por el cierre del parlamento británico. Con una diferencia, además, que lo hace todavía más doloroso, y es que el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos ya se ha pronunciado secundando al Tribunal Constitucional que constató la vulneración de los derechos de participación política de los diputados no separatistas en septiembre de 2017.

Volver la mirada al Reino Unido y ver el desaguisado que ha provocado el Brexit, del que sólo se ven problemas, y casi nulas soluciones, es muy desalentador. Pero igual de doloroso o más ha sido para España el golpe que dieron los separatistas en otoño de 2017 y del que aún no nos hemos recuperado, pese a las evidentes muestras de hacer borrón y cuenta nueva como si no hubiera pasado nada.

Sí pasó, y hay que recordarlo para que la historia no se repita, al menos en la Europa de los valores democráticos a la que no queremos renunciar.

 

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